¡Sí!: una década ganada por goleada
Uno de los recuerdos relacionados con la época inmediatamente anterior al kirchnerismo, se remonta –tal vez– al invierno de 2002, quién sabe ya. Yo vivía entonces en una vieja casa alquilada, en la calle Suipacha, Sexta Sección, con mi querido amigo Charly y, día por medio, su hijo Hilario. Recuerdo una tarde ir camino hacia una estación de servicio, con un bidón de cinco litros en la mano, a comprar tres litros de kerosén con los últimos chelines del reino, para no cagarnos tanto de frío y cocinar, de paso, algo en la estufa que teníamos.
![]() |
Sin embargo, a pesar de la honda crisis, ya mismo quiero decir que la pasábamos de maravillas en la casona de Suipacha: teníamos con Charly una amistad de fierro (aún la tenemos), cajas y cajas de vhs con copias de cine europeo, un gato que resultó gata y llamamos Diamante, un limonero en el patio que daba los más fucking ricos limones que haya conocido este planeta y novias a montones que conseguíamos por bailar flamenco (él bailaba mejor, sí, pero caranchábamos señoritas los dos, de lo lindo, viera usted).
En verdad, no teníamos un mango, pero la pasábamos de maravillas por múltiples razones; del mismo modo que ahora también lo hacemos, pero económicamente estamos muchísimo mejor, como todos en general. De hecho, aseguro, con total contundencia, que todas las personas que conozco están económicamente mejor que hace diez años (y créanme que conozco a mucha, mucha gente).
![]() |
Y el país, estructuralmente, en vastas aristas, está mejor. Sé que hay quienes piensan que no es así y lo gritan a los cuatro vientos (por suerte, vivimos en un ámbito de extraordinaria libertad de expresión), y es maravilloso que así lo hagan si buscan construir desde otro lugar, pero en verdad no he escuchado absolutamente a nadie que me demuestre lo contrario a lo que sostengo: estamos mejor, tras esta década ganada. Podemos echar mano de ejemplos aislados de gente que está peor, pero aquí no estamos analizando casos aislados. Ejerzo el periodismo desde finales de los años ’80 y lo he ejercido en la calle. Y no sería honesto con lo que veo a diario, si dijese que ahora la gente está peor o que estos últimos dos gobiernos han sido dañinos. Unos están mejor porque ahora tienen trabajo; otros porque se compran autos, otros porque crecieron sus negocios o industrias; aquellos porque ahora sus hijos van todos a la escuela y acceden a la salud y todos comen a diario, estos, porque se dan lujitos que no se daban o porque pagan las cuotas de una casa propia o porque –gracias a este gobierno– hacen fortunas con sus empresas y muchos otros están mejor en varios planos a la vez y lo saben, y no se animan a decirlo, simplemente porque del otro lado hay un gobierno peronista y jamás se bancarán que un peronista haga lo que ellos no pudieron o no quisieron o lo que es peor: no se animaron.
![]() |
(Nota urgente: para los foristas que elijan atacarme, ese de la foto de la izquierda soy yo. No soy peronista, no soy kirchnerista, no tengo ni tuve militancia política, no conozco a ningún joven de la Cámpora, pero que me parece genial que exista, no sé ni dónde quedan las sedes del PJ o la UCR u otra, no he visto a nadie sacar bolsas de dinero, confío en la Justicia, no soy marxista ni anarquista; voto a cualquiera –en la última, por ejemplo, en Godoy Cruz, voté a Alfredo Cornejo–, como antes lo he hecho con otros semejantes y mañana puedo votar a cualquiera de centro-izquierda que me seduzca; sólo vivo de mis trabajos, escribiendo notas en un diario que me permite decir lo que pienso y firmarlo con mi nombre y apellido y laburando con presos en cárceles; tengo caceroleros activos y admiradores febriles de Cristina en mi propia familia y alrededores y a todos los amo y me siento amado y también confieso que no me banco a los probadamente corruptos o simplemente a los chantas o pajeros, ni a los del Partido Demócrata ni a otros tipos de derecha como Cassia o Petri, pero que los respeto, porque han sido elegidos por el voto popular, y también aseguro que estoy convencido de que hay que fomentar y participar en política, porque es una contundente y verdadera transformadora social. Y también confieso que me considero un tipo con buena leche. Dicho esto, damas y caballeros, péguenme, pero del cinturón para arriba, porque me la banco).
![]() |
Volvamos a la columna. Eran tiempos durísimos los tiempos “pre-K”. Por mil razones que no viene al caso ahora detallar, en mi familia no teníamos ni un mango partido al medio, pero no éramos los únicos: el 53% de la gente estaba bajo la línea de pobreza (ese fue el momento de salir con una cacerola, símbolo para indicar que queríamos verla llena de comida, que escaseaba). En el laburo, me pagaban con tickets de supermercado, que –como todos– daba a mi familia para que compraran morfi y con unos bonos insólitos que, por suerte, en varios bares, me los canjeaban por tragos.
No obstante, tenía y tengo como bien claro que, entonces, había un puñadito de gente que nunca la pasó ni la pasa mal ahora. Siempre han vivido de maravillas y ahora se quejan, porque –en algunos casos, por lo menos– ven amenazado su mundo, pues se les acercan socialmente los distintos, a los que siempre han visto allá abajo y más lejos de lo que ahora los ven (en algún momento, apuesto a que descubrirán que los monstruos y los fantasmas asustan, mientras uno no los conoce; conocido el monstruo o el fantasma, es amigable y muy, muy parecido a nosotros mismos, tanto que hasta podemos amarlo, sentirnos identificados con él, pues, al fin y al cabo, son iguales que nosotros).
![]() |
Diez años después, no sólo en Argentina, sino en toda Latinoamérica, se cuentan de a puñados y puñados los millones de personas que ya no son pobres (de hecho, ayer mismo, ¡hasta el gobierno de Estados Unidos lo ha reconocido!, mientras que a muchos locales, les cuesta aceptar la verdad, ese ademán de la realidad).
Podríamos hablar de muchas cosas valiosas que han dejado estos diez años de kirchnerismo en la Argentina y en toda la región. También de muchas cosas que deben mejorar, sobre todo en el plano económico (la inflación, la gente sin trabajo, los que siguen pobres) y también de muchas cosas que se deben investigar, como los casos de probable corrupción (hay políticos corruptos, seguro; y también hay periodistas corruptos y empresarios, sindicalistas, profesionales, comerciantes, jueces y lectores de diarios que lo son). Sin embargo, detenerlos en los temas que ocupan a diario a los diarios, haría que se pierda el sentido de lo cotidiano e íntimo que motivó estas palabras.
Hace diez años, éramos presas del desánimo, la calentura sin norte, el que se vayan todos, los platos vacíos, el fracaso de la política, la desesperanza absoluta y el Volkswagen Escarabajo marchitándose en un taller (por cierto, ahora yo también manejo un auto nuevo y no me siento ni culpable por ello, ni distinto de nadie). Vinieron estos diez años de crecimiento, esta década ganada por goleada y ojalá vengan muchas más, conduzca quien conduzca el país, siempre que lo haga a través del voto (si no, se las verá con nosotros, en las calles).
![]() |
No obstante, el elegido democráticamente que venga ya no podrá recular respecto de la notable acumulación de derechos que supimos conseguir. Lo que ganamos, lo ganamos para siempre.
Si hubiera que sintetizar, diría, siencillamente, que hace diez años, éramos pobres y ahora somos de clase media.
Tal vez, el mayor logro de esta hermosa década de nuestra historia: sea que, ahora, cada uno desde su lugar, se siente protagonista. Somos más felices que hace diez años, no me cabe ninguna duda al respecto, por más que a varios les duela que el pueblo sonría y saque pecho, orgulloso de reconocerse a sí mismo. Al fin y al cabo, “la cultura es la sonrisa”. ¿No?
Ulises Naranjo.







