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Vladimir Putin, Erdogan y el veto: la pulseada por la reforma del Consejo de Seguridad de la ONU

El Kremlin respondió al pedido de Turquía de eliminar las bancas permanentes. Qué es el Consejo, cómo vota y por qué cualquier reforma depende de los cinco.

Vladimir Putin marca límites a la reforma del Consejo de Seguridad de la ONU.

Vladimir Putin marca límites a la reforma del Consejo de Seguridad de la ONU.

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Rusia se sumó a la discusión sobre la reforma del Consejo de Seguridad, donde expuso que acepta que haya más miembros permanentes, pero rechaza cualquier cambio al poder de veto. La posición llegó desde el Kremlin en la previa del Debate General de la Asamblea General, que reúne esta semana en Nueva York a jefes de Estado y de gobierno de todo el mundo.

El encargado de fijarla fue Dmitri Peskov, vocero de Vladimir Putin, y lo hizo como respuesta a Recep Tayyip Erdogan. El presidente turco volvió a pedir que se eliminen de raíz tanto las bancas permanentes como el veto. Peskov admitió que el órgano necesita cambios y que su núcleo fijo podría crecer.

En la misma frase defendió la categoría de miembro permanente y el derecho a bloquear resoluciones como pilares de todo el sistema de Naciones Unidas.

Erdogan repite la crítica desde hace años: sostiene que Estados Unidos, China, Rusia, Francia y el Reino Unido no representan el mundo actual y que el esquema vuelve lenta e ineficaz la toma de decisiones.

El único órgano que da órdenes

El Consejo de Seguridad es la instancia de la ONU encargada, en primer término, de preservar la paz y la seguridad internacionales.

Su peso se explica por una particularidad: según el artículo 25 de la Carta, sus resoluciones obligan a todos los Estados miembros, mientras que las de la Asamblea General tienen valor de recomendación. Ante un conflicto, el Consejo puede instar a las partes a negociar. También puede aplicar embargos y sanciones económicas, o autorizar el uso de la fuerza para que se cumplan sus mandatos.

Cinco fijos y diez que rotan

Tiene 15 integrantes. Los cinco permanentes son las potencias que ganaron la Segunda Guerra Mundial; Rusia ocupa desde 1991 el lugar que correspondía a la Unión Soviética. Los otros diez rotan: cada año la Asamblea General elige a cinco, que ocupan el cargo durante dos años. La composición cambió una sola vez, en 1965, cuando pasó de 11 a 15 miembros, y ese cambio no alteró el grupo de los permanentes.

Nueve votos para aprobar, uno para bloquear

Para aprobar una resolución hacen falta nueve votos a favor. En las cuestiones de fondo, el artículo 27 agrega una condición decisiva: alcanza con que uno de los cinco vote en contra para que la iniciativa caiga, aunque tenga el apoyo del resto.

Por práctica, una abstención de un permanente no cuenta como veto. Esa llave explica buena parte de la parálisis del Consejo frente a las guerras de Ucrania y de Medio Oriente. También pesa en la sucesión de António Guterres, que se define ahora con el argentino Rafael Grossi entre los candidatos: el Consejo es el que recomienda al próximo secretario general.

Rusia y la reforma con cerrojo

Ahí aparece el nudo de la propuesta rusa. Cualquier ampliación exige enmendar la Carta, y el artículo 108 pide dos tercios de la Asamblea y la ratificación de dos tercios de los Estados, con los cinco permanentes incluidos. Los que tienen el veto tienen también la última palabra sobre cualquier reforma.

En la fila de aspirantes esperan desde hace años Japón, Alemania, India y Brasil, además del reclamo africano por una representación propia. Turquía juega otro partido: no busca una silla, sino que se terminen los privilegios.

La posición del Kremlin permite apoyar la reforma en el discurso sin ceder nada en los hechos. Un Consejo con más socios permanentes y el veto intacto multiplicaría los jugadores con capacidad de bloqueo, justo cuando la principal crítica al órgano es que no logra decidir.