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Lo escrito y lo real: los polémicos bautismos mormones a judíos del Holocausto

La polémica sobre los bautismos de personas judías fallecidas durante el Holocausto por los mormones reavivó disputas, a pesar de acuerdos previos.



Los mormones bautizan a sus muertos y a los de otros. Cuando un fiel vivo se sumerge en una pila bautismal, una pileta ritual, como apoderado de un difunto que nunca conoció. Con ese gesto la Iglesia de los Santos de los Últimos Días suma un nombre más a su archivo de miles de millones de identificaciones. Entre esos nombres aparecieron víctimas del Holocausto. Los grupos judíos protestaron durante muchas décadas y la entidad religiosa firmó acuerdos en 1995. Sin embargo, en 2012 y en 2017 nuevos hallazgos reabrieron la disputa ante incumplimientos.

La protesta merece la pregunta ¿de quién es en verdad ese contrato? El documento vive en el sistema mormón y obedece a la cosmología de esa congregación. Fuera de ese mundo no obliga a nada ni a nadie. Así, un registro es una afirmación sobre la creencia de quien lo escribe, sin ser un hecho sobre la persona nombrada. Por lo tanto, cuando un extraño anota que mi abuelo pertenece a su fe describe su propio deseo, pero no dice nada de mi abuelo.

Conviene un caso inventado para ver la mecánica desnuda. Supongamos que mañana yo fundo una secta nueva y su rito central consiste en encender una vela y pronunciar un nombre, con ese gesto ofrezco al muerto un lugar en mi paraíso. Entre tanto, el regalo no obliga a nadie y el alma lo acepta o lo rechaza a su antojo. Enciendo mi vela por ateos y por católicos difuntos aunque ninguna vela toca al muerto que nombro, por lo tanto, el ateo sigue siéndolo y el católico también permanece en su fe. Mi vela solo confiesa mi creencia porque el único comprometido en la escena soy yo. El hombre nombrado no pierde absolutamente nada.

¿De quién es la memoria de las víctimas?

Una creencia religiosa solo tiene jurisdicción sobre quienes reconocen su autoridad. El rito obliga al que acepta al oficiante, no alcanza al extraño. Aunque un dios existiera seguiría siendo cierto que su ceremonia rige adentro de su templo y no afuera. Quien no pisa el lugar de culto queda intocado por definición.

Algunos oponen un argumento más fino cuando dicen que el rito comete una segunda censura porque dentro de 100 años Anne Frank figurará como víctima mormona. Ese temor confunde dos archivos distintos. La memoria de los muertos no reside en los servidores de una iglesia, sino en libros leídos en todos los idiomas. Está en bibliotecas y en millones de cabezas y ningún asiento en una base de datos privada compite con eso. La historia no la guarda quien acumula más fichas, queda con quien la sostiene la verdad de lo ocurrido.

El Holocausto: una verdad inalterable

Y lo ocurrido fue atroz y fue real porque los campos y el gas existieron; así como el hambre y las balas. Un bautismo por poder no roza nada de eso, por ende, tratar un gesto simbólico como una herida concede a la magia ajena el poder que uno mismo le niega. Ese es el error central del ofendido.

Porque el agraviado y el mormón comparten un mismo dogma. El creyente piensa que su rito salva y el ofendido estima que esa ceremonia arrebata. Ambos atribuyen eficacia a un chapuzón.

La religión y sus mitos

Toda religión trafica con fantasías sobre el más allá. Esos mitos no merecen respuesta alguna y no conviene pelear dentro de su lógica o exigirle a una superstición que respete a otra. Quien discute el bautismo de su abuelo ya aceptó el tablero del contrario juega el juego del mago. La única postura firme es negarse al convite.

Lo que se debe a los muertos es memoria y verdad. Ni la memoria ni la verdad se agrandan ni se achican por el archivo de un extraño. Que bauticen el cementerio entero si eso los consuela, los muertos seguirán fuera de su cobertura. Y los vivos también deberían estar fuera de su alcance.

Las cosas como son.

*Mookie Tenembaum aborda temas internacionales como este todas las semanas junto a Horacio Cabak en su podcast El Observador Internacional, disponible en Spotify, Apple, YouTube y todas las plataformas.