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Catálogos y globalización: desapareció un universo de inventos curiosos

Durante los noventa, catálogos y tiendas físicas vendían objetos extravagantes. La globalización y el teléfono inteligente borraron ese negocio.

La llegada de la globalización masiva terminó con los icónicos catálogos de los 90 repletos de inventos extraños.

La llegada de la globalización masiva terminó con los icónicos catálogos de los 90 repletos de inventos extraños.

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Durante los años noventa y los primeros años de la década siguiente existió en Estados Unidos un universo comercial que hoy desapareció sin dejar rastro. Ese estaba formado por catálogos impresos que se entregaban en los aviones y por tiendas físicas dedicadas exclusivamente a vender objetos curiosos, ingeniosos o directamente extravagantes. Y para un público joven esto suena extraño.

En aquel momento no existían los teléfonos inteligentes y la conexión a internet era lenta y limitada. La información viajaba despacio y la oferta de productos era reducida. El consumidor no tenía forma de comparar precios ni de ver opiniones y tampoco accedía a un mercado global de proveedores. Eso creó el espacio para un fenómeno muy particular: el negocio de los “gadgets”, siempre asociado a la idea de novedad permanente.

El catálogo más famoso se llamaba SkyMall y estaba presente en la mayoría de los vuelos internos de Estados Unidos. El pasajero se sentaba, miraba por la ventana, se aburría durante varias horas y encontraba en el asiento una revista gruesa llena de inventos raros. Los productos iban desde despertadores con luces que imitaban el amanecer hasta masajeadores, robots domésticos primitivos, fuentes decorativas, teléfonos curiosos y todo tipo de dispositivos difíciles de conseguir en cualquier tienda tradicional. El modelo funcionaba con una lógica simple: el pasajero estaba cautivo, no tenía otras distracciones y la revista ofrecía objetos que en la vida cotidiana resultaban imposibles de encontrar. La compra se hacía por correo o por teléfono y la promesa de originalidad justificaba precios altos.

En paralelo existían tiendas especializadas en ciudades grandes. La más emblemática era Hammacher Schlemmer, ubicada en Manhattan. Sus locales parecían museos dedicados a la novedad tecnológica donde cada estante exhibía aparatos únicos. El público los visitaba como quien busca un tesoro y la sensación de que allí siempre aparecía algo que no existía en ningún otro lugar creaba un flujo constante de curiosos y compradores. El negocio se mantenía gracias a la asimetría de acceso a la información. Una tienda que conseguía un nuevo dispositivo antes que los competidores generaba una ventaja real durante meses. El consumidor no podía importar esos productos fácilmente ni sabía cómo encontrarlos fuera de ese circuito.

El auge se detuvo cuando aparecieron tres fuerzas simultáneas. La primera fue el comercio electrónico con Amazon que con el tiempo se transformó en un catálogo ilimitado. Cualquier persona busca un objeto, compara precios, lee opiniones y recibe el producto en su casa sin esfuerzo. La segunda fuerza fue la globalización logística, porque a partir de mediados de los 2000, miles de fábricas de Shenzhen producen versiones baratas de casi todos los dispositivos que antes se veían como rarezas. Los productos ya no necesitaban un intermediario que los seleccionara. El consumidor accede directo a ellos. La tercera fuerza fue el surgimiento del teléfono inteligente, con el iPhone y sus imitaciones. Estas absorbieron funciones que antes requerían aparatos separados como la cámara, linterna, reproductor de música, calculadora, GPS, grabador de voz y un largo listado de herramientas. La categoría “gadget independiente” perdió sentido cuando un solo dispositivo reemplazó a diez.

Estos tres cambios alteraron la ecuación comercial y las tiendas especializadas perdieron la exclusividad. El público cautivo de los catálogos a bordo migró a su teléfono durante el vuelo. El modelo de precios altos se volvió imposible porque la competencia global redujo los márgenes. SkyMall quebró en 2015 y Hammacher Schlemmer existe como negocio de regalos costosos y artículos muy puntuales, aunque sin el impacto que tuvo durante su época dorada.

La desaparición de este mundo no fue un proceso cultural, sino la consecuencia directa de un cambio tecnológico y logístico que eliminó la fricción para la existencia de esos negocios. Cuando la información se volvió instantánea y el consumidor accedió a un mercado global de productos, el concepto de rareza tecnológica dejó de ser una ventaja comercial. El negocio de los gadgets vivió del aislamiento informativo y terminó en el momento en que ese aislamiento se desvaneció. El resultado es que toda una generación nunca vio esas revistas en los aviones ni esas tiendas llenas de inventos extraños porque el ecosistema que las sostenía dejó de existir en cuanto el mundo se volvió completamente accesible desde un teléfono.

Las cosas como son.

*Mookie Tenembaum aborda temas internacionales como este todas las semanas junto a Horacio Cabak en su podcast El Observador Internacional, disponible en Spotify, Apple, YouTube y todas las plataformas.