Viajeros del tiempo y tecnología antigua: la verdad detrás de los objetos imposibles
Una foto del Mundial de 1962 abre el misterio sobre los objetos que parecen adelantados a su época, pero esconden otra verdad.
La imagen muestra un "viajero" en pleno Mundial de Chile 1962.
Empecemos por una foto de 1962 cuando se jugó el Mundial de fútbol en Chile. Un fotógrafo retrató a la multitud en las tribunas y allí había un hombre sosteniendo un objeto oscuro junto a la oreja. Décadas después la imagen apareció en las redes sociales con una afirmando que ese hombre es un viajero del tiempo y habla por teléfono móvil, un aparato que en ese tiempo no existía.
La explicación verdadera es más simple porque este individuo sostiene una radio de transistores. Era un aparato muy popular en esa época, un aparato pequeño que funcionaba con pilas y la gente la llevaba a todas partes. Los aficionados la usaban en el estadio para escuchar la transmisión del mismo partido que veían, porque el relator explicaba jugadas que desde la tribuna no se distinguían bien. Como el aparato se acercaba a la oreja para oírla mejor, el gesto es idéntico al de alguien que habla por teléfono. Nadie en 1962 vio nada raro en esa foto y elmisterio nació 50 años después, cuando la miramos personas con un teléfono en el bolsillo.
Esa es la clave de todo este artículo. La foto no cambió sino que nosotros evolucionamos. Y esa maduración nuestra se disfraza el misterio.
Qué es un oopart
La palabra oopart viene del inglés, es la abreviatura de una frase que significa artefacto fuera de lugar. La inventó un investigador llamado Ivan Sanderson en el siglo XX, y designa cualquier objeto que parece imposible para la época o el lugar donde apareció. Un teléfono en 1962 sería un oopart perfecto, así como una computadora en la antigua Grecia también.
Los ooparts fascinan porque sugieren dos explicaciones espectaculares. Por un lado, alguien viajó en el tiempo, por el otro una civilización antigua tuvo tecnología que luego se perdió. El problema es que cuando los científicos examinan estos objetos con calma, casi todos se desinflan. Veamos los casos más famosos, uno por uno.
La batería de Bagdad: en Irak se encontraron unas vasijas de cerámica de hace unos 2.000 años con un cilindro de cobre y una varilla de hierro dentro. Alguien notó que esa combinación de metales, con un líquido ácido, puede generar una corriente eléctrica débil, de ahí nació la idea de que los antiguos conocían la electricidad. Pero los arqueólogos encontraron vasijas casi idénticas que se usaban para guardar rollos de pergamino, es decir documentos escritos. La varilla y el cilindro servían para proteger el rollo. Nadie encontró jamás cables, ni lámparas, ni nada que esa supuesta batería pudiera alimentar. Es decir, era un estuche, no una pila.
El martillo de Texas, en Estados Unidos, apareció incrustado dentro de una roca. Como las rocas tardan millones de años en formarse, algunos concluyeron que la herramienta tenía millones de años, mucho antes de que existieran los seres humanos. El error está en creer que toda roca es antigua, porque hay una forma de crearlas con un proceso llamado concreción, donde el agua con minerales disueltos pasa alrededor de un objeto y deposita capas de cal que se endurecen. Ese desarrollo puede envolver un objeto en pocas décadas. El martillo es una herramienta común del siglo XIX que quedó abandonada y la naturaleza la envolvió en piedra en menos de 100 años.
Los cráneos de cristal son calaveras talladas en cuarzo transparente que se presentaron como tesoros de los mayas y los aztecas. Si bien durante décadas se exhibieron en museos importantes, cuando se examinaron con microscopio, las superficies mostraron marcas de herramientas rotatorias, es decir instrumentos que giran a gran velocidad, como los que usa un joyero moderno. Los mayas no tuvieron esas herramientas, por lo tanto los cráneos se fabricaron en Europa en el siglo XIX para venderse a coleccionistas. Estas son falsificaciones.
En Perú, un campesino vendía piedras grabadas con dibujos increíbles, mostrando hombres cazando dinosaurios, cirugías de corazón, telescopios. Si las piedras de Ica fueran auténticas, reescribirían toda la historia humana, porque los dinosaurios se extinguieron 65 millones de años antes de que existiera el primer hombre. La solución llegó por la vía más directa cuando el propio campesino confesó ante las autoridades que él mismo grababa las piedras con herramientas modernas y las envejecía con betún. Sólo las hacía porque los turistas las pagaban bien.
En unas minas de Sudáfrica aparecieron unas esferas metálicas con ranuras que parecen hechas a torno, dentro de rocas de 3.000 millones de años. Las esferas de Klerksdorp parecen piezas de maquinaria y los geólogos las estudiaron. Concluyeron que son concreciones minerales naturales ya que ciertos minerales, al cristalizar bajo presión durante millones de años, forman esferas con surcos de manera espontánea. La naturaleza produce formas geométricas sin necesidad de fábricas. Por su parte, los cristales de cuarzo, con sus caras perfectas, son el ejemplo que todos conocemos.
La excepción que enseña
Hay un solo caso que resultó genuino y por eso es el más importante de todos, se llama el mecanismo de Anticitera. En 1901 unos buscadores de esponjas encontraron un barco griego hundido cerca de la isla de Anticitera. Entre los restos había un bloque de bronce corroído con engranajes, es decir ruedas dentadas como las de un reloj. Los estudios demostraron que era una máquina construida en el siglo II antes de Cristo y calculaba las posiciones del sol, de la luna y de los planetas. Era, en un sentido real, una computadora mecánica.
El desconcierto fue enorme, porque no aparece nada parecido en la historia hasta los relojes europeos de la Edad Media, más de 1.000 años después. Es decir, un objeto así parecía imposible. Pero fijémonos en lo que hizo la ciencia. No dijo que era obra de extraterrestres ni de viajeros del tiempo, sino que lo estudió con radiografías y tomografías, que son técnicas para ver el interior de un objeto sin romperlo. Reconstruyó cada engranaje y encontró que textos romanos antiguos, como los de Cicerón, ya mencionaban máquinas de ese tipo. La conclusión fue que los griegos sabían construir mecanismos complejos y que ese conocimiento se perdió después.
La lección es doble. La primera es que los antiguos eran más capaces de lo que solemos creer. Y la segunda es que cuando aparece una anomalía real, la ciencia no la niega ni la disfraza de misterio, la investiga hasta entenderla.
Detrás de casi todos los ooparts hay un prejuicio que casi nadie declara en voz alta. Cuando alguien dice que los egipcios no pudieron construir las pirámides sin ayuda de extraterrestres, el razonamiento oculto es, yo no sabría hacerlo, por lo tanto ellos tampoco supieron. Es una forma de desprecio hacia los pueblos antiguos porque los egipcios tenían matemáticas, censos de población, rampas, miles de trabajadores organizados y 20 años por delante para cada pirámide. No necesitaban visitantes del espacio porque tenían organización y tiempo.
Un escritor suizo llamado Erich von Däniken convirtió ese prejuicio en un negocio enorme. En 1968 publicó un libro que sostenía que casi todos los monumentos antiguos fueron obra de astronautas extraterrestres y vendió millones de ejemplares. Los expertos desmontaron cada uno de sus argumentos, pero el género que fundó sigue vivo en documentales de televisión y en videos de internet, porque el misterio vende más que la explicación.
Lo que viene en la parte 2
Hasta aquí examinamos los objetos. En la segunda parte examinaremos al observador, que es donde reside el verdadero enigma. Los ooparts no son un fenómeno de la arqueología sino de la mente humana. Explicaremos los cinco mecanismos mentales que fabrican estos errores, con ejemplos de la vida diaria tales como la pareidolia, que nos hace ver caras en las nubes, la apofenia, que nos hace ver rachas en la ruleta, el presentismo, que nos hace ver teléfonos en 1962; el efecto Nostradamus, que acierta todo pero solo después, y el sesgo de confirmación, que colecciona solo las pruebas que nos dan la razón. Presentaremos además la herramienta de 700 años que desarma todos los casos y mostraremos por qué estos mismos mecanismos operan hoy sobre la bolsa, las noticias y la inteligencia artificial, donde el error ya no es gratis.
Las cosas como son.
Mookie Tenembaum aborda temas internacionales como este todas las semanas junto a Horacio Cabak en su podcast El Observador Internacional, disponible en Spotify, Apple, YouTube y todas las plataformas

