La vulnerabilidad del papa Francisco
El Estado Islámico podría estar entre quienes amenazan la supervivencia del papa Francisco, líder de la iglesia católica y jefe del Estado Vaticano. Esta situación, que dio a conocer un diario italiano con el inicio de la semana, le agregó un punto más al nerviosismo existente entre los fieles que ya saben que Jorge Mario Bergoglio está encabezando una tarea anticorrupción que tiene respaldo, pero también víctimas poderosas en el seno de la curia romana. "Más enemigos y de todo tipo", puede ser un primer pensamiento cuando se lee la noticia que involucra nada menos que a la crueldad llevada hasta el extremo por los yihadistas.
Francisco no resulta un papa que pueda ser protegido en su integridad física con facilidad. Ya en dos oportunidades, por ejemplo, ha dicho en los últimos días que está dispuesto a ir personalmente a Irak a gestionar un freno a los que torturan y matan cristianos.
Pero no solo eso: a diferencia de Benedicto XVI y con mucha semejanza con Juan Pablo II, a Francisco le gusta el contacto directo con la gente. También lo necesita: ese "aire fresco" que llega en miles de personas hasta la Plaza de San Pedro para verlo, aunque sea de lejos, le sirve al argentino para abrir las ventanas del Vaticano y permitir que se ventile el hedor que han dejado muchos asuntos irresueltos a lo largo de décadas y que él empieza a tomar como desafío de cambio y transparencia.
Como Cristina Fernández de Kirchner, Bergoglio es argentino y jefe de Estado. Sin embargo, ingresar a sus oficinas resulta menos engorroso que hacerlo a la Casa Rosada. Ni hablar de sus residencias: a Olivos resulta casi imposibkle
Empezando por el sitio en donde cada uno duerme, en la residencia presidencial de Olivos resulta imposible filtrarse, salvo que lo permite la propia Presidenta o sus hijos. No es igual en la residencia de Santa Marta. Si bien el papa duerme en una zona aislada del resto, se trata de un hotel de categoría estándar con decenas de otras personas, desconocidas, que pasan por allí.
Cuando CFK formula algún anuncio en algunos de los salones de Balcarce 50 se emiten invitaciones especiales y para ingresar, hay que hacer colas de hasta dos horas en donde se reconfirma la información y los datos de quien ingresa. De hecho, toda persona que acceda al edificio de Plaza de Mayo pasa por un control de metales.
MDZ accedió a las oficinas papales de la Santa Sede. Eso no es igual en el Vaticano. A las oficinas internas se accede por la Porta Santa Anna, a la derecha de la fachada de la Basílica de San Pedro. Un gendarme aguarda la llegada de quien dijo ser invitado y revisa, en una lista de papel si es así. En las audiencias de los días miércoles esa tarea es realizada bajo supervisión directa, inclusive, del jefe de la Gendarmería Vaticana, Domenico Giani, conocido allí como "Shadow", la "sombra del papa".
Luego, serán los guardias suizos quienes acompañarán por los vericuetos de la pequeña urbe garantizando, con suma formalidad, como lo hacen en todo caso los granaderos en Casa Rosada, que nada se salga de madres.
Pero no hay controles de metales para acceder al Vaticano, salvo un par de accesos a la Plaza de San Pedro, en donde suelen estar, además del papa y sus colaboradores, arzobispos y cardenales, personalidades extranjeras. Sí hay un régimen de mayor seguridad en el acceso de autoridades de otros estados, en la puerta ubicada a la izquierda de la basílica. Pero, curiosamente, por ese mismo lugar accede y egresa el recolector de basura.
En todo el trayecto que hay entre la Porta Santa Anna y las oficinas papales el control es humano, tradicional y con suma confianza en las llamadas telefónicas para saber si alguien espera a quien se anuncia y un tarjetón que, inclusive, está escrito a máquina. Es probable que haya cámaras, pero cuando se trata de la seguridad del papa, su eficiencia puede resultar ex post, vale decir, cuando ya lo peor haya pasado y para identificar a participantes.
Francisco, sale a la plaza los miércoles, en la Audiencia General y si alguna circunstancia lo impide al aire libre, se realiza en un inmenso salón, el Aula Paulo Sexto. En ambos sitios, el contacto directo con gente que no fue requisada es directo.
No ocurre lo mismo, en comparación, con el contacto televisado de la Presidenta argentina con quienes la vitorean en los dos patios de la Casa Rosada: todos son invitados especiales, no son más de dos mil y nadie entra sin haber pasado por los detectores de metales, por lo que deben pasar varias horas haciendo colas.
El recorrido de MDZ por el interior de la misteriosa ciudad Estado que gobierna el argentino Bergoglio:
Detalle de una invitación formal a la Audiencia Papal, con la que se sortean los accesos reservados, aunque sin controles mayores.
Detrás de las columnatas, un estacionamiento de motos y un pasadizo hasta las oficinas. Un guardia suizo oficia de guía.
Miles de personas acuden los días miércoles a saludar al papa y muchos logran un contacto directo y sin demasiados controles.
Un guardia suizo efectúa un simple control manual de ingreso al palacio en donde funcionan las oficinas papales, en el interior del Vaticano.
Sacerdotes y funcionarios de la planta permanente del Vaticano transitan por las calles internas, detrás de la fachada de San Pedro.
El correo entra y sale por la Porta Santa Anna, el principal acceso a la "ciudadela" y a sus principales servicios internos.
El patio interior desde el que se accede a las principales oficinas papales incluye un diminuto destacamento de bomberos.
El papa Francisco saluda a decenas de personas con más tiempo que el saludo general de la Audiencia Papal. Son los invitados. No hay demasiados controles, salvo la invitación. Cuando el pontífice se dispone a saludar a sus visitantes, la guardia suiza se retira y acompaña al papa el jefe de la Gendarmería, personalmente.
Por la puerta por donde ingresan las personalidades extranjeras, también lo hace el recolector de la basura.
Un simple control en las galerías externas del Vaticano.











