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Europa y la OTAN, débiles ante las ofensas de Donald Trump

La OTAN sonríe para las fotos. Es fuerte porque Estados Unidos y Donald Trump la integran y por lo mismo, es servil. Y Europa no sabe qué hacer con sí misma.



Hace horas terminó una reunión de ministros de Defensa de la OTAN, en la que Estados Unidos, a través del ministro Pete Hegseth, digno delfín de Donald Trump, trató con humillantes términos a la Alianza bélica y los aliados de Europa. No obstante, tras los duros golpes, Mark Rutte, titular de la OTAN, escogió su mejor sonrisa para las fotos.

Luego de posar, Rutte llegó a decir que se sintió “feliz” tras los dichos del norteamericano, porque es bueno “decirse la verdad unos a otros”. Hegseth, con una vehemencia desusada les dijo en la cara que “necesitan hacer más” y que fue “vergonzoso” que no intervinieran contra Irán, llegando a acusarles de poner “en riesgo a los hijos e hijas de América”, algo “vergonzoso”. Y más.

- La OTAN ha sido un tigre de papel y una calle de sentido único. Durante muchos años, ustedes se han preocupado más por la equidad de género y el cambio climático, en lugar de concentrarse en tanques y cazas, soltó Hegseth, abochornando a su audiencia.

Mark Rutte, de la OTAN, se ríe, junto a Pete Hegseth, de Estados Unidos. Foto Dpa

La OTAN, los valientes y los idiotas

La OTAN es la fuerza bélica más poderosa del planeta. Ante esta evidencia, no cabría cuestionamiento de debilidad alguno, pero hasta Aquiles, un semidiós con cuerpo invencible, tenía una secreta y humana vulnerabilidad, su talón. La OTAN tiene su mayor fortaleza en la participación de Estados Unidos y Donald Trump y tiene su mayor debilidad también en la participación de Estados Unidos y Donald Trump.

Ante la fractura o el horror, sólo los valientes y los idiotas sonríen. Y Mark Rutte no parece una persona valiente. Puede que tampoco sea un idiota, pero no duda en escoger ese rol, porque mostrar valentía u honorabilidad ante Trump & Compañía puede resultar un error muy caro.

La OTAN y la envejecida Europa dependen demasiado de Estados Unidos. Ese apoyo todo lo justifica. Y ante las humillaciones, la diplomacia, esa abyecta gimnasia de simulaciones, luego todo lo transforma. Nadie osará decir que la poderosa OTAN es acomodaticia y obsecuente con los Estados Unidos. Nadie dirá tampoco que la OTAN y Europa detestan el estilo de Trump.

Nadie lo dirá porque los dueños del decir, las fuerzas hegemónicas de Occidente, puede que no se toleren ni el olor de sus alientos, pero asumen que tienen enfrente algunos peces distintos, pero tan monstruosos y de mal aliento como ellos: China, Rusia, India, Oriente y, a futuro, tal vez, potencias que no saben emerger, como Brasil, México o Sudáfrica. Por eso, como en cualquier casa de vecino, los trapos sucios de Occidente se lavan puertas adentro.

La OTAN, hija sumisa de Estados Unidos

La OTAN, Organización del Tratado del Atlántico Norte, nació luego de la Segunda Guerra Mundial, se fortaleció con la Guerra Fría y cobró confianza y financiamiento a partir de los desarrollos bélicos y económicos de Rusia y China. Desde que nació, la OTAN ha sido operada por Estados Unidos.

Esta alianza bélica está integrada por 32 países de Europa y Norteamérica. Claramente, a través de la exhibición de su poderío en armamentos, su misión es sostener un modo de ser, el de Occidente. La OTAN es, además, la institución armada que permite a Estados Unidos considerarse legítimo en su atribución del rol de nación guardiana del mundo, porque la OTAN obedece sus dictados y los autentica con la masiva presencia de naciones. Hace pocos meses, Mark Rutte, llegó a decir sin sonrojarse que la OTAN es “una plataforma para que los Estados Unidos proyecten poder en el mundo”.

La OTAN presiona a Europa para que compre armas a Estados Unidos. Foto: Nato

A la par de la obediencia, la OTAN tiene que lidiar con Donald Trump y su inmejorable frontalidad. El presidente de Estados Unidos ha ordenado a los otros 31 países que suban considerablemente su gasto en defensa y que, por supuesto, escojan a Estados Unidos a la hora de salir a hace compras de armas. A la vez, Trump retira tropas norteamericanas de Europa, amenaza con tomar Groenlandia (que pertenece a Dinamarca, país de la OTAN) y, sin sonrojarse, se reúne y traba acuerdos con sus pares Xi Jinping de China y Vladimir Putin de Rusia.

- Si tienes el poder, tienes que ejercerlo, ha de pensar Trump, en modo Michel Foucault, en sus noches en la Casa Blanca, whisky en mano y pies cruzados sobre el escritorio.

Europa no tiene fuerza

A los países que osan cuestionarlo cuando pide mayor gasto, como España, Trump les dice que podría “no defenderlos” en caso de ataques, sentencia que contraría la esencia de la OTAN. Así, el estadounidense deja en claro sus cartas: los países de la alianza son clientes de su país, no socios. Por lo bajo, sin tenacidad, potencias como Francia y Alemania comienzan a barajar la consideración de que Europa sólo debería depender de Europa.

Sin embargo, Europa, toda ella, está quebrada por varios frentes y vive engañada en su estado de bienestar: hay dependencia energética, economías que crecen muy poco, envejecimiento poblacional marcado, dificultad de sostener el sistema jubilatorio, inmigraciones ilegales fuera del sistema, diversidades políticas y discursivas hostiles y marcada pérdida de competitividad ante rivales como China y Estados Unidos.

Donald Trump sabe que Europa está malherida estructuralmente. Sus problemas a futuro son tan graves que superan y por mucho la histórica amenaza rusa. Ya no es Rusia el problema de Europa, sino Europa y su altanería palaciega venida a menos. De hecho, Rusia podría servirles de ejemplo, porque Rusia planificó su desarrollo sin depender de Occidente, construyendo su soberanía energética, fortaleciendo sus capacidades científicas, apostando por su industria y conservando un modo de ser que proporcionó identidad y sentido de resiliencia ante las crisis.

Yo soy el jefe

En medio de tanto poder y de cierta fragilidad solapada, la OTAN actúa simulando grandeza institucional y perdiendo consistencia política, porque no sabe cómo reaccionar a las órdenes de Trump y Estados Unidos de intervenir en conflictos que les resultan ajenos, como los que se promueven en Oriente Próximo. Mark Rutte, bordeando el cinismo, insiste con que la OTAN es hoy “mucho más fuerte y justa” que hace dos años y destaca a Trump como razón de la fortaleza. Cómo cuesta creer a Rutte; tal vez debería sonreír menos.

Donald Trump tiene el poder y lo ejerce. Foto Efe

Cerremos con otra anécdota de hace unas horas. En la cita del G7 en los Alpes de Francia, Donald Trump llegó una hora tarde a la reunión e hizo esperar a Emmanuel Macron (presidente de Francia, anfitrión), Friedrich Merz (canciller de Alemania), Keir Starmer (primer ministro del Reino Unido), Justin Trudeau (primer ministro de Canadá), Giorgia Meloni (primera ministra de Italia), Sanae Takaichi (primera ministra de Japón) y Luiz Inácio Lula da Silva (presidente de Brasil, invitado especial). En lugar de pedir disculpas por su tardanza a los prestigiosos asistentes, seguro en el ejercicio de su poder, sacó su mejor sonrisa y les dijo:

- I'm the boss.

Y vaya que lo es: todos sonrieron sumisos, al igual que Rutte, el jefe de la OTAN. Como dice Fernando Pessoa en su poema Tabaquería: "El mundo es de quien nace para conquistarlo/ Y no para quien sueña que puede conquistarlo, aunque tenga razón". La casa está orden.

Ulises Naranjo