La Casa Blanca con ruedas: parte dos de "La Bestia"
La Casa Blanca despliega un operativo de seguridad sin precedentes con "La Bestia" y un batallón de vehículos especializados para proteger al presidente.
La Bestia es como si fuera una Casa Blanca rodante para proteger al presidente de los Estados Unidos donde sea.
Evan El-Amin / Shutterstock.comEn la entrega anterior describimos la logística previa al viaje presidencial. Vimos cómo el Servicio Secreto traslada sus vehículos en aviones de carga pesados a cada destino, junto con los helicópteros del escuadrón HMX-1, conocidos como Marine One cuando llevan al presidente a bordo. Recorrimos también la cabeza de la caravana y describimos la limusina central, apodada The Beast, ese blindado de aspecto civil construido sobre un chasis de camión pesado.
La Bestia y su séquito: la seguridad del presidente
Entre tanto, quedó pendiente la mitad más interesante, puesto que la limusina no viaja sola. Detrás de ella avanza un cinturón de vehículos cuya tarea consiste en detectar amenazas, neutralizarlas o, en el peor de los escenarios, comprar segundos para que el presidente desaparezca del mapa de fuego. Esa segunda mitad es la que vamos a recorrer ahora.
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Detrás del paquete central viaja el Halfback, palabra prestada del fútbol americano. Es la camioneta del destacamento de protección personal y es casi siempre una Chevrolet Suburban modificada con luces policiales en el techo, en las ventanillas interiores y en la parrilla. En la tercera fila, mirando hacia atrás, viaja al menos un agente armado abiertamente, con la ventanilla o el portón trasero entreabiertos. La imagen aparece en muchas fotografías de prensa y suele desconcertar al espectador casual. Es la primera línea de respuesta si algo ocurre durante la marcha.
Después aparece un vehículo extraño porque tiene antenas verticales grandes y cúpulas sobre el techo. Su código es Watchtower, o torre de vigilancia, y opera como vehículo de contramedidas electrónicas que inhibe comunicaciones, bloquea señales de detonación remota y, en algunas configuraciones, detecta proyectiles entrantes o drones pequeños mediante un radar de onda corta. Si un atacante intentara disparar un misil antitanque guiado por láser, los sensores del Watchtower detectarían la marca láser y activarían contramedidas como humo infrarrojo, chaff, nubes metálicas que confunden al radar enemigo, y bloqueo dirigido. La tecnología deriva de 15 años de guerra contrainsurgente en Irak y Afganistán. Sistemas como el CREW Duke, diseñado para neutralizar artefactos explosivos accionados a control remoto, salvaron miles de vidas en esos teatros antes de migrar al servicio doméstico.
Otros vehículos transportan funcionarios y capacidades específicas. El Control Vehicle, o vehículo de control, lleva a un asistente militar de máximo nivel de acceso. Este puede aconsejar al presidente en una emergencia militar mayor. Custodia, además, el maletín nuclear, conocido como Nuclear Football, que contiene los códigos para autorizar el uso de armas atómicas. Los vehículos de apoyo trasladan a miembros del gabinete con sus custodios, a agentes adicionales y al médico presidencial. Son Suburbans modificadas con comunicaciones reforzadas o, en algunos casos, furgonetas alquiladas en el lugar de destino.
El ID Car, o vehículo de inteligencia, funciona como nodo de información de gran escala. Conversa con unidades de vigilancia, con la policía local y con otras fuentes para detectar problemas antes de que ocurran; es el cerebro analítico del operativo en movimiento.
El componente más visible y, a la vez, el más mencionado en novelas y películas, es el Counter Assault Team, equipo de contraataque, conocido por sus siglas CAT y por el código Hawkeye, ojo de halcón. Viaja en camionetas Suburban negras con luces, barras laterales y estribos para transporte exterior de operadores. Sus puertas traseras se mantienen entreabiertas y por la abertura asoma un comando armado con fusil de asalto, listo para abrir fuego en segundos. Los operadores del CAT pasan procesos de selección que descartan a la enorme mayoría de los aspirantes. Estos llevan fusiles automáticos, gafas de visión nocturna, granadas aturdidoras, granadas de concusión y, según la misión, blindaje pesado. Su tarea es brutal pero clara porque si la caravana es emboscada, el CAT contraataca de inmediato y crea una muralla de fuego supresor. Mientras tanto, el destacamento de protección personal evacúa al presidente lejos de la zona. La doctrina del CAT no busca vencer al atacante, sino ganar tiempo y espacio para que el presidente desaparezca del mapa de fuego.
Servicio secreto: un despliegue de tecnología
Más atrás circula la unidad de mitigación de materiales peligrosos. Es un camión negro de aspecto industrial, conocido en algunas fuentes como Hammer, martillo. Lleva sensores capaces de detectar agentes nucleares, biológicos o químicos, equipo de respuesta inmediata y otras capacidades clasificadas. Funciona también como almacén móvil de suministros del operativo.
Las furgonetas de prensa transportan al cuerpo de prensa de la Casa Blanca. Hay una para cámaras, una para cables y una general. Solo acceden a ellas los grandes medios y el equipo de prensa oficial.
Hacia el final aparece el Roadrunner, el correcaminos, vehículo de la Agencia de Comunicaciones de la Casa Blanca. Suele ser una Suburban reforzada con una gran antena parabólica sobre el techo y un verdadero bosque de antenas a su alrededor. Algunas versiones recientes utilizan furgonetas Ford E350 modificadas. Su tarea es mantener al presidente conectado al mundo de manera cifrada. Provee voz segura, internet, video y comunicación con los satélites del Pentágono. Cabe aclarar que es capaz de manejar comunicaciones para la liberación de armas nucleares. Si el día del juicio final ocurriera durante un traslado por carretera, el presidente podría dar la orden desde dentro del Roadrunner.
Al fondo del convoy va la ambulancia. Atiende heridos por ataque, choque o evento biológico imprevisto. Está reservada en primer lugar al presidente. Luego la retaguardia, o Rear Guard, la integran motocicletas y patrulleros locales. Su tarea es ofrecer alerta temprana frente a cualquier amenaza por detrás y servir de amortiguador defensivo trasero.
Sobre el conjunto vuela el Overwatch, un helicóptero del Departamento de Seguridad Nacional; Este provee inteligencia, planificación y observación aérea. Según el destino, puede pertenecer a la Guardia Costera, a la Patrulla Fronteriza, a Aduanas o a otra agencia federal. La misión es mirar desde arriba lo que la caravana no puede ver desde abajo.
Viajes presidenciales: la logística de Estados Unidos
Existe, además, un capítulo aparte para los viajes por carretera en zonas rurales. Hacia 2010 y 2011, el Servicio Secreto adquirió dos autobuses pesadamente blindados y muy modificados. La prensa los bautizó Ground Force One, por analogía con Air Force One. El cascarón pertenece a un modelo Prevost X3-45 VIP 3, fabricado en Quebec, Canadá. La habilitación interior corrió por cuenta de la firma Hemphill Brothers Coach Company, de Nashville, Tennessee. El Servicio Secreto añadió comunicaciones cifradas, blindaje adicional y capacidades similares a las de la limusina presidencial. Cada unidad costó cerca de $1.100.000 dólares y están pintados de negro brillante. Barack Obama los utilizó en su campaña por el corazón rural de Estados Unidos antes de las elecciones de 2012 y por su parte Mitt Romney usó vehículos similares en la suya. Sirven para giras eficientes por zonas rurales con muchas paradas, donde una caravana convencional resulta menos práctica.
Quien tuvo el privilegio de ver el despliegue completo en persona suele coincidir en que la caravana se forma como por arte de magia al aterrizar Air Force One. Los autos aparecen desde puntos invisibles, se ubican sin titubeo y arrancan al unísono. Al partir, el presidente sube las escaleras del Boeing 747 mientras la caravana ya se lanza por la pista en formación de regreso. Todo sucede como un movimiento fluido y perfectamente sincronizado. Tiradores apostados y agentes armados observan cada metro detrás de lentes oscuros. Es una forma de arte al tiempo que también es una vidriera del poder operativo de la nación.
El costo es enorme porque cada visita presidencial fuera de Washington moviliza decenas de vehículos, varios aviones de transporte pesado, centenares de agentes, helicópteros, comunicaciones satelitales y coordinación con policías locales. La cifra exacta no es pública pero los analistas la calculan en millones de dólares por jornada. Sin embargo, la operación rara vez genera titulares más allá del propósito mismo del viaje. Esa invisibilidad es, justamente, la medida del éxito. Si el lector encendiera la televisión durante una visita presidencial y solo viera un puñado de autos negros pasando, eso significaría que el sistema funcionó exactamente como debía funcionar.
Las cosas como son.
*Mookie Tenembaum aborda temas internacionales como este todas las semanas junto a Horacio Cabak en su podcast El Observador Internacional, disponible en Spotify, Apple, YouTube y todas las plataformas.