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Cuando las corporaciones dicen "no": los límites del poder del Estado en Europa

El bloqueo del caza FCAS reabre una disputa clave en Europa: quién manda en Defensa, si el Estado o las corporaciones con su saber industrial.

El proyecto estatal está en riesgo y las corporaciones pueden rescatarlo.

El proyecto estatal está en riesgo y las corporaciones pueden rescatarlo.

Desde América Latina, observamos a Europa como el gran bloque de la diplomacia estatal, pero el estancamiento del proyecto del caza de combate francoalemán, o FCAS por su sigla en inglés, de 100.000 millones de euros revela una realidad cruda.

No es la falta de talento lo que mantiene a Europa bajo el ala de Estados Unidos, ya que empresas como Dassault poseen una capacidad técnica indiscutible que rivaliza con los gigantes norteamericanos. El verdadero obstáculo es una mutación en la arquitectura del poder, con el tránsito de un orden de Estados soberanos hacia una configuración mixta donde las corporaciones estratégicas desafían a los gobiernos y los vuelven subsirvientes a sus intereses comerciales.

Emmanuel Macron, a pesar de su retórica sobre la autonomía estratégica europea, se enfrenta a un contratista mediano que se niega a acatar sus órdenes. Dassault Aviation, controlada en un 66% por la familia fundadora, heredó una cultura de independencia feroz que le permite decir "no" a un proyecto de Estado si este amenaza su control sobre el diseño y la fabricación.

Mientras Macron intenta salvar el proyecto con el canciller alemán Friedrich Merz, el director ejecutivo de Dassault, Éric Trappier, advierte con total autonomía que la empresa tiene el conocimiento técnico para "ir sola" y no necesita socios que le impongan condiciones.

Esta dinámica invierte la jerarquía tradicional del poder geopolítico. Los presidentes franceses asumieron el rol de "vendedores en jefe" de la corporación, como se verá en la visita de Macron a India para ofrecer 100 aviones Rafale. El Estado, que teóricamente debería ser el amo del mercado al ser el único comprador, se descubre rehén de una empresa que posee el monopolio del saber técnico. Como bien señaló un ejecutivo del sector, "los ministros y presidentes vienen y van, pero Dassault permanece".

El poder de estas corporaciones no es solo técnico, sino también mediático y social, ya que la familia Dassault es propietaria del influyente diario Le Figaro y mantiene una red de relaciones que trasciende las administraciones de turno. Esta estabilidad estructural les permite resistir presiones políticas ante líderes democráticos con plazos electorales cortos.

Mientras el gobierno alemán de Merz respalda la postura agresiva de Airbus y amenaza con buscar otros socios, la dependencia europea de la tecnología de Washington se perpetúa no por incapacidad científica, sino por la imposibilidad de los Estados para domar a sus propios campeones industriales. El resultado es un escenario donde el destino de la defensa continental no se decide en los palacios presidenciales, sino en las juntas directivas de empresas que consideran que el interés nacional es, simplemente, el interés de la compañía.

Las cosas como son.

*Mookie Tenembaum aborda temas internacionales como este todas las semanas junto a Horacio Cabak en su podcast El Observador Internacional, disponible en Spotify, Apple, YouTube y todas las plataformas.