Viajeros del tiempo, conspiraciones y ooparts: por qué el cerebro nos hace creer en lo imposible
Cinco mecanismos mentales explican por qué vemos viajeros del tiempo, conspiraciones y misterios en objetos que tienen respuestas mucho más simples.
Conspiraciones y sesgos convierten objetos comunes en falsos misterios.
Imagen generada con IAEn la primera parte de este artículo partimos de una foto del Mundial de Chile de 1962 donde un hombre parece hablar por teléfono móvil. Mostramos que sostiene una radio de transistores, el aparato que miles de aficionados llevaban al estadio. Definimos el oopart, el artefacto que parece imposible para su época, y recorrimos los casos famosos como la batería de Bagdad que era un estuche para pergaminos, el martillo de Texas envuelto en roca reciente, los cráneos de cristal fabricados en Europa, las piedras de Ica que el propio vendedor confesó grabar y las esferas de Klerksdorp que la geología explica sin misterio. Vimos la única excepción genuina, el mecanismo de Anticitera, la computadora astronómica griega que demostró cómo los antiguos eran más capaces de lo que creíamos. Y así encontramos el prejuicio escondido detrás de todo el género: yo no sabría hacerlo, por lo tanto ellos tampoco supieron.
Quedó pendiente la pregunta central. Si los objetos tienen explicación, por qué vemos misterios donde no los hay. La respuesta no está en la arqueología sino en la mente humana. Nuestro cerebro comete errores sistemáticos, es decir fallos que se repiten siempre de la misma forma. Los científicos les pusieron nombre. Vamos a explicar cada uno con ejemplos de la vida diaria.
Los cinco mecanismos de la mente que fabrican estos errores
La pareidolia es ver caras donde no las hay. Todos vivimos esto cuando miramos una nube y vemos un perro. Asimismo, en un enchufe de pared vemos una cara sorprendida. También encontramos en el frente de un coche un par de ojos y una boca. Eso se llama pareidolia, y ocurre porque nuestro cerebro está especialmente entrenado para detectar rostros, tanto que los encuentra incluso donde no existen. La evolución explica el motivo porque para nuestros antepasados, confundir una sombra con un depredador costaba solo un susto. Sin embargo, no ver al agresor real costaba la vida. Por eso el cerebro prefiere equivocarse viendo cosas de más antes que de menos. El caso más famoso ocurrió en 1976, cuando una nave espacial fotografió en Marte una montaña que bajo cierta luz parecía un rostro humano gigante. Durante años se habló de la cara de Marte como prueba de una civilización marciana. Cuando se analizó el mismo lugar con otra luz y mejores cámaras, ese rostro desapareció. Era una montaña común con sombras afortunadas.
Segundo está la apofenia, es decir, encontrar patrones en el azar. La pareidolia es un caso particular de algo más amplio llamado apofenia, palabra que un psiquiatra alemán llamado Klaus Conrad propuso en 1958. La apofenia es la tendencia a encontrar conexiones con sentido en datos que son puro azar. El jugador de casino que dice que el rojo está caliente porque salió cinco veces seguidas sufre apofenia porque la ruleta no tiene memoria y cada giro es independiente del anterior. El que ve la fecha de su cumpleaños repetida en las patentes de los coches sufre apofenia porque las cifras aparecen por todas partes y solo notamos las que buscamos. El oopart es una forma de apofenia aplicada a objetos antiguos. Se toma un objeto aislado, se lo arranca de su contexto y se le proyecta encima la conexión que uno desea encontrar.
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Luego viene el presentismo, mirar el pasado con los ojos del presente. Este es el mecanismo exacto de la foto de 1962 en primera parte de esta nota. Presentismo significa juzgar otras épocas con las categorías de la nuestra. El hombre de la tribuna sostiene un teléfono solamente para quien vive rodeado de estos aparatos. Un espectador de 1985 quizá vio en la misma foto un walkman, que era el dispositivo de moda entonces. Un espectador de 1962 vio lo que realmente había, una radio. Cada época encuentra en el pasado los objetos de su propio presente. El tiempo pretérito funciona como un espejo donde creemos mirar hacia atrás y en realidad nos miramos a nosotros mismos.
En cuarto lugar está el efecto Nostradamus, es decir, acertar siempre, pero solo después. Nostradamus fue un médico francés del siglo XVI que escribió cientos de versos oscuros y ambiguos. Sus seguidores aseguran que predijo guerras, incendios y atentados. El truco es que ninguna de esas predicciones se identificó antes del acontecimiento. Siempre se descubren después, cuando ya se sabe qué pasó y se puede elegir el verso que mejor encaja. Un texto suficientemente vago encaja con cualquier cosa. El oopart usa el mismo truco en dirección contraria porque en lugar de leer el futuro en un texto viejo, lee la tecnología de hoy en un objeto viejo. Los 2 trucos comparten el mismo defecto, solo funcionan hacia atrás. Nunca nadie usó a Nostradamus para anunciar un hecho concreto antes de que ocurriera, y nunca nadie usó un oopart para predecir un descubrimiento.
Por último está el sesgo de confirmación que consiste en coleccionar solo lo que me da la razón. Y este mecanismo sostiene a todos los anteriores. Sesgo de confirmación significa que, una vez que creemos algo, buscamos las pruebas que lo confirman e ignoramos las que lo contradicen. Quien cree en viajeros del tiempo colecciona las diez fotos ambiguas de la historia y no piensa jamás en los miles de millones de fotos donde nadie sostiene nada extraño. Quien cree que la luna llena altera a la gente recuerda la noche agitada con luna llena y olvida las 20 noches agitadas sin ella. La evidencia se selecciona después de la conclusión, que es exactamente el orden contrario al de la ciencia.
La herramienta para pensar mejor
Existe un principio muy antiguo que resuelve todos estos casos. Se llama la navaja de Ockham, de un fraile inglés del siglo XIV llamado Guillermo de Ockham. Dice algo que entre varias explicaciones posibles de un mismo hecho, conviene elegir la que requiere menos suposiciones extraordinarias.
Apliquémosla a la foto de 1962. La primera justificación es que un hombre cruzó décadas con una máquina del tiempo, violando las leyes conocidas de la física, para hablar por teléfono celular en una tribuna chilena. La segunda explicación es que un aficionado llevó su radio al estadio, como hacían miles de ellos. La segunda explicación no exige reescribir la física, por lo tanto es la ganadora.
También se puede explicar el caso de las pirámides. El primer camino es que seres de otro planeta viajaron años luz para enseñar arquitectura y se fueron sin dejar un solo tornillo. La alternativa es que una civilización con matemáticas, rampas y decenas de miles de trabajadores construyó durante 20 años. La segunda no exige inventar visitantes y triunfa.
El oopart solo sobrevive cuando el observador prefiere la explicación cara por sobre la barata. Y la prefiere por un motivo humano y comprensible, ya que la justificación cara lo convierte a él en testigo de algo extraordinario. Al tiempo que la radio de transistores no le da nada, el viajero del tiempo lo vuelve interesante.
Podría parecer que todo esto es un pasatiempo inofensivo sobre fotos viejas y piedras falsas, sin embargo, no lo es. Los mismos cinco mecanismos operan hoy sobre asuntos serios. La mente que vio un teléfono en una radio es la misma que ve señales seguras de compra en los movimientos al azar de la bolsa, y pierde dinero. Es la misma que conecta tres noticias sueltas, fabrica una conspiración, y vota en consecuencia. También, encuentra sentido profundo en las respuestas de un sistema de inteligencia artificial que solo produce texto estadísticamente probable, y le confía decisiones que no debería.
El oopart es inofensivo porque su objeto está muerto y enterrado, pero sus hermanos operan sobre el presente y cobran su precio en dinero, en salud y en votos. Desarmar el caso fácil, el de la foto de 1962, es un entrenamiento barato para resistir los casos caros.
El objeto fuera de lugar no existe. Lo que hay es el observador fuera de su tiempo, que visita el pasado con los bolsillos llenos de presente y confunde su propio reflejo con una revelación.
Las cosas como son.
Mookie Tenembaum aborda temas internacionales como este todas las semanas junto a Horacio Cabak en su podcast El Observador Internacional, disponible en Spotify, Apple, YouTube y todas las plataformas.

