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El cambio que duró un suspiro: el vertiginoso derrumbe de Rodrigo Paz en Bolivia

La politóloga Susana Bejarano habló con MDZ desde La Paz, y analizó el conflicto que atraviesa Bolivia y pone en jaque al gobierno de Rodrigo Paz Pereira.



Es domingo 19 de octubre de 2025 y el senador y exalcalde de Tarija, Rodrigo Paz Pereira, del Partido Demócrata Cristiano, se impone en el balotaje con el 54,96% bajo la promesa de un "capitalismo para todos". Siete meses después, el hijo del expresidente Jaime Paz Zamora gobierna cercado y enfrenta "un parto muy difícil".

La crisis invadió la rutina en La Paz. Las clases pasaron a la virtualidad y salir se volvió una odisea. El transporte público se plegó al bloqueo por falta de combustible, y lo único que sigue funcionando es el teleférico, aunque sus líneas no alcanzan a cubrir toda la ciudad. En las estaciones de servicio hay autos que llevan tres días en la cola. Algo se consigue en el mercado negro, a cuentagotas y a un precio que multiplica el del surtidor. Y para comprar comida, las filas son enormes.

Ni la peor pesadilla de Rodrigo Paz aquella noche del 19 de octubre se compara con este escenario. A propósito de la crisis brutal que atraviesa el país vecino, MDZ habló con la politóloga Susana Bejarano, que desde La Paz nos brindó un panorama detallado de lo que sucede en Bolivia.

Bolivia en crisis

Un gobierno a la defensiva

— Los cambios ministeriales que llevó adelante Rodrigo Paz para morigerar los reclamos fueron insuficientes. ¿Cuáles son las cartas de negociación que tiene en este momento?

Rodrigo Paz en realidad no realizó un cambio de gabinete como prometió que haría. Reemplazó al ministro de Trabajo debido a la renuncia del anterior. De hecho, el vocero presidencial corrigió al presidente y dijo que un cambio de gabinete "no era importante".

La carta principal de Paz fue la creación de un Consejo Económico y Social, realizado una semana después del anuncio, este miércoles.

Se dieron cita a más de 400 personas donde prácticamente no había ningún representante de las organizaciones movilizadas, la razón no solo fue un capricho político de sus detractores, sino que varias de las cabezas dirigenciales tienen órdenes de aprehensión vigentes por la movilización y el bloqueo.

En paralelo, el vicepresidente Edman Lara convocó a una reunión donde asistieron todos los jefes de bandas, la iglesia, el defensor del pueblo y algunos representantes de los movilizados.

Una reunión mucho más seria que la puesta en escena de Paz, que además terminó en una amenaza a los dirigentes: "vengan a dialogar que el tiempo se les acaba", en referencia a la virtual aplicación de un estado de sitio, que se ha convertido en la otra carta de negociación, apelar al miedo a un virtual enfrentamiento entre movilizados y las fuerzas del orden.

La abrogación de la Ley 1341 amplía el margen del Ejecutivo para recurrir a mecanismos excepcionales y eventualmente a las Fuerzas Armadas.

Sus cartas de negociación han terminado siendo defensivas y no proactivas. Esto responde a la falta de compresión del conflicto. Que se entendió que podía combatirse con narrativas que ensucien la credibilidad de los movilizados y sus demandas. Tal cosa solo crispó más el ambiente.

Por un lado, la institucionalidad hoy intenta reconstruir interlocución con sectores sindicales y campesinos no alineados orgánicamente con Evo Morales, pero la limitación es que éstas dirigencias están perseguidas.

El problema es que el Gobierno perdió rápidamente credibilidad, hablan de diálogo pero no logran generar los puentes necesarios para establecer uno serio.

La otra carta fue económica. Paz ya cedió en algunos puntos simbólicos: él y su gabinete se redujeron el salario, una medida que a ojos de la gente es insuficiente porque es ficticia.

También se derogó la ley de la reconversión de tierras que fue una de las chispas para el conflicto. También es cierto que a Paz le queda poco margen fiscal para responder estructuralmente al malestar derivado del costo de vida y la escasez.

Otra carta es narrativa e internacional. Paz intenta presentarse como un presidente acosado por una tentativa de desestabilización y ha encontrado respaldo de gobiernos conservadores, de la OEA y de Estados Unidos. Pero el apoyo externo no resuelve la legitimidad interna.

Una protesta sin un solo dueño

Crisis total en Bolivia

— ¿Cuál es la radiografía sociológica de las protestas?

La protesta es heterogénea y precisamente ahí radica su potencia. La bandera es el descontento.

No estamos frente a una sola estructura orgánica dirigida verticalmente. Lo que existe es una convergencia de malestares distintos: sindicatos obreros, maestros, mineros, transportistas, organizaciones campesinas e indígenas, juntas vecinales y sectores urbanos precarizados.

Las razones de la movilización también son diversas. Económica: inflación, desabastecimiento, crisis del combustible. Identitaria: en el área andina (La Paz, El Alto, Oruro, Potosí) que fue el electorado que le dio la victoria a Paz, existe una sensación creciente de exclusión respecto a un gobierno al que se ha percibido como más cercano a élites empresariales urbanas y menos conectado con el tejido indígena-popular que estuvo al mando del país durante décadas y que no volverá al lugar de la subalternidad.

La tercera es política. Sectores que inicialmente protestaban por medidas concretas terminaron incorporando una narrativa de “traición”.

Paz ganó como alternativa al agotamiento del MAS, pero rápidamente fue leído por parte de las bases populares como un gobierno de ajuste.

Las movilizaciones no cesan incluso después de algunas concesiones porque el conflicto dejó de ser estrictamente reivindicativo y pasó a ser un conflicto por representación y de comprensión política.

El riesgo de la mano dura

Movilización en Bolivia

— Con la abrogación de la ley 1341, ¿el gobierno gira hacia una dinámica autoritaria? ¿Existe un riesgo de que la herramienta se consolide como un mecanismo de gestión de la protesta social?

Sí, existe ese riesgo. La abrogación de la Ley 1341 elimina restricciones que regulaban el uso del estado de excepción y la participación de las Fuerzas Armadas en conflictos internos.

Formalmente, eso no implica automáticamente autoritarismo. Pero políticamente sí marca un desplazamiento: el Gobierno, o por lo menos una parte de él, está dejando de pensar que la salida a la crisis social es vía negociación y comienza a tratarla como un problema de orden público, que debe abordar con mano dura.

Ahí está el punto delicado, en Bolivia la violencia estatal trajo luto y revoluciones. Y el peligro es que una vez habilitado el dispositivo jurídico, el incentivo estatal tienda a normalizarlo como mecanismo de administración de cualquier conflicto.

Legalidad sin legitimidad

Rodrigo Paz

— ¿Con qué margen de legitimidad queda la figura de Rodrigo Paz de cara al futuro inmediato teniendo en cuenta que lleva poco tiempo en el poder?

Paz todavía conserva legalidad institucional, pero su legitimidad política se erosionó mucho más rápido de lo que probablemente imaginaba el país entero. Y eso es grave porque apenas lleva meses en el poder.

Daría la sensación que Paz inicia un ciclo de inestabilidad política parecido a lo que vivimos a inicio del siglo en Bolivia.

El problema es la velocidad con la que se quebró la expectativa de cambio, lo rápido que Paz rompió el pacto electoral.

Él se construyó una narrativa de reconciliación nacional y estabilización económica, pero sectores populares comenzaron a percibir ajuste, pérdida de subsidios y distancia social, y esto último, fue lo que más hirió a Paz. Hay una desconfianza mayor en la palabra del presidente.

Ahora tampoco se puede afirmar que el Gobierno esté aislado. No lo está. Hay clases medias urbanas, sectores empresariales y actores internacionales que respaldan a Paz y además lo ven como una barrera frente al "retorno del evismo".

Entonces, Paz mantiene apoyo entre quienes temen el regreso del MAS duro, pero pierde la capacidad de representación entre sectores populares organizados que lo han encumbrado.

Eso lo deja en una situación frágil: demasiado débil para gobernar porque su piso no es claro. No lidera claramente la derecha y ha perdido el apoyo de lo popular.

Una oposición fragmentada y oportunista

— ¿Cuál es la reacción del arco político en medio de la crisis?

El arco político aparece profundamente fragmentado y, en muchos casos, oportunista.

El oficialismo intenta instalar la narrativa de la desestabilización y vincular las protestas con Evo Morales, que vale la pena decir que no es el autor de las movilizaciones y tampoco el liderazgo que las conduce.

Evo se cuelga de estas movilizaciones con olfato político, pero hoy no es el centro del conflicto.

Por otro lado, la oposición conservadora respalda mayoritariamente el endurecimiento del Gobierno y la recuperación del control territorial. Mientras tanto, las izquierdas que estuvieron divididas, después del conflicto las banderas comunes gestan una unificación.

Hay un sector progresista crítico de Paz que rechaza las políticas de ajuste y denuncia la deriva represiva, pero que tampoco necesariamente se alinea con Evo Morales o con el bloque popular.

Y está el evismo, que intenta capitalizar el desgaste del Gobierno pero que no es el centro.

El problema para Bolivia es que casi ningún actor está pensando estratégicamente en estabilizar el sistema político. Todos parecen operar en lógica de acumulación inmediata.

Ni autor ni dueño de la movilización

evo morales

— El Gobierno de Paz acusa a Evo Morales de digitar las protestas. ¿El expresidente efectivamente tiene ese poder de movilización más allá de lo veraz de la acusación?

Evo Morales ya no tiene la hegemonía total que tuvo, pero sigue conservando capacidad real de articulación territorial, especialmente en regiones cocaleras y sectores campesinos organizados.

Reducir toda la protesta a una operación de Evo es políticamente cómodo pero analíticamente pobre e inútil internamente.

Los clivajes existentes dentro del movimiento popular existen previamente a Evo que logró darles un equilibrio cuando tuvo el poder, pero que con su salida volvieron al desequilibrio previo a su gobierno.

Evo es líder de las tierras altas que son hoy las intensamente movilizaciones en contra de Paz.

Además, existen causas estructurales del conflicto: crisis económica, malestar social, gasolina basura, percepción de exclusión y desgaste acelerado del Gobierno.

Sin esto, ninguna dirigencia podría sostener semanas de movilización nacional, no puede explicarse 10 semanas de conflicto en la figura de Evo, es una tontería.

Ahora bien, no pretendo negar que el evismo intenta influir y capitalizar el conflicto. Morales conserva cuadros, redes sindicales y capacidad narrativa; pero insisto en remarcar que no es el "dueño" de esta movilización.

Lo que el gobierno enfrenta es muy complejo. Va más allá de un líder en sí mismo. De narrativas. Incluso del malestar económico. El gobierno está ante una abierta pérdida de legitimidad.