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El muerto con zapatos nuevos: el fantasma de la economía china

China, con una economía que crece pero no encuentra mercado, acumula producción sin compradores y las exportaciones se inflan con saldos en las aduanas.

China produce como una superpotencia, pero el desafío ya no es fabricar más, sino encontrar quién compre lo que sale de sus fábricas.

China produce como una superpotencia, pero el desafío ya no es fabricar más, sino encontrar quién compre lo que sale de sus fábricas.

Generada con IA

En Italia se venden zapatos para muertos, estos son livianos, de suela blanda, es decir, pensados para el cajón. El difunto los estrena en su velorio y no los gasta nunca. Y la economía china de mediados de 2026 no es un cadáver, porque respira, camina y hasta corre en algunos tramos, pero calza esos zapatos. Produce como una superpotencia y ya no encuentra compradores suficientes que justifiquen tanta oferta. Es decir, fabrica para un destino que no llega.

Xi Jinping y la dualidad económica china

Los números oficiales cuentan la mitad amable de la historia. El producto bruto creció 4,3% en el segundo trimestre de 2026, el ritmo más lento desde fines de 2022, por debajo de la meta oficial de 4,5 a 5%. Esta es la primera vez que el régimen incumple su propia meta desde que dejó de fijarla durante la pandemia. Para un gobierno que siempre acierta sus pronósticos al decimal, admitir el fracaso es una confesión, y cuando Beijing reconoce debilidad, la vulnerabilidad real es mayor.

El cuerpo de esa economía tiene dos mitades que no se hablan. La parte que consume se apaga porque llas ventas minoristas subieron apenas 1% en junio y el sector inmobiliario, donde las familias chinas guardaron sus ahorros durante décadas, se hunde año tras año. El consumidor chino ahorra por miedo, porque no existe una red de salud ni de pensiones que lo proteja de la vejez o de la enfermedad. La mitad que produce, en cambio, trabaja a ritmo de guerra y las exportaciones saltaron 27% interanual en junio y los embarques mensuales de autos superaron por primera vez el millón de unidades.

China frente a las murallas comerciales globales

Ese 27% es el único signo vital que se exhibe con orgullo, pero la cifra dice menos de lo que aparenta. Una exportación se registra en la aduana cuando la mercadería cruza la frontera, no cuando alguien la compra y China aprovecha esa diferencia. La economía empuja productos hacia sus filiales y concesionarios en el extranjero, anota la exportación y deja la mercadería esperando un comprador que muchas veces no aparece. Las automotrices chinas acumulan casi un año entero de inventario sin vender fuera de su país, cuando lo normal en cualquier mercado son dos meses. En Brasil ese inventario llegó a 22 meses de ventas. El dato del 27% no es falso, sino que está envenenado. Nadie sabe qué parte es venta real y cuál es depósito. Y hasta la porción real encuentra las puertas cerrándose tras la imposición de Brasil en 2026 de derechos antidumping al acero chino que en la práctica frenaron ese comercio. Por su parte, Japón abrió una investigación por comercio desleal y se sumó a Estados Unidos, la Unión Europea y la India. El mundo levanta murallas contra un vendedor que ya no puede vender adentro.

Frente a ese doble cerco, Xi Jinping eligió una sola salida, la inteligencia artificial (IA). Todo el capital del Estado fluye hacia los chips, los robots y los centros de datos, mientras los servicios que generan empleo languidecen. La apuesta no es absurda porque los modelos chinos de IA existen, funcionan y algunos compiten con los mejores del mundo. El problema está debajo de los algoritmos porque Estados Unidos le niega a China los chips más avanzados y las máquinas con las que se fabrican, y la IA solo vale económicamente cuando se despliega de forma masiva, barata y constante. Con semiconductores inferiores, cada cálculo cuesta más energía, más dinero y más máquinas. China puede tener un gran modelo y perder igual, porque el costo de producir cada respuesta devora el valor de tenerla. Es una cocina con grandes recetas y sin gas suficiente, algo saldrá del horno, pero no alcanzará para alimentar a 1.400 millones de personas.

El fantasma de la economía china: ¿Salto o repetición histórica?

La historia china conoce esa tentación de reemplazar el equilibrio económico por un salto prodigioso. Mao decretó en 1958 que cada aldea fundiría acero en hornos caseros y que China superaría a Inglaterra en 15 años. Las aldeas fundieron acero, eso es verdad, pero era un acero que costaba más de lo que valía, y esa diferencia entre el costo y el valor se pagó con hambre. Hoy el salto se llama IA, los hornos caseros son fábricas de chips atrasadas, y las metas imposibles se redactan en planes quinquenales con lenguaje de consultora. El patrón regresó, solo que ahora se usa mucho menos poesía.

Los desequilibrios no duran para siempre. Ninguna economía puede vivir mucho tiempo produciendo para depósitos porque tarde o temprano la mercadería encuentra un comprador o encuentra un descuento. Y cuando aparece la rebaja, desaparece la ilusión.

Las cosas como son.

*Mookie Tenembaum aborda temas internacionales como este todas las semanas junto a Horacio Cabak en su podcast El Observador Internacional, disponible en Spotify, Apple, YouTube y todas las plataformas.