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Tormenta perfecta en Brasil: cuentas en rojo, devaluación sin precedentes y la imagen de Lula “por el piso”

La baja popularidad de Lula y del Partido de los Trabajadores están siendo rápidamente capitalizados por una oposición, que si bien está relativamente fragmentada, aparece cada vez más fortalecida.
Foto: EFE
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Brasil enfrenta una tormenta perfecta que amenaza con desestabilizar tanto su economía como su liderazgo político. El creciente déficit fiscal, la devaluación histórica del real y la salud delicada de su presidente, Luiz Inácio Lula da Silva, son algunos de los factores que han sumergido al gigante sudamericano en un mar de incertidumbre.

A ello se añade que la baja popularidad de Lula y del Partido de los Trabajadores (PT) están siendo rápidamente capitalizados por una oposición, que si bien está relativamente fragmentada, aparece cada vez más fortalecida. ¿Estamos presenciando el ocaso político de quien otrora fuera el líder de la izquierda en Hispanoamérica?

“Es la economía, estúpido”

Tal como alguna vez dijo el expresidente estadounidense, Bill Clinton, para explicar el comportamiento de los votantes, “es la economía, estúpido”, en Brasil los alicaídos indicadores macroeconómicos explican la caída de la imagen del dirigente del PT.

El déficit fiscal brasileño ha alcanzado niveles alarmantes en el último tiempo. En comparación con la administración de Jair Bolsonaro, que dejó un déficit del 3,1% del PIB, Lula ha duplicado las cifras en menos de dos años de mandato. Según el Ministerio de Economía, el déficit fiscal de 2024 representa el 6,2% del PIB, marcando un récord negativo que complica la confianza de los inversores.

La situación fiscal ha provocado un aumento de la emisión monetaria que se ha trasladado a los precios y finalmente a una presión sobre el tipo de cambio (un mecanismo que hasta hace poco en Argentina era frecuente).

El real brasileño se ha depreciado un 24% frente al dólar en lo que va del año, alcanzando su nivel más bajo en una década. En una entrevista exclusiva con MDZ, el diputado del Partido Liberal Diego Castro explica que “el real fue la moneda que más se devaluó en 2024 porque la inflación subió muchísimo en Brasil y el gobierno gastó más de lo que recaudó en estos últimos años”.

Esta situación fiscal precaria ha llevado al gobierno a implementar medidas impopulares, como el aumento del IVA al 28,6%. "Hoy tenemos el mayor impuesto sobre el valor agregado del mundo, superando incluso a Hungría", apuntó al respecto Castro, quien pertenece a la formación política liderada por Bolsonaro.

Aprobado el pasado 14 de diciembre, es esperable que este incremento sin precedentes del IVA afecte negativamente el poder adquisitivo de los consumidores, encareciendo bienes y servicios y ejerciendo presión adicional sobre las pequeñas y medianas empresas. "Esto tiene que ver con la búsqueda de compensar el déficit fiscal, pero lo que van a terminar teniendo es un fracaso rotundo", afirma al respecto María Laura Assis, periodista brasilera corresponsal en Argentina, en un diálogo con MDZ.

Al explicar las políticas recientes impulsadas por el Palacio de Planalto, Assis sostiene que estas terminarán fracasando porque “son medidas que aumentan los impuestos a los ciudadanos y en lugar de traer más prosperidad al mercado brasileño, lo que traen es justamente esa opresión sobre la población brasileña que tiene que pagar cada vez más para tratar de salvar las cuentas públicas de su país".

El declive

A nivel político, el panorama tampoco es alentador. Lula, de 79 años, enfrenta serios problemas de salud tras sufrir una hemorragia cerebral que lo mantuvo varios días en terapia intensiva. Si bien fue dado de alta recientemente, su condición ha generado dudas sobre su capacidad para liderar el país en una situación tan crítica.

Además, lejos en el tiempo ha quedado aquel 80% de imagen positiva que gozaba Lula al finalizar su último mandato en el año 2010. Por el contrario, su popularidad hoy se encuentra en mínimos históricos: sólo el 31% de los brasileños aprueba su gestión, según una encuesta de Datafolha publicada en diciembre. Assis resalta que, en efecto, el apoyo a Lula ha ido decayendo desde que asumió el poder en enero de 2023: "Muchos ya se han arrepentido. Yo diría que hoy Lula ni siquiera llega a ese tercio con el cual llegó a conquistar la silla presidencial".

La encrucijada del PT

En este marco no sorprende que el oficialista Partido de los Trabajadores haya sufrido reveses importantes en las urnas.

En las elecciones regionales de este año, el PT obtuvo sus peores resultados en dos décadas, cediendo terreno a partidos de derecha y centro que ahora concentran mayoría en el Congreso y en los estados más importantes del país.

“El PT esperaba tener unos 400-450 alcaldes y solamente obtuvo 252”, comenta Castro. Además, destaca que el partido logró conservar sólo una de las 27 capitales de Brasil, específicamente Fortaleza, que se encuentra en el bastión del PT, que es el nordeste del país. En comparación, en las elecciones de 2004 el partido de izquierda había ganado 15 capitales estatales.

Este debilitamiento del PT no solo supone una pérdida de influencia política inmediata, sino que podría reconfigurar la política brasileña al fortalecer aún más el protagonismo de las formaciones de derecha y del centrão que son percibidas como más idóneas para encauzar la economía de cara a las elecciones de 2026.

El contraste argentino

Como contraste de su vecino del norte, Argentina vive una situación económica sustancialmente distinta bajo el gobierno de Javier Milei.

La inflación, uno de los principales problemas de nuestro país en los últimos años, ha caído significativamente bajo la gestión de Milei. Según datos del INDEC, pasó de una tasa mensual superior al 25% en diciembre de 2023 al 2,4% registrado en noviembre de este año.

Además, de acuerdo a un informe de GMA Capital basado en datos del BIS, el peso argentino se convirtió en la moneda más fortalecida a nivel mundial en 2024, con una revalorización del 40,1% en términos reales entre diciembre de 2023 y octubre de 2024.

Asimismo, a partir del 23 de diciembre, la gestión libertaria no ha renovado el Impuesto Para una Argentina Inclusiva y Solidaria, más conocido por su sigla PAIS, que gravaba las operaciones en moneda extranjera, buscando aliviar la carga fiscal de la población y fomentar el comercio.

Tras un severo ajuste fiscal, que incluyó una reducción del gasto público de más del 15%, la recesión parece haber llegado a su fin, y el PIB muestra un crecimiento proyectado del 3,8% para 2025, de acuerdo con el último informe del Banco Mundial. Este escenario optimista ha generado expectativas positivas en los mercados y una renovada confianza entre sectores empresariales.

Ante estos datos, la comparación de Argentina con Brasil, tanto para Assis como para Castro, es inevitable.

"Lula, en lugar de buscar esa libertad económica, sólo está poniendo nuevos impuestos a la sociedad, parecido a lo que hizo [el expresidente] Alberto Fernández en Argentina en los últimos años. Después, obviamente, cuando los resultados no son positivos, tira esa culpa a otros países o al gobierno anterior, así como hacía Alberto Fernández. Es el mismo sistema que utilizan todos los países socialistas", afirma la periodista.

"Mientras tanto, los 'gobiernos opresores', los 'gobiernos dictatoriales', que son los gobiernos de la derecha, según los zurdos, terminan siendo gobiernos de libertad económica y de prosperidad, como estamos viendo que está ocurriendo hoy en Argentina", agrega.

Castro, quien viajó para participar del acto de asunción de Milei en diciembre de 2023, coincide y complementa asegurando que el economista de 54 años “hoy representa el soplo de esperanza de América del Sur".

Ante este escenario, ¿podrá Lula revertir la situación con un Congreso adverso y una oposición en ascenso? ¿Será suficiente su experiencia política para recuperar la confianza perdida, tanto a nivel nacional como internacional? Y, más importante aún, ¿qué sucederá si su salud le complica cumplir a rajatabla con su mandato?

Con elecciones programadas para 2026, el tiempo no está del lado de Lula ni del PT. El debilitamiento económico, la crisis de liderazgo y el auge de una derecha fortalecida configuran un panorama sombrío para la izquierda brasileña. La pregunta ya no parece ser solo si Lula podrá terminar su mandato, sino qué quedará de su legado político cuando lo haga.