“No me reconoce”: El síntoma triste de la Enfermedad de Alzheimer

Causa angustia y desconcierto en los seres queridos. Es quizás uno de los síntomas más duros de la enfermedad, y muchas veces considerado característico de las etapas más avanzadas.

cecilia ortiz

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A veces, una mirada, un gesto de complacencia alcanzan para mitigar el dolor que genera cuidar a un paciente con demencia. Pero, cuando esa mirada acusa perplejidad y acompaña a una sentencia de desconocimiento, el dolor es inconmensurable.

Los trastornos de la identificación, consisten en la interpretación errónea de personas o lugares conocidos. “¿Quién es usted?”, pueden preguntarle a un hijo o al cónyuge. Situación que genera angustia en ambos bandos. Desde el paciente, porque, de repente, se encuentra ante un ser desconocido. Desde el familiar, porque aquella persona que nos acompañó durante tanto tiempo, hoy no sólo no recuerda nuestro nombre, sino que, además, nuestra cara se le presenta como extraña.

La incidencia de esta alteración no ha sido estudiada rigurosamente. En el año 2008, científicos estudiaron a 392 pacientes diagnosticados con Alzheimer. Encontraron que un 15,8 % presentaba alteración en el reconocimiento de seres queridos.

Hasta hace unos años, se pensaba que ésta era una manifestación propia de los estadíos avanzados de la enfermedad. Pero un estudio reciente realizado por la Universidad de Montreal, Canadá, encontró que podría acompañar a los pacientes desde las etapas iniciales.

La capacidad de reconocer un rostro como familiar implica que el aparato sensorio esté intacto. El paciente puede percibir las partes e integrarlas en una gestalt con sentido, esto quiere decir que sabe que lo que está viendo es una parte del cuerpo y que eso se corresponde con lo que conocemos como cara. Lo que falla es el capítulo que sigue, esto es, emparejar eso que se ve con el archivo semántico y darle el nombre que corresponde.

Así, el paciente se comporta como si fuera la primera vez que ve ese rostro. Es lo que se conoce como prosopagnosia. Esto se debe a que las regiones del cerebro encargadas de la percepción facial se alteran. Actuales estudios demuestran que mucho antes de lo que se creía.

Existen también otras variantes, como por ejemplo:

- Síndrome de Capgras o delirio de impostores: La persona piensa que el familiar ha sido reemplazado por un impostor idéntico

- Síndrome de Fregoli: Creencia de que conocen a una persona cuando no es así

- Huésped fantasma: Creencia de que existen personas extrañas viviendo en la casa. Puede ir acompañado de alucinaciones

Por lo general, estos síndromes se acompañan de un marcado deterioro cognitivo.

Le reacción de los seres queridos ante este síntoma no suele ser positiva: genera desconcierto, angustia, dolor. Sobre todo, porque suele acompañarse de conductas de alejamiento, hostigamiento y hasta agresivas por parte del paciente.

Lo primero que hay que entender es que no es intencional. El paciente está respondiendo a la información que, en ese momento, su cerebro le envía y que está impregnada de realidad. Entonces, oponerse no es fructífero.

El intentar corregir, el dar razones, no ayuda, todo lo contrario. Una actitud productiva es escucharlo, calmarlo, contener el momento de confusión y no oponer resistencia.

Suele ocurrir que transcurrido un rato el paciente recobre reconocimiento y vuelva todo a la normalidad.

En etapas avanzadas de la enfermedad puede que el desconocimiento de seres queridos sea irreversible. Es la situación más difícil de sobrellevar. Porque no solo hay que lidiar con sus arrebatos, sino, además, digerir el dolor que despierta esta experiencia.

Celeste, que cuida a su madre con enfermedad de Alzheimer en estadío moderado, enfrentó la situación diciéndole que es la chica que viene a cuidarla. Cada vez que miran fotos y la escucha decir: “esa es mi hija Celeste que se fue a vivir afuera y no vino más a verme”, se le llenan los ojos de lágrimas y le dan ganas de salir corriendo. Pero aprendió que es lo que hay, que discutiendo pierde el tiempo y, que en definitiva, quien está allí ya no es su madre, es la enfermedad que habla por ella.

El no reconocer a los seres queridos, un síntoma doloroso de la Enfermedad de Alzheimer.

Lic. Cecilia C. Ortiz / Neuropsicóloga / licceciortizm@gmail.com

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