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Opinión

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Mendoza

Zoouth Park

¿Qué pasaría si liberan a todos los animales de ese paseo inmundo, de esas cuevas mugrientas?
Foto: Pachy Reynoso/MDZ
Foto: Pachy Reynoso/MDZ

Se murió un jaguar en el zoológico. Hace unos años un hipopótamo se tragó una chancleta y fue. Lo mismo ocurrió con la jirafa que no recuerdo qué carajo comió y quedó tendida en su refugio.

Se mueren los animales. Es la ley de la selva en la ciudad. Como no se pueden comer unos a otros, se comen objetos y se suicidan. ¿Adónde irían a parar todos los bichos si un día se los suelta para demoler ese paseo inmundo, esas cuevas mugrientas y hediondas donde dan vueltas y vueltas la pantera, el puma y los leones?

Seguramente, de suceder lo planteado, un elefante bajaría lentamente por la principal del Parque camino al kilómetro cero. O un caimán buscaría el lago del Parque junto a otros animales necesitados de agua. O un león se dejaría caer en la puerta de una casa para dormitar la siesta. Lo más probable que suceda es que, por sus hábitos, los liberados, ronden el zoológico por las noches, famélicos y desesperados, tristes y adoloridos de pena.

Tal vez los pájaros se sirvan de los árboles del monte y sobrevivan por un tiempo. Pero veremos al oso polar muerto en las escalinatas de la Facultad de Filosofía y Letras, mientras impávidos, los estudiantes de inglés, demorarían unos minutos antes de entrar a cursar, solo unos minutos.

Dos leones en celo cogerían en el laberinto, persiguiéndose, locos de amor, esperando el balazo policial. En las redes sociales subirían fotos de choiques corriendo desesperadamente por las tribunas del Malvinas. Los monos atacarían a los niños de la calesita para subirse ellos en una especie de piquete. Nadie querría salir de sus casas. El pánico reinaría en la ciudad y los intendentes del gran Mendoza formarían un gabinete de emergencia.

Patos y gatos en los troles, un oso hormiguero en el metro tranvía urbano, un flamenco perseguido a piedrazos por el 4to A del Liceo agrícola y se me ocurre que, varios de los micros se atestarían de aves y carayás. Las fuerzas policiales saldrían en busca de los bicharracos y descargarían sus pistolas y escopetas sobre la animalidad de los perseguidos.

Algo parecido sucedería si liberaran a todos los presos de las cárceles y a los internos de los psiquiátricos.