La correa de Shein: el juego de poder entre China e India y el costo de su expansión
El costo de la estrategia de Shein para evadir aranceles y cumplir con regulaciones se refleja en una drástica reducción de su valuación en el mercado.
Entre las exigencias de China y las condiciones de India, la expansión global de la marca también tiene un precio financiero.
La primera parte de este artículo contó la historia de Shein, la tienda de ropa sin locales que vende vestidos de $5 dólares por una aplicación a 273 millones de clientes en 160 países y no ofrece ni una prenda en China.
Asimismo, su modelo depende de miles de talleres alrededor de Cantón que cosen tandas chicas en días, y cómo en 2022 la empresa mudó su sede a Singapur para dejar de ser china a los ojos de Occidente. Por su parte, para Pekín la mudanza no cambiaba nada y así, con una norma de 2023 que obliga a registrar ante la CSRC, el regulador bursátil chino bloqueó la salida a bolsa a Nueva York y Londres; y la llevó a cotizar en Hong Kong.
La primera parte terminó en un nudo, para sobrevivir a los aranceles Shein necesita fabricar más fuera de China, y eso es exactamente lo que Pekín, preocupado por el empleo, le pidió que no hiciera. Esta segunda parte empieza en la salida que Shein tenía preparada.
India, el socio que no se puede nombrar
En 2023, Shein firmó un acuerdo con Reliance, el mayor conglomerado de India, propiedad de la familia Ambani. La idea original era convertir al subcontinente en el segundo polo de fabricación de Shein y usar la aplicación como plataforma de exportaciones para los talleres indios. El país tiene la única industria textil del mundo con tamaño comparable a la china.
Pero Delhi también le puso condiciones, y son las opuestas a las de China, ya que prohibió la aplicación de Shein en 2020, junto con otras 300 apps chinas, tras un choque militar entre ambos países en la frontera del Himalaya. La dejó volver en 2025 solo por medio de Reliance y con reglas estrictas, ya que Reliance controla la operación y los datos, y toda la información de los clientes se guarda en India, Shein no tiene acceso a ella, y la empresa se somete a auditorías de seguridad de firmas aprobadas por el gobierno indio; asimismo, toda la ropa que se vende con la marca Shein en India se diseña y se fabrica localmente. La empresa queda reducida a prestar su nombre a cambio de una regalía.
Así que la misma empresa recibe dos órdenes contradictorias de dos Estados. Por una parte, Delhi le exige que en India todo sea indio y que China no toque nada; por otra, Pekín le pide que la producción no salga de China. Una le da el permiso para vender, la otra le da la conformidad para cotizar.
La prueba de esa distancia está en una contradicción pública. El ministro de Comercio indio describió el acuerdo como una plataforma para que fabricantes indios produjeran ropa Shein para vender en India y en el mundo, y fuentes cercanas a la operación contaron a la prensa que ambas compañías querían exportar en menos de un año. Shein, consultada, respondió que el acuerdo se limitaba a licenciar la marca para consumo doméstico indio, nada más. El socio indio habla de exportar pero su contraparte china jura que no. La explicación más plausible es política, porque cada parte tiene un gobierno distinto al que tranquilizar. Poco después trascendió que Reliance renegociaba el acuerdo por el freno de Pekín a la diversificación.
El prospecto que calla sobre China
Un prospecto es el documento que una empresa presenta antes de salir a bolsa. En él debe contar todo lo que un inversor necesita saber, y en especial los riesgos. Es la pieza más regulada que existe en el mundo de las finanzas y su lógica es la transparencia.
El prospecto de Shein para Hong Kong describe con detalle el riesgo de los aranceles y del fin de la exención de minimis, la norma que dejaba entrar sin impuestos los paquetes pequeños y que Estados Unidos y Europa eliminaron. Cuenta que los productos de origen chino enviados a Norteamérica pasaron a pagar tasas de hasta 87,5%; y enumera sus respuestas, la primera que nombra es subir los precios en Estados Unidos. Entre tanto, sobre la otra respuesta posible, fabricar más fuera de China, el documento dice muy poco. El acuerdo con Reliance, que sería una de las noticias más relevantes para cualquier inversor preguntándose cómo piensa Shein convivir con los aranceles, apenas aparece.
No hace falta atribuir intenciones a la empresa para ver lo que el documento hace, basta con poner un dato al lado del otro. Más del 90% del ingreso sale de depósitos en China continental y el riesgo que más pesa sobre ese ingreso es el arancel al origen chino. El remedio que el prospecto detalla es el precio. Asimismo, el remedio que el prospecto apenas menciona es el origen. Y el lector más atento de ese prospecto, antes que cualquier inversor, es la CSRC, la misma comisión que en abril de 2025 vio cómo el Ministerio de Comercio pedía que la producción no se moviera y la misma que en Londres frenó todo por el texto de una advertencia. Shein llegó incluso a estudiar la creación de una sociedad matriz en China continental, es decir, a deshacer en parte la mudanza a Singapur, para facilitar la conformidad. Y Pekín vigila además qué porción de la operación digital, los programas y los datos que son el cerebro del negocio, se maneja desde Singapur y no desde China.
El resultado es un documento extraño porque el inversor recibe una descripción minuciosa del riesgo y mucha menos claridad sobre una de las estrategias que podrían mitigarlo. Esta es la forma que toma un prospecto cuando uno de sus lectores puede vetar la cotización.
Lo que enseña el caso Shein sobre China
Existe una idea cómoda en Occidente y es que China es un competidor duro pero es un jugador del mercado. Rivaliza con precios, con escala, con velocidad, y se la puede tratar como a cualquier otro contendiente. Las empresas chinas serían compañías como las demás, solo que más baratas.
El caso de Shein muestra por qué esa idea es falsa. En un mercado, una empresa que enfrenta un arancel muda su fábrica; y una que no quiere depender de un gobierno se muda de país. Asimismo, una compañía que quiere capital elige una bolsa de su conveniencia. Shein intentó las tres cosas y China se las limitó. Lo hizo con una norma administrativa sobre quién debe registrarse para cotizar, con una convocatoria del Ministerio de Comercio que nadie reconoció por escrito y con el simple hecho de que el cuerpo de la empresa, sus miles de talleres y sus depósitos, no puede moverse sin que el Estado lo note.
Todos los gobiernos regulan a sus empresas. Estados Unidos revisa inversiones extranjeras, controla exportaciones y sanciona; y Europa también. Lo extraordinario del caso chino no es que exista regulación sino la combinación por la que Pekín puede influir a la vez sobre dónde fabrica Shein, dónde consigue su capital y qué información políticamente sensible puede exponer en el camino. Y puede hacerlo con una empresa que no tiene sede en el país, sin ventas allí y cuyo dueño cambió de residencia.
La lección de fondo es sobre dónde reside la propiedad de una empresa. Shein creyó que la nacionalidad se cambia con la sede, como quien cambia de domicilio, pero descubrió que para Pekín la nacionalidad está en las fábricas y en los datos, y que quien controla eso posee la empresa aunque el dueño viva en Singapur y los clientes en Ohio.
El precio de la correa regulatoria de China
La correa tiene un costo y se puede calcular. En 2022, el año de la mudanza a Singapur, los inversores privados valuaron a Shein en casi $100.000 millones de dólares. Cuatro años, tres bolsas y dos vetos después, la empresa salió a cotizar en Hong Kong, la plaza que Pekín aceptó, a una valuación cercana a los $27.000 millones. Es decir, unos $70.000 millones se evaporaron en el camino. No todo es culpa de la correa, los aranceles, el fin de la exención de minimis y los imitadores hicieron su parte. Pero esta correa explica por qué la empresa no pudo responder a ninguna de esas amenazas como habría respondido una empresa libre, y justifica también por qué tardó tres años en llegar a una bolsa.
Hay un detalle más que cierra la cuenta, los inversores que entraron en las rondas privadas de los años buenos tenían una protección, y si la empresa salía a bolsa por debajo de cierto valor Shein debía compensarlos. Al momento de la oferta ese resarcimiento sumaba hasta $3.500 millones de dólares en efectivo y acciones, más que todo el dinero que la empresa recaudó en la cotización. Shein salió a bolsa para pagarles a los que creyeron en la empresa global de 2022 la diferencia con la empresa china de 2026. Por eso no alcanza con decir que China no juega limpio, es peor porque no juega el mismo juego. Shein quiso ser una empresa global que fabricaba en China, pero el país le enseñó que eso no existe. Sólo está la empresa que vende afuera mientras la conformidad dure. Y alguien paga la diferencia.
Las cosas como son.
*Mookie Tenembaum aborda temas internacionales como este todas las semanas junto a Horacio Cabak en su podcast El Observador Internacional, disponible en Spotify, Apple, YouTube y todas las plataformas.

