Con la elección de su candidato a vice, Donald Trump ya piensa en su legado
Donald Trump eligió al senador de Ohio, James David Vance, como su compañero de fórmula para las presidenciales de Estados Unidos. Si bien JD es relativamente desconocido en la comunidad hispana, estaba entre los posibles candidatos a vicepresidente del Partido Republicano por su perfil, por su pensamiento y, sobre todo, por su lealtad.
JD tiene solo 39 años y su historia, corta pero sumamente intensa, sintetiza en buena manera el “sueño americano”. Nació en un hogar lleno de violencia y drogas en la ciudad de Middletown, Ohio, el estado que supo ser un gran polo industrial pero que fue decayendo en las últimas décadas producto de las malas políticas de Washington y la competencia desleal de la China comunista. Sin embargo, guiado por los consejos de su abuela, JD logró atravesar obstáculo tras obstáculo. Se alistó en el cuerpo de marines y sirvió en la guerra de Irak. A la vuelta, estudió en la Universidad Estatal de Ohio y, dado su sobresaliente desempeño académico, consiguió un lugar para seguir sus estudios en la prestigiosa Facultad de Derecho de Yale.
El salto a la “fama” lo dio en 2016 cuando escribió sus memorias tituladas "Hillbilly Elegy" (“Una elegía rural”), un bestseller que cuatro años más tarde, de la mano de Netflix, se convertiría en película.
Si bien JD criticó al entonces candidato Trump cuando este daba sus primeras incursiones para ganar la nominación del Partido Republicano, más tarde pediría disculpas públicamente y se convertiría en uno de sus asesores más cercanos. En 2022 ganó su escaño como senador y, de continuar la tendencia de la preferencia electoral que reflejan las encuestas, se convertirá en el próximo vicepresidente de Estados Unidos.
JD coincide con los aspectos más destacados de las políticas MAGA. Este converso católico es un conservador de primera línea, representando los valores fundantes de la nación estadounidense: la familia tradicional como base de la sociedad, la fe en Dios y la defensa a ultranza de las libertades civiles y políticas manifestadas en la Constitución.
En política exterior, ha dicho en múltiples oportunidades que hay que buscar un acuerdo de paz entre Ucrania y Rusia, que probablemente implique que Kiev ceda una parte de su territorio a Moscú. JD ha criticado fuertemente la millonaria ayuda del Pentágono al gobierno de Volodimir Zelensky y está convencido de que es imposible que el ejército ucraniano venza al ruso, aun si Estados Unidos redobla su ayuda. La prolongación del conflicto, en su mirada, solo ha provocado la destrucción de Ucrania. Esta es básicamente la tesis de Trump. De hecho, también coincide con el líder del movimiento MAGA en el apoyo a Israel y en su legítima defensa del ataque terrorista de Hamas.
Por todo ello, y otros aspectos de la personalidad y el pensamiento de Vance, Trump parece haber visto en este joven político el futuro de su país que no es más que el retorno a los pilares que llevaron a Estados Unidos a ser esa gran potencia respetada, admirada y temida por el resto del mundo.
Vance representa al americano que se levanta temprano para salir a trabajar y mantener a su familia, y que está dispuesto a dar su vida por los suyos -y ello incluye por supuesto a sus compatriotas-. De imponerse en las urnas el 5 de noviembre, el vice de Trump será el ejemplo que quiere dejar el líder republicano a las nuevas generaciones. Es decir, el típico estadounidense -ya sea obrero, agricultor, estudiante o empresario- de la América profunda, esa que es invisibilizada por los grandes medios de comunicación ubicados en la costa este.
De esta forma, con sus 78 años, y sabiendo que -de ganar- este será su último mandato, Trump ya piensa en el futuro de su país. Si tiene una buena gestión, como obviamente está convencido de que lo logrará, proyecta que el Partido Republicano se quede, al menos, otros ocho años más en la Casa Blanca, luego de que él la deje en enero de 2029.
Es que el GOP (sigla en inglés del “Gran Partido Viejo”, como también se lo conoce), se ha convertido en el representante de las masas populares y del empresario estadounidense que quiere progresar compitiendo honestamente, sin la injerencia estatal, la competencia desleal china y sin la imposición de ideologías que bajan del estado, de organismos supranacionales o de las llamadas ONG. El Partido Demócrata, por el contrario, se ha convertido en el partido de las minorías elitistas, del progresismo foráneo y ha sido el encargado, en buena parte, de permitir la infiltración de los enemigos del país (sobre todo del Partido Comunista Chino).
En síntesis, Trump ha elegido un compañero de fórmula que no solo le garantizará lealtad (aspecto fundamental, teniendo en cuenta la experiencia de Mike Pence) sino que este reflejará el país que él quiera dejar como legado: el Estados Unidos que supo ser ejemplo del mundo libre. En otras palabras, como bien dice su histórico slogan de campaña, está invitando a todos sus compatriotas a “Hacer Grande a Estados Unidos de Nuevo”.

