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Cómo tortura física y psicológicamente la dictadura cubana a los disidentes políticos

El índice de mortalidad es similar al del Coronavirus, dos por ciento, pero como existen cuatro serotipos distintos, la posibilidad de reinfección aumenta de manera exponencial la letalidad.


“Hace ya más de un mes que no sabemos absolutamente nada sobre mi hermano, José Daniel Ferrer. El pasado cinco de septiembre fue la última vez que la familia pudo verle. En esa ocasión, su esposa, Melva Ismaraiz, pudo estar apenas quince minutos con él. Lleva cuatro meses viviendo en ropa interior, apenas lleva calzoncillos como toda protección. El penal se encuentra en una zona endémica de dengue, lo que lo deja expuesto cada minuto a las picaduras de mosquitos que podrían ser mortales. Las celdas, por supuesto, no tienen ninguna clase de mosquitero o protección contra los insectos” denunció Ana Belkis Ferrer, quien logró escaparse de la isla hace pocos meses y hoy reside en Texas, Estados Unidos.

En Cuba, el  Aedes aegypti sobrevive todo el año, ya que no existen temporadas frías que lo obliguen a retroceder.

Su índice de mortalidad es similar al del Coronavirus, dos por ciento, pero como existen cuatro serotipos distintos, la posibilidad de reinfección aumenta de manera exponencial la letalidad.

José Daniel es un activista opositor de 52 años que abrazó la causa de la defensa de los Derechos Humanos en Cuba. Se trata de una de las cabezas visibles que impulsó una masiva protesta el 11 de Julio de 2021. La sorpresiva movida hizo temblar al régimen de La Habana.

Desde entonces, es paseado por verdaderas mazmorras y celdas de castigo, Su familia se ve obligada a pedir de manera permanente “pruebas de vida”.

La Fiscalía pidió contra Ferrer García la pena de muerte por haber defendido públicamente la consigna “Patria y Vida”.

Ha protagonizado numerosas huelgas de hambre en prisión en los reiterados periodos de cautiverio que ha debido soportar.

“Lo torturan de manera física y psicológica. Se sostiene a base de comida que cada 45 días le llevamos de manera particular. En el último año ha perdido casi veinte kilos. Presenta fuertes dolores musculares de manera permanente. Le niegan el derecho a las llamadas telefónicas durante meses. Quieren destruirlo, doblegarlo y obligarlo a que acepte el exilio”.