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Los curiosos métodos que usaba la gente para despertarse antes de que existieran las alarmas

A lo largo de la historia la gente ha ideado muchas formas ingeniosas de asegurarse el despertar a tiempo.



Durante la revolución industrial británica, las nuevas fábricas se enfrentaron a la necesidad de un control horario estricto, incluyendo horarios de entrada mucho más específicos para los trabajadores.

Un trabajador que llegaba incluso cinco minutos tarde podía paralizar toda una línea de montaje, lo que perjudicaba las ganancias de sus empleadores. Los trabajadores necesitaban un medio para despertarse a tiempo, especialmente en los meses más oscuros del invierno, y aunque ya existían los primeros despertadores, eran demasiado caros para el trabajador promedio.

Las fábricas intentaron usar silbatos y campanas para despertar y llamar a los trabajadores, pero a menudo, estos objetos resultaron poco fiables. En su lugar, surgió toda una profesión dedicada a sacar a la gente de la cama: los despertadores humanos.

Estos despertadores humanos recorrían calles, y a veces barrios enteros, golpeando las ventanas o lanzándoles arvejas, dice Arunima Datta, profesora asociada de Historia en la Universidad del Norte de Texas, en Estados Unidos.

"Se quedaban allí parados hasta que recibían respuesta de sus clientes; no se movían".

De hecho, trabajos similares a los de los de esas personas se habían utilizado en muchas otras sociedades del mundo, afirma Datta, especialmente en las comunidades musulmanas durante el mes sagrado del Ramadán, cuando la gente necesitaba madrugar para rezar y comer antes del amanecer.

A lo largo de la historia, la gente ha tenido muchas otras formas ingeniosas de despertarse, desde simplemente tener gallos hasta intrincados relojes de vela que dejaban caer agujas en bandejas de metal cada hora.

Aprender cómo dormían y se despertaban estas sociedades del pasado podría incluso ayudarnos a mejorar nuestro propio sueño y nuestra forma de despertar hoy en día.

El canto del gallo

Antes de que se generalizara el uso de los despertadores personales, las personas solían despertarse gracias a señales naturales y rutinas diarias, explica Fatima Yaqoot, profesora de Salud del sueño en la Universidad de Sunshine Coast en Australia.

"La luz del día era una de las principales señales", afirma. "En muchas sociedades preindustriales, la vida diaria seguía el ritmo del amanecer y el atardecer, lo que configuraba naturalmente los ritmos circadianos".

Los ritmos circadianos marcan la hora del sueño y la vigilia, y son uno de los dos procesos principales que nos hacen dormir y despertar. El otro es la presión del sueño, que genera la necesidad de dormir a lo largo del día.

"Juntos, ayudan a explicar por qué nos dormimos por la noche, permanecemos dormidos y nos despertamos de nuevo por la mañana", afirma Yaqoot.

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El canto del gallo es un buen despertador natural.

"Me alejaría de la típica historia de que en el mundo preindustrial todos se regían por patrones de luz y oscuridad", comenta Sasha Handley, profesora de Historia de la Universidad de Manchester, Reino Unido, quien dirigió un proyecto sobre el sueño en la Edad Moderna.

"No creo que sea correcto, porque el trabajo se extiende hasta bien entrada la noche, a veces hasta la madrugada, dependiendo de ciertas tareas que deben realizarse en ciertas épocas del año".

En cambio, dice, las personas solían contar con una combinación de medios físicos y tecnológicos para organizar sus horarios de trabajo.

En las granjas, las horas de sueño invernal podrían haber sido ligeramente más largas, ya que las tareas matutinas solían terminar al final del otoño, afirma Handley. Aun así, existían muchas otras razones por las que la gente quería levantarse temprano.

"Las motivaciones religiosas, por ejemplo, son una razón muy importante por la que la gente tenía dispositivos para medir el tiempo junto a la cama", explica.

"Querían llegar a la iglesia a una hora determinada o rezar sus oraciones matutinas temprano, porque creían que eso los acercaba a Dios".

A menudo existía una sensación de superioridad, añade, en cuanto a quién se levantaba y comenzaba a rezar antes que los demás.

Los ciclos de sueño completos de las personas solían ser diferentes en aquella época.

El patrón de sueño bifásico preindustrial de dos noches de sueño sigue siendo una idea popular, aunque algunos investigadores han cuestionado la evidencia de esta teoría. Sin embargo, las investigaciones muestran que muchas culturas de todo el mundo aún conservan ciclos de sueño polifásicos en la actualidad.

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Rezar tremprano por la mañana era una de las razones para despertar temprano.

Los ruidos de los animales al despertar podrían considerarse los primeros despertadores auditivos de los humanos.

El canto del gallo al amanecer es una señal común de que el día ha comenzado, afirma Handley (curiosamente, las investigaciones han demostrado que los gallos cantan según su propio ritmo circadiano, no solo en respuesta a la luz). El coro del amanecer también fue importante, afirma Matthew Champion, profesor asociado de Historia en la Universidad de Melbourne, Australia.

Las campanas eran otra señal común para despertarse, dice Handley. Especialmente en la Europa occidental y central medieval y moderna, la vida se organizaba en torno a la unidad parroquial, explica, y la gente usaba las campanas de la iglesia, tocadas por un campanero cada hora, para comenzar y organizar su día.

"Quien toca la campana tiene un reloj de arena para medir el tiempo".

Por supuesto, algunas casas también tenían sus propias campanas en el interior, incluso en las puertas de los dormitorios.

"Los sirvientes tenían campanas; normalmente eran los primeros en levantarse en la casa, y era su responsabilidad despertar a los amos y amas de casa a la hora indicada", dice Handley

Despertadores antiguos

También existen numerosos ejemplos de despertadores personalizados muy antiguos. "No es un mundo sin despertadores", afirma Handley. Simplemente funcionaban de diferentes maneras, explica, utilizando agua o llamas para activar señales que despertaban a alguien que estaba cerca".

Y cuanto más se asciende en la jerarquía social, más ornamentados y complejos se vuelven", añade.

Los relojes de vela, con marcas para medir el paso del tiempo, se remontan a la antigua China. A veces se diseñaban ingeniosamente para que un clavo cayera en una pequeña bandeja de metal aproximadamente cada hora, explica Handley.

"Se podían fabricar velas propias, algo que mucha gente hacía por razones de coste, como otra señal auditiva de cuándo se quería despertar".

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Las bolas que colgaban de un hilo en los relojes de incienso emitían un pequeño sonido metálico cuando los hilos se quemaban y caían en una bandeja de metal situada debajo.

El incienso también se usaba para marcar el tiempo en China, a veces con bolas de metal colgadas de hilos que caían en una bandeja inferior, actuando como gongs. Un relato del siglo XIX escrito por un etnólogo estadounidense incluso señaló que en China la gente se colocaba varillas de incienso entre los dedos de los pies para despertarse.

Los relojes de agua, conocidos como clepsidras en la antigua Grecia, estuvieron muy extendidos durante siglos, y se le atribuye al filósofo Platón la primera adaptación de uno como alarma en el siglo V a. C.

Él atrapó aire dentro de un recipiente por el que fluía agua; a medida que el agua aumentaba, también lo hacía la presión, lo que finalmente resultó en un fuerte silbido similar al de una tetera.

Los relojes de agua también fueron algunas de las primeras campanas de pueblo automatizadas, señala Champion. Utilizaban grandes cuencos de agua que, al vaciarse, daban lugar al toque de una campana; una crónica del siglo XII registra el uso de un depósito de agua similar para apagar incendios.

Los primeros relojes mecánicos -es decir, mecanismos oscilantes que marcaban el paso del tiempo, conectados a un escape que contaba estas pulsaciones- llegaron a finales del siglo XIII y principios del XIV.

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Antes de los despertadores, muchos usaban las señales naturales como la luz del día para despertarse.

"Desde muy temprano, a veces tocaban melodías antes del repique de las campanas", dice Champion.

A finales del siglo XV, los relojes de pared domésticos también comenzaron a tener alarmas, que se activaban mediante un alfiler, explica. "La alarma era un repique de campana, seguido después por repetidos golpes de una pequeña campana".

Despertadores humanos

La relojería avanzó significativamente en el siglo XVII, afirma Handley, y hay evidencia de que la gente "hacía sonar sus propios despertadores cuando viajaban, por ejemplo".

El primer despertador mecánico conocido se inventó en 1787, aunque la producción se generalizó solo tras el registro de la primera patente en 1876.

Aun así, estos despertadores de muelle eran poco fiables y demasiado caros para estar al alcance de la mayoría de la gente.

Sin embargo, durante la revolución industrial, las necesidades de sueño cambiaron para muchas personas, y los despertadores mecánicos, con sus varillas, palos y cerbatanas, se popularizaron en las ciudades industriales en expansión de Leeds, Manchester, Sheffield y el este de Londres.

Los despertadores humanos se quedaban despiertos toda la noche y a menudo despertaban a la gente a las 3 de la madrugada, explica Datta.

En cierto modo, también cuidaban de la sociedad, añade, "al notar cosas que parecían extrañas, porque estaban despiertos y activos a horas de la noche en que otros dormían".

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Con el paso del tiempo la relojería fue avanzando y se crearon mecanismos con alarmas más sofisticados.

En 1876, uno de ellos descubrió un incendio a las dos de la madrugada en una casa de Bradford y despertó a la familia, que dormía profundamente en el interior, salvándoles la vida.

También fue un despertador humano quien, en 1888, descubrió el cuerpo de la primera víctima de Jack el Destripador, Mary Nichols.

A veces, insistían tanto en despertar a la gente que los vecinos se quejaban e incluso estallaban peleas, dice Datta, quien ha revisado minuciosamente los informes policiales y los artículos periodísticos de la época.

"También aparecen en muchas revistas y viñetas que los vecinos se pelean porque los despiertan cuando no quieren que los despierten".

Profesiones similares surgieron en otros países europeos durante el siglo XIX, como Francia e Italia.

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Mary Smith, una querida despertadora humana e del este de Londres, se especializaba en disparar guisantes a través de un delgado tubo para despertar sutilmente a sus clientes.

Sin embargo, para la década de 1920, esta profesión prácticamente había desaparecido, ya que los despertadores se volvieron más comunes y asequibles.

"Los despertadores personales se generalizaron a finales del siglo XIX y principios del XX", dice Yaqoot. "Su difusión siguió de cerca el auge de la industrialización y la adopción de la luz artificial. Las rutinas diarias, que antes eran más flexibles, gradualmente se organizaron en función de la hora".

Horario regular

A menudo se asume que dormir en épocas pasadas era más natural y, por lo tanto, más saludable, afirma Yaqoot, pero la realidad probablemente era más heterogénea: desde hogares abarrotados o ruidosos hasta trabajos físicamente exigentes, todo pudo haber afectado la forma en que las personas dormían.

Aun así, vale la pena considerar algunos aspectos de esta era prealarma. Uno de ellos, afirma, es la mayor exposición a la luz diurna de muchas sociedades anteriores, especialmente durante la mañana.

"Las investigaciones siguen demostrando que la luz matutina es una de las señales más potentes para regular los ritmos circadianos y favorecer un horario de sueño saludable", señala Yaqoot.

La exposición a la luz artificial más tarde por la noche puede tener el efecto contrario, añade. "Puede retrasar el reloj biológico y dificultar conciliar el sueño".

Otra lección es cómo las personas, históricamente, consideraban crucial mantener horarios regulares de sueño y vigilia para cuidar su salud.

"Ese es un principio de salud que se encuentra inscrito en la literatura médica más antigua, desde la época de los antiguos griegos hasta el siglo XVIII", afirma Handley.

"La gente se toma muy en serio la importancia de cuidar su sueño y mantener un horario regular, quizás mucho más que ahora".

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La exposición a la luz artificial durante la noche puede alterar nuestro patrón de sueño.

Estas prácticas concuerdan con las investigaciones actuales que muestran los riesgos para la salud de los horarios de sueño irregulares, afirma, y señala que los horarios de sueño regulares también son "una forma realmente efectiva de asegurarse el despertar prácticamente a la misma hora todos los días sin alarma".

También podemos aprender de otras buenas prácticas de higiene del sueño del pasado, comenta Handley, como "pensar en el espacio del dormitorio... qué hay ahí que realmente promueve un sueño bueno, oportuno y reparador, y qué hay ahí que no".

Considerar el horario de la última comida también es importante, afirma, y evitar estimulantes como los alimentos ricos en azúcar en las horas previas a dormir.

"Estos son solo hábitos diarios que han estado estrechamente relacionados con los patrones de sueño durante siglos y siglos, y que parece que hemos olvidado un poco en los últimos tiempos".

*Este artículo fue publicado en BBC Future. Haz clic aquí para leer la versión original en inglés.

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FUENTE: BBC