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Historia de un fracaso: la infraestructura en Estados Unidos

El gasto crece, ante burocracias que no cuidan eficiencias.
El Ejército de Estados Unidos puso fin a la misión del muelle temporal frente a la costa de Gaza
El Ejército de Estados Unidos puso fin a la misión del muelle temporal frente a la costa de Gaza

Durante el conflicto entre Israel y Hamás, el presidente Biden propuso la construcción de un muelle flotante en Gaza para facilitar la entrega de alimentos y ayuda humanitaria. Este proyecto, que costó 230 millones de dólares, se destacó por su apresurada ejecución y fallida implementación. La estructura, instalada en medio de la ofensiva israelí en Rafah y la clausura de los dos cruces fronterizos del sur, pretendía suplir las entregas terrestres mediante un corredor marítimo desde Chipre hasta Gaza.

El muelle, sin embargo, nunca fue diseñado para soportar las aguas turbulentas del Mediterráneo, conocidas por sus estados de mar agitados. Poco después de su puesta en marcha, la estructura sufrió daños irreparables y quedó inoperativa en repetidas ocasiones, llevando a una inversión que no cumplió con las expectativas iniciales. A pesar de los intentos de reparación, el muelle estuvo más tiempo fuera de servicio que en funcionamiento, y hasta el momento, solo canalizó una cantidad mínima de ayuda.

Este fracaso no es un caso aislado, sino parte de un patrón preocupante en la gestión de proyectos de infraestructura por parte del gobierno de Estados Unidos. Un ejemplo similar es el del puente Key de Baltimore, cuya reconstrucción se prolonga tras el impacto de un buque en marzo debido a la burocracia y la falta de personal capacitado.

El Pentágono, en particular, fue criticado por su derroche de fondos. Entre los casos más notorios se encuentra el programa del avión de combate avanzado F-35, que superó su presupuesto inicial en cientos de miles de millones de dólares y aún no cumple con las capacidades prometidas

Otro ejemplo es el programa JLENS, que involucró el uso de dirigibles para la detección de amenazas aéreas y que resultó en la pérdida de uno de estos aparatos tras un accidente, además de no reconocer una incursión aérea sobre Washington D.C.

Además, el Departamento de Defensa gastó cantidades exorbitantes en artículos aparentemente triviales, como asientos de inodoro de 14,000 dólares y un juego de sillas de cuero valorado en 9,000 dólares

Estos ejemplos ilustran una tendencia alarmante de mala gestión financiera y falta de rendición de cuentas dentro del Departamento de Defensa estadounidense, exacerbada por el hecho de que esta es la única agencia federal que nunca pasó una auditoría completa, a pesar de controlar más de un tercio del gasto discrecional del gobierno.

La ineficacia y el derroche en la gestión de estos proyectos representan una pérdida significativa de dinero para los contribuyentes estadounidenses y ponen en evidencia una cultura de indiferencia hacia la responsabilidad fiscal. Como muchos han señalado, la actitud de "la plata no es mía" parece permear las decisiones de los empleados públicos, resultando en proyectos costosos que no cumplen con sus objetivos y desperdician recursos que podrían haberse utilizado de manera más eficiente y efectiva.

Las cosas como son.

*Mookie Tenembaum aborda temas internacionales como este todas las semanas junto a Horacio Cabak en su podcast El Observador Internacional, disponible en Spotify, Apple, YouTube y todas las plataformas.