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La peligrosa línea roja que cruzó Estados Unidos en Ucrania (y de la que es tan difícil volver)

En contra de su política hasta la fecha, Estados Unidos decidió enviar a Ucrania armamento con el que Kiev por primera vez podría atacar directamente territorio ruso, un escenario de impredecibles consecuencias, y al que Moscú ya respondió diciendo que lo consideraría un "ataque directo" de Occidente.
Una bomba planeadora GLSDB como las que Estados Unidos enviará a Ucrania Foto: El Mundo
Una bomba "planeadora" GLSDB como las que Estados Unidos enviará a Ucrania Foto: El Mundo

En su periplo europeo, Volodímir Zelenski presentó un solo ruego desesperado: aviones de combate. Y nadie le dijo que sí, pero nadie le dijo que no. En el caso de Estados Unidos, Washington respondió a esa petición cruzando una delgada y peligrosa línea roja que la propia Casa Blanca se había trazado, y respondió de ese modo al empezar a enviar "armamento ofensivo" a Ucrania

Dentro de su nuevo envío de ayuda militar por valor de US$2.000 millones, Estados Unidos ya decidió entregar a Ucrania las bombas GLSDB, también conocidas como "bombas planeadoras", bombas de pequeño diámetro lanzadas desde tierra (Ground-Launched Small Diameter Bomb, por sus siglas en inglés), lo que implica que Ucrania podría llevar la línea de fuego a territorio ruso con el nuevo armamento, algo que sistemáticamente trató de evitar la Administración Biden desde el comienzo de la guerra, la "escalada del conflicto".

Es más: fue precisamente ese temor, que Kiev buscara bombardear más allá de las fronteras de la Federación Rusa, lo que llevó a Estados Unidos a descartar tanto el envío de los misiles ATACMS, capaces de alcanzar 270 kilómetros de distancia, como el de los drones de largo alcance Gray Eagle MQ-1C, con una autonomía de vuelo de 25 horas a más de 300 km/h.

Foto: US Army. Misiles ATACMS.

Sin embargo, algo empezó a cambiar hace un tiempo con el envío de las lanzaderas de cohetes HIMARS, y otro tanto habrá de acontecer más aun cuando lleguen a territorio ucraniano los tanques M1 Abrams.

Foto: US Army. Lanzadera de cohetes HIMARS.

No cabe duda: Estados Unidos ha pasado al ataque, ha olvidado la promesa de Joe Biden de que solo harían llegar a Ucrania armas que pudieran utilizarse para defenderse del agresor, pues ahora las armas están claramente vinculadas con las acciones ofensivas, y se está volviendo completamente impredecible a dónde puede conducir este nuevo escenario.

Moscú respondió de manera muy clara a través de Dmitri Peskov, el portavoz de la Presidencia: "Occidente está cruzando la frontera entre ataque indirecto y ataque directo", afirmó, para añadir que "la entrega de aviones solo alargará la guerra provocando más sufrimiento al pueblo ucraniano".

Foto: Télam. Dmitri Peskov.

La entrega de “armas ofensivas” tal vez no genere un desequilibrio definitivo en la guerra en sí misma, pero sí implica un desequilibrio más radical y en absoluto imperceptible: Estados Unidos forma definitivamente parte del conflicto como uno de los contendientes, aunque lo haga de forma oblicua y vicaria, de la guerra de Ucrania a la guerra en Ucrania, y todo ello como consecuencia de un cambio de política y estrategia cuyo alcance es todavía difícil pronosticar.

Desde la II Guerra Mundial -y tras Pearl Harbor- la Casa Blanca no realizó formalmente ninguna declaración de guerra, ni en Corea, ni en Vietnam, ni en Irak, ni en Afganistán. Tal vez tenga otros modos de hacer saber lo que quiere.

En ocasiones, pocas, muy pocas, es cierto, los políticos cometen un grave error en su discurso y terminan diciendo la verdad. Eso mismo ocurrió hace poco en el Consejo de Europa con la ministra alemana de Exteriores, Annalena Baerbock, cuando afirmó, furcio o no, que “estamos luchando nuestra guerra contra Rusia”.

Foto: DW. Annalena Baerbock y el ministro de Exteriores de Ucrania, Dmitro Kuleba.

Aunque a todas luces faltaría definir qué acciones concretas la hacen propiamente “nuestra”, y para quiénes, sin ninguna duda Joe Biden ha dado un primer paso, ha cruzado una delgada y peligrosa línea roja. Por el bien de todos, ojalá que no haya sido en falso.