¿Haber estudiado nos puede salvar de males como el Alzheimer?

¿Haber estudiado nos puede salvar de males como el Alzheimer?

¿El grado de instrucción puede prevenir la destrucción de neuronas? ¿Cómo es la relación entre los aprendizajes logrados y la alteración cerebral?&nbsp;<br>

¿Qué estudios has hecho?, le pregunté a Mario, un hombre robusto de 80 años que me miraba atento. “Ninguno, licenciada. Yo no fui a la escuela”. Acto seguido, la robustez se desarmó ante las lágrimas, “¿usted sabe lo que hubiera dado por aprender?, no se imagina la impotencia que siento cuando veo un cartel y no entiendo lo que dice”, confesó dentro de un breve paréntesis que su enfermedad de Alzheimer abrió.

Incontables veces nos preguntan si las personas que han estudiado una carrera universitaria pueden tener demencia. Existe una creencia acerca de que si hemos estudiado mucho, nuestro cerebro estará inmunizado. “El educado difiere del no educado tanto como el que vive difiere del muerto”, dice un antiguo refrán.

En neurociencias hablamos de reserva cognitiva para referirnos a la capacidad que tiene el cerebro de compensar el deterioro propio del paso del tiempo o el asociado a patología cerebral. En gran medida, esta capacidad está determinada por la actividad que se haya tenido previamente, a los conocimientos que se hayan incorporado y a los hábitos de vida, entre otros factores. Consideramos que es un concepto multifactorial, porque implica cantidad de neuronas, densidad de conexiones y estrategias aprendidas para enfrentar problemas.

A lo largo de nuestra vida vamos incorporando conocimientos que pueden provenir de experiencias o de un aprendizaje formal. Cualquiera de las dos posibilidades hace que nuestras neuronas establezcan nuevas conexiones entre sí, a mayor número de conexiones, más pausado será el proceso de deterioro propio de la edad y, de existir una demencia, más lenta será su evolución.

Imaginen un árbol. Uno que tenga muchas ramas con infinita cantidad de hojas cada una. Imaginen que ese árbol es atacado por una plaga. Sin lugar a dudas, llevará mucho tiempo destruir tantas extensiones. Por lo menos, más que si el árbol adoleciera de ramas y hojas. Lo mismo ocurre con nuestro cerebro. Una mayor reserva cognitiva, producto de las habilidades conseguidas por la educación y la ocupación a lo largo de la vida, aumentará el número de neuronas, por ende, las sinapsis. Más tiempo le tomará a cualquier enfermedad destruirlo.

La reserva cerebral, por otro lado, hace referencia a las características, composición y estructura de cada cerebro. Determina sus fortalezas y resistencia al paso del tiempo. Es decir que la reserva cerebral influye en la reserva cognitiva.

Un número significativo de investigaciones han señalado que las personas que tienen mayor reserva cerebral y cognitiva, presentan menos daño en su sistema nervioso, pudiendo enfrentar mejor los ataques de la demencia. De hecho, cuando se comparan casos de pacientes que transitan el mismo estadío de enfermedad de Alzheimer, las que han recibido educación por más tiempo, presentan mayor enlentecimiento en la progresión de la enfermedad de las que no.

Es importante aclarar que la reserva cognitiva no previene bajo ningún punto de vista el deterioro cognitivo. Sencillamente, posterga su aparición y ralentiza el avance de la enfermedad. Entonces, no podemos decir que porque hayamos estudiado una carrera universitaria y logrado mil post títulos no padeceremos deterioro. Sí podemos aseverar que estaremos cerebralmente mejor protegidos frente al avance del mismo. Por ese motivo aconsejamos que, además de la educación ya recibida, hay que estar en constante actividad mental, procurando aprender de manera permanente.

¿Qué hábitos podemos adquirir para mejorar nuestra reserva cognitiva?

- Seguir estudiando o adquiriendo nuevos conocimientos

- Leer algo sobre lo que no sepamos todos los días

- Tener actividades de ocio o placer

- Plantearse retos o desafíos nuevos constantemente

- Jugar con los nietos lo más seguido que se pueda

- Romper las rutinas, tratar de hacer las cosas de diferente manera cada día

- Alimentación sana

- Ejercicio Físico todos los días

- Actividad social

- Dormir la cantidad de horas adecuadas

Parece entonces, que el saber sí ocupa lugar: extiende la comunicación de neuronas aumentando la densidad de las dendritas.

El cuidado de nuestro cerebro requiere un trabajo diario. La constancia, la perseverancia, la motivación juegan un papel esencial. En este sentido, creo que el aprendizaje nunca debe terminar ni limitarse.

Lic. Cecilia C. Ortiz / Neuropsicóloga / licceciortizm@gmail.com

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