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Lachinoamérica: ¿cambio de dependencia u objetivo estratégico?

¿Qué es China? El avance del gigante asiático a fuerza de billetera, causa optimismo en América Latina, pero también dudas. Hagamos preguntas.
Foto: Casa Rosada
Foto: Casa Rosada

El 8/8/08 a las 8.08. Ese día y a esa hora fueron inauguradas los Juegos Olímpicos de Beiging y, con ellos, se desplegó un aparato propagandístico capaz de ser reconocido hasta por el más complicado de los lenguajes. Fueron 2 mil millones las personas que vieron cómo China pudo igualar o superar la capacidad de generar un show mediático de los Estados Unidos y algo más: cómo superó a la hasta ahora "superpotencia" occidental en el medallero.

Fue allí cuando China se mostró sin disidencias, sin muertes, sin hambre, sin fisuras políticas, sin necesidades económicas. Su mejor día en las relaciones públicas internacionales. 

Y una capacidad de encanto que resulta difícil de ser superada en un mundo que busca ayuda, no importa de parte de quién, no importa -y eso es lo peor- a qué costos.

Así lo observaron dos periodistas acreditados en China de cuyo trabajo ya hablamos en MDZ y volveremos a hacerlo en esta nota: Juan Pablo Cardenal y Heriberto Araújo, autores de “La silenciosa conquista china”.

Ese fue el inicio de un plan de expansión que posiblemente pasó inadvertido a nivel particular, interesados como estamos en este costado del planeta, “el fin del mundo”, como dijo Jorge Bergoglio al ser anunciado como papa Francisco, en resolver los problemas de presente. Y poco más que eso.

¿Es diferente deberle dinero a China que a Estados Unidos o a algún ente internacional de crédito? 

No es usual empezar un artículo con una pregunta, pero la idea es generar más inquietud (que permite discutir, indagar, dudar sanamente del estado de cosas) que certezas (muchas veces fundadas en un entusiasmo interesado, pero efímero; con una carga subjetiva y puntual).

Latinoamérica vivió una década de identidad propia. Las condiciones económicas internacionales le dieron una oportunidad. Con su propia personalidad intentó ponerse de pie y ensayó, probablemente en forma tardía, algunas formas de asociativismo que le dieran cuerpo de bloque. Algunos creen que con eso le alcanzó. Otros, que el proceso se quedó en el punto de las convergencias y/o divergencias ideológicas y poco más.

La década terminó y en un balance de lo sucedido hay saldos positivos, como avances en materia de lucha contra el analfabetismo, ciertos índices de desarrollo, mejoramiento general de las condiciones sociales. Pero también hay un balance negativo: solo algunos países supieron montarse a la ola y dominarla. Otros, cayeron en la intentona. Y el asunto resultante es cómo sostener lo conseguido o continuar lo iniciado en materia de construcción de un bloque propio cuando las ventajas que le alcanzaban al conjunto, en un momento, hoy solo siguen vigentes para los países que “hicieron la tarea”, y nada más.

¿Qué es Latinoamérica en el mundo? Alguna vez, en diálogo con MDZ, el politólogo marxista Atilio Borón fundamentó por qué la rebeldía latinoamericana contra la hegemonía estadounidense. “En un discurso del presidente William Taft en 1912 dijo: ´No está lejano el día en que la bandera de los estados Unidos flameen en Alaska, Panamá y en el Polo Sur´. Claramente el proyecto americano es la integración de toda esta amplia región al sur del Río Bravo como un satélite completamente controlado, por razones de los recursos naturales, de los mercados que tenemos, con más de 500 millones de personas con una capacidad de consumo que se puede ir elevando y por razones militares, porque la doctrina militar americana concibe a América como una gran isla que va desde Alaska hasta Tierra del Fuego, separada de la masa euroasiática que es en donde están los rivales de los Estados Unidos”.

De hecho, el subcontinente ha funcionado como “su patio trasero” o sus “aliados de Occidente”, según los ojos que miren el fenómeno. Solo el impulso chavista hizo revisar esa realidad y, para ello, buscó de dónde aferrarse para cobrar fuerzas: de los países árabes, de Rusia, de China. Ni siquiera Brasil fue tan lejos, y construyó su realidad en la posibilidad de ser ellos el eje de Latinoamérica y reservarse el derecho de negociar multilateralmente.

La inercia de la década, sin embargo, nos dejó sin aire. Y hay que salir a comprarlo o alquilarlo, en todo caso.

Nuevamente aparecen las opciones: ¿seguimos siendo parte del Occidente cultural y económico? ¿O probamos con nuevas dependencias?

Sí, dependencias. Porque hablar hoy en día de “las inversiones” de China y de Rusia merece, por lo menos, una discusión. ¿Son “inversiones” las que se consolidan o vienen a por el mercado? ¿Son esos países un mercado potencial para nuestros productos básicos o industrializados, como lo eran hace 30 años atrás? ¿O todo ello, nuestra producción por ejemplo, es la garantía por cobrar de sus préstamos multimillonarios para sostener la economía, el empleo, el déficit energético?

Si ponemos en “mute” al televisor mientras los mandatarios anfitriones y visitantes pronuncian sus discursos, más bien parece que nos sometemos a nuevas dependencias que a verdaderas relaciones de pares que negocian en igualdad de condiciones o, al menos, reconociendo la desigualdad (si no, ¿por qué habrían de acercarse?), el respeto mutuo de naciones.

Rusia es un imperio y China, una cultura. Difícil jugar con ellos al juego de los “países” cuando sus términos son otros.

Las cifras que alientan el avance chino sobre nuestros países indican que en el año 2000, el comercio entre China y América Latina era de US$ 12.000 millones, mientras que el año pasado llegó a US$ 261.000 millones

Con un ritmo así se calcula (lo hacen los propios chinos) que en 15 años podría superar como socio comercial de la región a los EEUU. China resulta clave, pero hay que discutir, todavía para qué y a qué costos.

El 15 y 16 de julio el presidente Xi Jimping y gran parte de su gabinete desembarcó en Brasil para la cumbre de los BRICS. El 17 se reunió con los países de Celac, el bloque que intenta construir Latinoamérica y el Caribe. El 18 se reunión con Cristina Kirchner en Buenos Aires y firmó acuerdos y se acordó el financiamiento para la construcción de represas en Santa Cruz, por más de 4.400 millones de dólares, desde sus bancos. Otros 2.200 millones quedaron comprometidos para remodelar el tren Belgrano Cargas. Y entre el 19 y el 23, Xi cerró acuerdos con Venezuela y Cuba.

Algunos datos de la relación entre nuestros países indican que cada vez tenemos más que ver con China:

- El año pasado, el intercambio entre Argentina y China superó los US$ 16.000 millones, un monto 2.400 veces mayor al de 1950.

- En 2013, el intercambio comercial entre ambas naciones superó los US$ 83.000 millones.

- Desde 2007, China ha aportado a Venezuela de más de US$ 40.000 millones.

A qué costos: el cuco tiene ojos rasgados

Los críticos del avance chino, entre los que se encuentran partidarios de Occidente y del liderazgo estadounidense, pero también observadores más objetivos que éstos de sus mecanismos de expansión, más que aplaudir, alertan en torno a la presencia de China en Latinoamérica y lo hacen con los ojos puestos no sólo en el origen, su cultura, sus métodos y valores, sino en lo que está pasando en África.  

"En África China está haciendo simplemente lo que hicieron los colonizadores. Ellos quieren las materias primas para su crecimiento económico, igualmente que los colonizadores que iban a África y se apoderaban de sus recursos naturales, empobreciendo a la gente local (…). China es más grande y la tecnología mejoró… Es un desastre", dijo la reconocida naturalista francesa Jane Goodall a la agencia de noticias France-Presse, citada por Russia Today.

El camino hacia un mundo “chinocentrista”, al que se avanza con códigos que no comprendemos ni adaptamos en nuestro sistema de decodificación occidental, es una de las principales conclusiones de un trabajo minucioso preparado por dos periodistas españoles que viven en China, Juan Pablo Cardenal y Heriberto Araújo. El primero, residente en Hong Kong es corresponsal del diario El Economista. El coautor vive en Beijing y trabaja para la agencia Notimex. Su libro, editado en la Argentina bajo su sello Crítica, con una modesta tirada de 1.500 ejemplares, se llama "La silenciosa conquista china" y de él hablamos en MDZ hace un tiempo. Sus datos asustan, pero son propicios para un artículo que lo que pretende, hay que repetirlo, más que afirmar es generar preguntas.

Recorrieron 25 países relevando qué hace China en ellos y qué queda. Entre ellos, hay muchos latinoamericanos. La lista incluyó a Argentina, Venezuela, Cuba, Perú, Costa Rica, Ecuador, Sudáfrica, Zambia, Namibia, Angola, Mozambique, Egipto, Sudán, República Democrática del Congo, Tailandia, Camboya, Vietnam, Taiwán, Laos, Rusia, Turkmenistán, Myanmar, Kazajistán, India e Irán.

Dedicaron solo tres páginas a nuestro país (92, 93 y 94): El trabajo se enfoca en el poder comercial chino en la Argentina. Nada dice de las frustradas inversiones por más de 20 mil millones de dólares que conforman un acto fallido de la gestión de Néstor Kirchner y quedó en el olvido. Pero da cuenta de la mirada china sobre el comercio minorista en el país. Controlan el 30 por ciento del sector supermercados y compite de igual a igual con los gigantes Walmart y Carrefour. Emplean a 19 mil personas y facturan unos 50 mil millones de pesos. "La comunidad china de ultramar es como una gran logia", definió para los autores del libro Miguel Ángel Calvete, de la Casrech, la Cámara de Autoservicios y Supermercados de Propiedad de Residentes Chinos, constituida en 2004 y que tiene delegaciones en las Ciudades de Rosario, Mar del Plata, Córdoba, Bahía Blanca, Mendoza, San Miguel de Tucumán, Santa Fe y en la Ciudad de Paraná. Si volvieran a escribir, tendrían mucho más decir sobre los recientes acuerdos que nos comprometen en multimillonarios préstamos y por cuyos potenciales problemas deberemos acudir a la justicia de Inglaterra.

El miedo a poder perder lo que sabemos y tener que aprender algo nuevo está reflejado en el espíritu que une el trabajo de los autores. Hablan del “fin de una era” o de la “chinización” del mundo. Señalan que en donde los chinos han tomado el control, las prácticas sociales, de agremiación y control, la participación social y el disenso no son posibles. No lo son dentro de China ni tampoco en sus escuadrones que están en la faena de quedarse con el control de los más remotos sitios del globo. Dan cuenta de un sinnúmero de casos -principalmente registrados en África, en donde el gigante asiático avanza con mucho más vigor que en el resto del planeta- de violación de las cuestiones más elementales: desde los Derechos Humanos que fundaron el Occidente moderno, hasta las leyes nacionales, papeles que ni siquiera molestan a los emprendedores que avanzan cual hormigas en la selva.

Advierten Araújo y Cardenal en su libro: "...los expertos sitúan la transición de la hegemonía europea a la estadounidense en 1930, cuando estados Unidos se convirtió en el mayor prestamista del planeta y -como China hoy- en una superpotencia manufacturera (...) por lo tanto China vive hoy en una situación análoga a la de Estados Unidos en aquel período de entreguerras, esto es, en plena expansión industrial y haciendo gala de un músculo crediticio, ¿no estará el gigante asiático pisando sobre aquella misma traza para deshacer el actual statu quo y sentar las bases de un nuevo orden mundial?".

Tres cosas

Juan Pablo Cardenal, uno de los autores mencionados en esta nota, dialogó no hace mucho con Gabriel Salvia en un artículo que fue publicado por La Nación. Sucedió antes de las visitas, pero resulta interesante pasar en limpio la opinión del analista, para avivar la llama del debate. Dijo entonces, entre otras, estas tres frases dignas de ser subrayadas:

- China viene con el dinero bajo el brazo, tiene la demanda por los recursos naturales, tiene el mercado futuro más grande del mundo, vincula la extracción de recursos con la construcción de infraestructuras y concede préstamos. Por lo tanto, ¿qué gobierno quiere poner eso en riesgo sólo porque en una mina, por poner un ejemplo, las condiciones laborales no sean las mejores? Lo que China ofrece es una tajada a corto plazo, y por tanto, nadie le está exigiendo a China que añada valor a las economías receptoras, por ejemplo, invirtiendo en plantas de procesamiento de esos recursos. Ese cortoplacismo es un error estratégico que América latina está cometiendo.

- Si China invierte en América latina, genera flujos comerciales, crea empleo, exporta capital, construye infraestructuras; todo eso es innegable y produce efectos positivos. El problema viene cuando a esas inversiones añadimos las malas prácticas empresariales y los bajos estándares sociales, laborales y medioambientales. No olvidemos que China invierte en el extranjero con su propio modelo y mentalidad: malas condiciones laborales, impacto medioambiental, cero transparencia, corrupción, impacto social, acuerdos sólo con las elites.

- Los países occidentales, que durante décadas se dedicaron a dar lecciones al resto del mundo en cuanto a democracia y libertades, en cuanto perciben que China tiene que jugar un papel decisivo en su recuperación económica y en el futuro, están poniendo el tema de los derechos humanos en segundo plano. Es lamentable, pero es así: entre el dinero y los valores, manda el dinero; entre los derechos humanos y la economía, manda el dinero.

Podríamos jugar todo el día con un título para esta nota, como lo hizo en 2004 Página/12 ante la “inminencia” de los 20 mil millones de dólares de inversión china que nunca llegaron: “Argenchina”, tituló. “Lachinoamérica”, propusimos por aquí, ahora, aunque podría haber sido “Amércia la China” o “América, la china”. Y también, como aquel desproporcionado optimismo de hace una década se tornó un espejismo que pronto dejamos atrás de nuestra vista, podría suceder, a poco de avanzar en el tiempo, algo similar.

Pero mejor, hablar de los temas, debatirlos, informarnos y estar precavidos.