Zoológico: ¿llegó el día D?
Todos los seres vivos nacen, crecen, se reproducen y finalmente mueren. Todos morimos alguna vez, y el yaguareté Orlando no fue la excepción. Es cierto que era un animal de edad avanzada y su muerte podía ser en cualquier momento. Pero, entonces, ¿por qué molestó tanto a los mendocinos su deceso? Molestó porque uno de nuestros animales símbolo, monumento natural nacional, pasó muerto varias horas antes de que un turista comunicara a una radio eso a lo que sus ojos no daban crédito y que fue la exposición por horas de un animal muerto. Muchas excusas y explicaciones se han escuchado, pero la única que resume todo esto es la negligencia.
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Con este comentario no quiero herir susceptibilidades, pero la realidad es que la situación del zoológico provincial ha llegado a un punto de inflexión que tendrá un antes y un después. Sobrepoblación de animales, falta de infraestructura digna para la vida de los animales, falta de personal, falta de presupuesto, pero sobre todo falta de sensibilidad. Sí, lo repito, falta de sensibilidad, y esto no habla bien de quienes tienen en absoluta dependencia a cerca de 2.000 vidas que esperan un funcionario que realmente se la juegue.
Y ese funcionario es el jefe de todos los mendocinos, nuestro máximo mandatario: el señor gobernador.
Es cierto que el zoo no es producto de este gobierno, pero este gobierno puede hacer la diferencia si lo quiere y tomar la problemática de esas 2.000 vidas en sus manos y como una política y preocupación real de Estado.
La situación de los animales no se soluciona cambiándole el nombre por el eufemismo de bioparque o haciendo cosmética, tampoco canjeando animales para seguir trayendo nuevos con la excusa de disminuir su número. La situación del zoológico se soluciona con una plan maestro de cierre gradual y por etapas, y reconversión, pero esto debe quedar plasmado en una ley que impida que un cambio de gobierno o un director con locas ideas cambie el curso de lo que se decida.
La decisión que se tome es y será trascendente y debe incluir a todos y ser una decisión de todos y no sólo de quienes trabajan en el zoo; porque esta institución pertenece a todos los mendocinos, quienes últimamente no están conformes con la manera en que se trata a los animales y así lo han demostrado las más de 20.000 firmas que han entregado diferentes ONG, encuestas online que muestran que un 76% de los encuestados votan por el cierre gradual, cientos de turistas que luego de visitar el paseo se manifiestan con disconformidad, lo cual ha dejado al zoo en el peor lugar de la provincia para ser visitado. No se pueden soslayar todas estas voces, no se puede hacer oído sordo a todos estos reclamos.
Rosario cerró su zoológico ya hace varios años y Bahía Blanca está haciendo lo mismo en estos días, lo cual muestra que se puede y que no estamos tan equivocados y confirma que estamos en contraposición con las tendencias mundiales actuales.
La situación de los animales del zoo es una cuestión moral y por lo tanto ética a resolver a la brevedad con mejoras en las condiciones de vida que llevan los animales, no importa cuánto demore el cierre y hasta contempla replantear la situación del oso polar, el cual ahora en su nuevo recinto ni siquiera puede nadar, lo que le implica un sufrimiento más.
Si queremos podemos demostrar una vez más ante el país y ante el mundo que esta provincia sigue siendo pionera en temas que tienen que ver con nuestra evolución como mejores seres humanos.
Los mendocinos no debemos seguir permitiendo ni soportando la permanencia de animales en condiciones de encierro, que además no tienen las condiciones mínimas de bienestar.
Ojalá todo lo que ha ocurrido y está ocurriendo lleve a algo positivo, los animales no necesitan interminables reuniones estériles en las que nunca se arriba a nada, necesitan reuniones de las cuales salga gestión y una ley que vele por ellos, algo que parece estar ausente.
En lo que a mí respecta sobre los animales del zoológico: primero ellos, segundo ellos y tercero ellos, Lo demás y los demás no cuentan.

