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El Gran Juego silencioso: China devora Asia Central mientras Occidente mira para otro lado

El comercio con Asia Central se acerca a los US$100.000 millones y confirma el avance de China en una región estratégica donde también compiten otras potencias.


Mientras Washington celebra el debilitamiento del eje bolivariano en Latinoamérica y la narrativa oficial proclama que el Hemisferio Occidental vuelve al redil democrático, al otro lado del mundo se consuma un cambio tectónico que nadie quiere ver. China dejó de cooperar con Rusia en Asia Central para desplazarla activamente.

El dato duro está en el comercio entre China y los cinco "stan", Kazajistán, Kirguistán, Tayikistán, Turkmenistán y Uzbekistán. Casi alcanzó los $100.000 millones de dólares anuales. Suena impresionante, pero sin contexto no dice nada. Lo que importa es la tendencia porque hace una década esa cifra era una fracción de lo que es hoy, y la composición del intercambio revela una dependencia clásica de manual colonial. Los centroasiáticos exportan materias primas y energía; por su parte, China les devuelve productos manufacturados, infraestructura con deuda atada y redes de telecomunicaciones que controla. No hay libre comercio sino captura económica.

El caso de Kirguistán es particularmente revelador. Las cifras de exportación china hacia ese país son absurdas para una economía de su tamaño. Sin embargo, la explicación no es un misterio porque Biskek se convirtió en un centro de reexportación, algo así como una puerta trasera por donde productos chinos llegan a Rusia eludiendo sanciones occidentales. China lo sabe, lo permite y lo utiliza, ya que le conviene mantener a Rusia lo suficientemente a flote para que siga dependiendo de Pekín, pero no tanto como para que recupere autonomía. Este es un cálculo frío y preciso.

Pero el análisis no puede quedarse en la relación bilateral China-Rusia. Hay un actor que casi todo el mundo ignora y que tiene más influencia cultural en la región que cualquier potencia. Turquía lleva años construyendo lazos lingüísticos, educativos y mediáticos con los pueblos túrquicos de Asia Central. El panturquismo no es retórica vacía, ya que tiene universidades, canales de televisión y acuerdos militares. Cualquier estrategia seria para la región tiene que considerar a Ankara como variable, no como nota al pie.

Y Rusia, aunque debilitada económicamente por la guerra en Ucrania, tampoco es irrelevante. Mantiene bases militares en Tayikistán y Kirguistán. Controla flujos migratorios de los que dependen millones de familias centroasiáticas. Tiene palancas de presión que no son económicas sino demográficas y securitarias. Por lo tanto, confundir debilidad económica con irrelevancia estratégica es un error de principiante.

Aquí está el problema real para Estados Unidos. Si China consolida el control de Asia Central sin oposición, se vuelve inmune al bloqueo naval. Tiene rutas terrestres hacia Europa, acceso a energía y minerales críticos, y profundidad estratégica continental. La reconquista de influencia en Latinoamérica sería una victoria pírrica si se entrega el corazón de Eurasia.

Ahora bien, las recetas fáciles no sirven. Por ende, decir que Washington debe "ofrecer asociaciones de seguridad" a las naciones centroasiáticas y "facilitar inversión occidental en tierras raras" suena bien en un memorándum del Departamento de Estado, pero ignora realidades elementales. Estados Unidos carece de infraestructura diplomática seria en la región. Las empresas occidentales no tienen el menor interés en invertir en Tayikistán cuando pueden ir a Chile o Australia con marcos regulatorios predecibles. Y presionar a estos países para que "elijan bando" entre Occidente y China es la receta perfecta para empujarlos más hacia Pekín.

Lo que se necesita es pragmatismo y trabajar con Turquía como socio natural en la región al tiempo que se invierte en inteligencia y en relaciones con las élites locales que legítimamente temen perder soberanía ante China. Al tiempo que se ofrecen alternativas concretas y modestas que den a estos gobiernos opciones reales. Y sobre todo, dejar de ignorar que el mundo tiene más de un teatro de operaciones.

Las cosas como son.

*Mookie Tenembaum aborda temas internacionales como este todas las semanas junto a Horacio Cabak en su podcast El Observador Internacional, disponible en Spotify, Apple, YouTube y todas las plataformas.