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Argentina

La Selección y vos

Este mundo redondo de algunos gajos gastados incomprensiblemente, no entiende mucho de humanidades, pero entiende de un deporte que devino en idioma universal.
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En ningún lugar lo dice, no no, en ninguna página de ningún libro dice lo que intento descubrir como evidente. Y me fuerzo, recorro con urgencia diccionarios de tantas formas cuantas hay, pero nada. Sin embargo en mi casa no hay aromas a frustración esta noche fría del invierno. Entonces siendo las 2:00 Am de este ya viernes 11 de julio de 2014, lleno mi copa de una malta con dos hielos (agrego de sifón un chorrito de soda) y me dispongo frente a mi Mac a intentar profanar la historia describiendo algo que se me da zurdo esta noche.

Una palabra entre medio de millones, una palabra que denota una mano superior, alguien que disfrazado de un dios pagano diseña un destino diferente. Señores, señoras, he buscado obsesivamente la palabra selección y el más lúcido de los compendios me tira un significado frío, algo así como: acción y efecto de elegir a una o varias personas o cosas entre otras, separándolas de ellas y prefiriéndolas. Y sigo profundizando, ahora me zambullo en enciclopedias y leo sobre selecciones naturales, sobre Darwin, sobre el intento vano y poético de unir aquello que la vida rompe con violencia.

En ningún lugar cuando escribo la palabra selección, aparece la historia de un tipo al que creían acabado y termina siendo el que bloquea la ovación injusta al actor principal de la comedia de un país que sonríe demasiado. En ninguna página hace alusión a un morochito alto que abre los ojos cuando habla y gesticula fuerte con los labios diciendo que con las maderas de un banco de suplentes construyó un barco de esperanzas para un mar de lágrimas que mide 9 eternos pasos. No existe libro de lógica que intente describir a un tipo que quieren disfrazarlo de prócer pero no le quedan bien los brillos. Ese tipo más bien prefiere ser el soldado heroico que cubriéndose de gloria su vida rinde al capitán enano haciéndose inmortal.

No señores, nadie en el mundo me explica que un simple tipo de barrio despierta al sol con travesuras de niño y que colándose en un lugar que no le pertenecía, se inmoló corriendo por un sueño de millones. Nadie en esta maldita galaxia del cuero corriendo por el verde puede entender que a un petiso que hace 28 años recorrió medio mundo con la pelota embobada a sus pies para terminar sentadito en su derecha y acariciándola hasta el fondo de un arco de asesinos, lo iba a esperar otro petiso tan sobrio, tan humano, tan de acá pero a la vez tan de otro mundo para ungir el corazón de tantos postergados. Y la gente sufre por otras cosas, que nada tienen que ver con la pelota, pero es una pelota la que suplantó a la balanza de nosotros en las manos ciegas de la señora justicia.

En ningún lugar dice que un señor medio peladito, con cara de sufrido y discurso tan simple como trascendente, que admite sin egos sus errores, que no tiene una historia tan hermosa como la que quiere escribir un domingo 13 de julio, iba a ser quien me ayudara a definir lo que hoy me ha convocado. Esta, nuestra selección es un grupo de hombres con coraje que por haber sufrido tanto hoy valoran su presente. Tipos de lugares diferentes unidos por un hilo dorado y a la vez invisible, un hilo que empieza en el azul del cielo y termina en el azul celeste del ADN de cada argentino que anuda su voz y sus palabras en la garganta. Los que enseñan el destino al gritar 9 letras que juntas estremecen al mundo entero: Argentina. Y la repiten Argentina y jamás la callan, Argentina.

Porque en estos días el mundo es de cuero y está inflado por el aire de 40 millones de pulmones que gritan sin parar. Este mundo redondo de algunos gajos gastados incomprensiblemente, no entiende mucho de humanidades, pero entiende de un deporte que devino en idioma universal. En esta historia existen cientos de millones de protagonistas pero entre ellos hay 23 amigos que unidos por el dolor, el hambre y la gloria hablan perfectamente ese idioma. Y lo transmiten con sacrificio, con alegría, con humildad, con solidaridad, con trabajo, con pasados sin rencores, con presentes sin estridencias, con futuros llenos de vida. Esos 23 amigos, con un grupo de señores bien señores, son argentinos, si si, son de acá.

Te propongo algo, a partir del lunes, entendé que ya ganamos, que no importa el resultado, que vos podés ser el Mascherano esforzándote en tu laburo, podés ser el Demichelis que de seguridad en tu casa, podés ser un Messi con tus padres, podés aportar la alegría de un Lavezzi a tus amigos, podés revolcarte en el suelo de los héroes con tus hijos como Romero lo hizo para que vos festejaras. Vos, si vos tenés que entender que aquellos que te emocionan hasta las lágrimas están intentando hablarte al oído para mostrarte caminos de vida. Siempre se puede volver con dignidad, siempre estás a tiempo de llegar a un cruce para que no lastimen a tu gente, siempre podés atraer las presiones para que brille alguien a tu lado, siempre te va a llegar una pelota, aunque pierdas cientos, siempre el partido te va a regalar una más. Entonces hermano, hermana, intentá definir, levantá la cabeza y corré a abrazarte con todos y tatuate en el alma los valores de esta selección de nuestra Argentina grande, con sacrificio, con alegría, con humildad, con solidaridad, con trabajo, con pasados sin rencores, con presentes sin estridencias, con futuros llenos de vida.

En ningún lado lo dice, a la palabra selección la rebautizaron en Brasil un puñado de muchachos para mostrarnos el camino que ahora si está escrito: Vamos argentinos, vamos Argentina…

PD: para el asado del domingo te propongo un juego, elegí los valores del jugador de la selección que más te gusta y repetilo en un vino..

La seguridad de Romero, un cabernet de una marca tradicional.
La entrega de Zabaleta, un torrontés aromático.
La vuelta de Demichelis, un vino con varios años.
El timing de Garay, un blanco del año.
La irreverencia de Rojo, un espumante de tintas.
La frescura de Enzo, un buen bonarda.
El gran Masche, un malbec concentrado y de 14,5 de alcohol.
La solidez de Biglia, un merlot de zona alta.
La alegría del Pocho, un espumante rosé bien frío.
El oportunismo de Pipita, un syrah de Tupungato.
La magia de Messi, un malbec ícono.

Al gran pueblo argentino, Salú