Inseguridad y crisis política: Perú vota entre Fujimori y el heredero de Castillo
El país acumula ocho presidentes en diez años y atraviesa una ola de inseguridad inédita. La economía quedó en un segundo plano en la campaña.
Una vez más la candidata de la derecha en Perú Keiko Fujimori está cerca de la presidencia.
Perú vuelve a las urnas este domingo para resolver un balotaje en el que se enfrentan dos visiones del país radicalmente distintas, aunque con una misma música de fondo en materia económica.
La escena recuerda lo ocurrido en Colombia siete días atrás: un electorado dividido entre una opción de derecha y una de izquierda, sin demasiado margen entre ambas. Del resultado saldrá el noveno presidente que el país tendrá en apenas diez años.
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Otra vez Fujimori
La aspirante de la derecha es Keiko Fujimori, líder de Fuerza Popular y figura central de la política peruana desde hace casi dos décadas. Hija del exdictador Alberto Fujimori, intentará por cuarta vez ocupar la Casa de Pizarro, después de tres derrotas previas en su camino al poder.
Enfrente aparece Roberto Sánchez, referente de Juntos por el Perú y discípulo político de Pedro Castillo. Durante el efímero mandato de aquel —que duró un año y cinco meses antes de su destitución en 2022—, Sánchez se desempeñó como ministro de Comercio Exterior y Turismo. El vencedor de la contienda jurará el cargo el 28 de julio.
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Un país que cambia de presidente casi todos los años
El padrón habilita a más de 27 millones de votantes en una nación golpeada por la inestabilidad y por una crisis de confianza hacia sus instituciones.
Para dimensionar el problema basta un dato: desde 2016 se sucedieron ocho mandatarios, es decir, un promedio de poco más de un año por gobierno.
La mecánica detrás de esa rotación es siempre parecida. Dirigentes que llegan respaldados por estructuras partidarias débiles, sellan acuerdos de circunstancia sin un proyecto en común y terminan derribados a los pocos meses por escándalos y maniobras políticas.
El Congreso, por su parte, cargó con un fuerte desprestigio y quedó asociado, sobre todo, a su rol como destituyente de presidentes.
Una primera vuelta que reflejó la fragmentación
La ronda inicial fue una radiografía de ese desorden: nada menos que 35 postulantes compitieron por la presidencia. Fujimori se quedó con el primer lugar, aunque cosechó apenas algo más del 17% de los apoyos.
Sánchez la siguió con cerca del 12% y logró meterse en el balotaje por una diferencia mínima sobre el exalcalde limeño Rafael López Aliaga, dirigente de la ultraderecha.
Ese desencanto generalizado con los políticos se expresa en una porción considerable de indecisos, un volumen de votos que podría volcarse hacia el blanco o el nulo.
La economía cede su lugar a la inseguridad
Llamativamente, las cuestiones económicas no dominaron la campaña, aun en un país marcado por profundas brechas sociales. Los números, de hecho, son relativamente sólidos: el PBI subió 3,4% en 2025 y se prevé un crecimiento de entre 2,7% y 3,2% para este año, con una inflación que terminó 2025 en un módico 1,5% interanual.
Lo que verdaderamente preocupa en las calles es la violencia. Perú vive una escalada de homicidios sin antecedentes, con una tasa de 10,7 por cada 100.000 habitantes, casi el triple de la que registra la Argentina (3,7).
El cuadro se completa con la proliferación de extorsiones a transportistas y pequeños comercios, un negocio criminal que instaló la figura del sicario en la vida cotidiana.
Las manifestaciones contra la inseguridad se repitieron mes a mes, alimentando aún más el malestar con la dirigencia.