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Notas

Rosado para todos y todas

Escribe el Jose de la gente y esta vez te recomienda los rosados que tenes que probar cada noche primaveral.

Cuántas cosas suceden en primavera! Desde las alergias molestas, hasta el sueño recurrente de encontrar a una persona que sin más se instale en el corazón mismo de la manzana de tu vida.

Pase lo que pase y leamos lo que leamos al respecto hay una verdad inexpugnable: los árboles se ponen verdes, las flores asoman con más fuerza, se despachan como agua los antipolillas en el mercado del barrio y las noches empiezan a ser pequeñas historias de calles y miradas.

Es que luego de la agonía del otoño, de la muerte anunciada del invierno, la primavera llega para recordarnos que no todo es definitivo, que se puede renacer, que los colores son posibles, que los aromas invitan a soñar. Y aparecen los espárragos, los alcauciles, empiezan a llegar las frutas dulces y en las copas aparece cada vez con más devotos, su majestad el vino rosado… y con él su reinado informal de veredas y nochecitas con olor a verde.

Ese color vivo, brillante, lujurioso, con la copa empañada y la boca que explota de frescura y ganas de seguir. Es por eso que el rosado se lleva muy bien con un libro o una charla, con una comedia pasatista o una estremecedora del Dogma, con una croissant con jamón y queso y una mollejita dorada, con un poco de queso o una cena opulenta de estímulos variados. El vino rosado se lleva bien con la vida y con todos sus momentos porque es desenfadado.

El rosado es como esa mujer que con el pelo recogido y ropa cómoda seduce fuerte en su sonrisa, pero que tiene muchas otras caras por descubrir. Si, si, el rosado también es el pelo que se suelta de las ataduras del día, el rojo carmesí que se apodera de los labios y esa ropa que se cae al suelo para dar paso a un sutil toquecito que insinúa más de lo que muestra. El rosado juega siempre en el terreno del mágico erotismo y se filtra en todos los horarios, en todas las mesas, en todas las posibles camas.

Y tal como sucede en las historias de la vida, los hay secos y frutados, ácidos y dulces, espumosos y tranquilos, explosivos y pacíficos, densos y ligeros, lúdicos y serios, pensados y espontáneos, pileteros y de gala, jugosos y profundos. Los hay más apagados y brillantes, asalmonados y rubíes, dormidos y vivaces.

En esta primavera, y en todas las que vengan, ojalá tu soledad o tu gente te encuentren con una copa de un rosado bien fresquito mirando el cielo y tramando tu próxima aventura, que la vida sin aventuras es como un vino sin esperanzas.

Salú y a celebrar la vida!!

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