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Una prueba escondida durante 500 años apareció en una momia de Chile: la dura verdad

Una momia conservada en el norte de Chile aportó la primera prueba genética de la viruela en América, arrojando luz sobre un capítulo trágico de la conquista europea y sus devastadoras consecuencias.

El ADN recuperado de una momia chilena permitió reconstruir un episodio ocurrido hace unos 500 años.

El ADN recuperado de una momia chilena permitió reconstruir un episodio ocurrido hace unos 500 años.

Museo de Historia Natural de Valparaiso

Una momia que permaneció durante siglos en el norte de Chile escondía algo mucho más inquietante que los secretos de una antigua comunidad. Los científicos encontraron en sus huesos rastros de ADN de la viruela, logrando la primera evidencia molecular directa de que esta devastadora enfermedad llegó a América durante la colonización europea.

El descubrimiento surgió a partir del análisis de 13 muestras óseas recuperadas en Camarones 9, un sitio arqueológico cercano a la costa del Pacífico. Entre los restos estudiados aparecieron los de una mujer de entre 30 y 35 años y un joven de entre 18 y 20, cuyos cuerpos se habían conservado de manera natural gracias a las condiciones del lugar.

Ambos habían sido enterrados en fardos, envueltos con mantas confeccionadas con lana de camélidos y acompañados por diferentes objetos funerarios. Aunque esta imagen puede recordar a las famosas momias egipcias, los especialistas aclararon que los cuerpos no fueron sometidos a tratamientos químicos ni modificados de manera artificial.

La momia fue hallada en el norte de Chile y conservaba una evidencia que los científicos no esperaban encontrar.

La momia fue hallada en el norte de Chile y conservaba una evidencia que los científicos no esperaban encontrar.

La momia chilena reveló secretos inesperados

Lo más curioso es que los investigadores no estaban buscando la viruela. Su intención original era recuperar ADN humano para conocer mejor el origen y las relaciones familiares de aquellas personas. También intentaban identificar rastros de tuberculosis, pero el análisis terminó mostrando fragmentos genéticos del virus Variola, causante de una de las enfermedades más letales de la historia.

El ADN humano se encontraba bastante deteriorado, pero el material genético del virus había sobrevivido en mejores condiciones. Las muestras obtenidas de los dos individuos eran casi idénticas, por lo que probablemente contrajeron la enfermedad durante un mismo brote o fueron alcanzados por la misma variante que circulaba en la región.

Los estudios ubicaron sus muertes entre 1492 y 1631, durante los primeros años de la presencia española en América. Al comparar el material recuperado con otros genomas antiguos, los científicos determinaron que el virus pertenecía a un linaje hoy desaparecido, situado entre las variantes conocidas de la Europa medieval y las que circularon durante los siglos posteriores.

Este dato es clave porque, aunque los documentos históricos ya señalaban que los europeos habían llevado la viruela al continente, hasta ahora faltaba una prueba genética directa. La momia chilena permitió confirmar que la variante que alcanzó a las comunidades indígenas estaba relacionada con los virus que previamente circulaban en el Viejo Mundo.

¿Viajó la viruela más lejos de lo registrado?

El descubrimiento también abrió una nueva incógnita. No existen registros escritos de una epidemia de viruela en esa comunidad del norte chileno, lo que indica que el virus pudo avanzar por territorios mucho más amplios de lo que quedó documentado. Una posibilidad es que se desplazara mediante antiguas redes comerciales indígenas que conectaban regiones muy alejadas.

La enfermedad provocaba fiebre elevada y lesiones profundas que se extendían por todo el cuerpo. Algunas personas enterradas en Camarones 9 presentaban marcas en la piel que hasta ahora habían sido atribuidas a la exposición prolongada al arsénico, presente naturalmente en el agua de ciertas zonas del desierto de Atacama. El nuevo análisis obliga a considerar que algunas de esas lesiones también podrían estar relacionadas con la viruela.

Las poblaciones americanas nunca habían estado expuestas al virus y no contaban con defensas naturales para enfrentarlo. Su propagación, sumada a otras enfermedades, la guerra, el hambre, la explotación y los desplazamientos forzados, tuvo consecuencias catastróficas para millones de indígenas durante el período colonial.

La viruela siguió provocando epidemias en distintas partes del mundo durante siglos. El último caso natural fue registrado en Somalia en 1977 y, tres años más tarde, la Organización Mundial de la Salud declaró oficialmente erradicada la enfermedad gracias a una campaña global de vacunación.

Cinco siglos después, el ADN oculto en una momia permitió reconstruir parte de aquel recorrido. El hallazgo no solo confirma cómo llegó el virus a América, sino que muestra que algunas de las huellas más profundas de la conquista todavía permanecen escritas en los restos de quienes la sufrieron.