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Del triunfo en Kharkiv a las protestas por el costo de la energía

Los espectaculares avances del ejército ucraniano, recuperando el control sobre 8.400 km de su propio territorio son sólo un aspecto —si bien crucial— de lo que hay para analizar en el actual escenario europeo.
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Otro aspecto es el agobio al que se ven sometidos los ciudadanos del viejo continente frente al alza en los precios de la energía. En Austria, los sindicatos ejercen una fuerte presión: se estima unas 32 mil personas salieron a las calles para reclamar que se tomen medidas eficaces para paliar el impacto por la suba de los precios de la energía y los alimentos. La Federación Austríaca de Sindicatos (OFB) reclama o bien una fuerte baja de los precios, o que se eleve el salario básico a dos mil euros.

Dicha cifra representa el doble del salario promedio actual en Europa, y expresa ciertamente lo que está ocurriendo en una economía que lleva 40 años de estabilidad. La respuesta vino de boca del primer ministro austriaco Karl Neannhamer, quien pidió desacoplar el precio del gas del precio de la energía que pagan los usuarios. Su mensaje fue fuerte: “no podemos dejar que cada día Putin decida el precio de la energía que pagamos los europeos”.

El día a día en el viejo continente es tenso a consecuencia de la guerra pero, a pesar de ello, la presidenta de la Comisión Europea, Úrsula Von Der Leyen, sostuvo que el conjunto de naciones que la integran estarán junto al pueblo ucraniano hasta la derrota final de Putin y el fin de su “operación especial”.

El damero de medidas que están tomando los gobiernos europeos para enfrentar esta situación van desde la baja de la temperatura en la calefacción hasta la firma de acuerdos para construir nuevos gasoductos en tiempo récord. Por ejemplo, si bien sólo el 4% del gas que consume Suiza proviene de Rusia, las autoridades plantean medidas rigurosas para el control del consumo de combustibles frente a la llegada del invierno boreal.

Quizá alguien evalúe que no es el momento político para dar este análisis, pero no es fácil obviar la enorme responsabilidad de Ángela Merkel y la relación especial que mantuvo, mientras estuvo en el poder, con Vladimir Putin. La ex canciller germana fue quien buscó y benefició la relación con el autócrata ruso que condiciona hoy a toda Europa.

Merkel es nacida y criada en la República Democrática Alemana (RDA). En un libro publicado en 2013 titulado “La primera vida de Ángela Merkel”, los autores plantean su pasado como niña “pionera” y su rol de “secretaria de agitación y propaganda” de la juventud socialista FDJ. Tan brillante era, que recibió una medalla al mérito por su excelente nivel del idioma ruso.

Es necesario debatir esos años, y las decisiones que se tomaron en ese entonces, que hoy impactan al presente y futuro no sólo de Europa, sino de todo el mundo.