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Decepción não têm fin: sin Lula, Dilma no ganaría su reelección

El expresidente se transforma en su motor más seguro, en un Brasil que ya es un “decepcionado múltiple”. Corrupción y derrota.
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 "Si sacáramos a Lula de la ecuación, Dilma (Rousseff) ya estaría políticamente muerta", le dijo el analista político brasileño Paulo Rabello de Castro al argentino estadounidense Andrés Oppenheimer, columnista del Miami Herald, radicalmente enfrentado al pensamiento “bolivariano”. 

Sin embargo, más allá del pensamiento de los voceros “anti Dilma”, la realidad indica que Brasil, tras la derrota en el Mundial de Fútbold el que era el preferido, además de anfitrión, vive un momento de suma decepción. 

Tras la salida del campeonato, vuelven los debates sobre la realidad y allí es donde aparece la opinión de un 72 por ciento de los brasileños que están disconformes con la situación de su país, a pesar de que muchos de ellos sigan encantados por la figura del expresidente Luiz Inacio Da Silva, “Lula”. 

Lo que dejó el Mundial es, además de la primera gloria mundialista de un europeo en tierra americana en un campeonato de fútbol, unos 10 millones de personas que pasaron por los aeropuertos, pero, además, 11 mil millones de dólares en inversiones en infraestructura mundialista que poco conforman a los brasileños. 

Una autopista se derrumbó en Belo Horizonte, por ejemplo, mal hecha o mal terminada. Pero además, hubo estadios millonarios en el norte brasileño que fueron preparados para los entrenamientos, siguiendo con las exigencias de la FIFA, y que ni siquiera fueron usados.

¿Servirán para desarrollar deportivamente a los niños de Brasil? Probablemente, sí. Pero hoy lo que los brasileños reclaman es otro tipo de cosas. Por ejemplo, transporte a menor costo para los trabajadores de San Pablo y Rio de Janeiro y servicios sanitarios extendidos por todo el territorio, ya que el país debe “importar” médicos de Cuba y Argentina para poder brindar una asistencia “de campaña”, esporádica y no de la mejor calidad. 

Desde la izquierda se le factura a la mandataria, que también abreva en ese sector de la política, el oleaje de fondo en el país en el que quien celebra ya retorna a su Alemania.

El analista Francisco X. Ramírez Varela puntualizó sobre el Campeonato del Mundo y Brasil:

- La infraestructura se cae; esto representado en la misma ciudad de Belo Horizonte donde ocurre la tragedia futbolística, días antes ocurrió una tragedia de magnitud al caerse una recién construida autopista para mejorar el acceso a los estadios. Este hecho se suma a los más de 50 muertos ocurridos en la construcción y remodelación de los estadios, sin contar con la cantidad de obras inconclusas o sin sentido.  

- La tensión económica; un punto de unión en el discurso argumentativo de los movimientos sociales en Brasil, hace referencia al gasto billonario en el presente mundial, el cual no se condice con la magnitud de inversiones sociales, educativas o de salud dentro del país. Esto también se refleja en explosiva inflación y especulación de precios ante el incremento de movilidad social y turística entorno del evento, poniendo a la palestra las grandes desigualdades económicas y su dispar distribución. 

 - La pobreza oculta; en un país donde cerca del 10% de la población vive en favelas, o poblaciones urbanas excluidas y de gran riesgo social, esta realidad se trata de tapar de la mirada internacional atenta al mundial de futbol. Han sido miles los desplazados de sus lugares de habitación, estudio o trabajo, por la construcción y remodelación de estadios, a lo que se suma la ocupación “pacificadora” de las favelas, para mejorar y/o controlar la seguridad, lo que se ha transformado en una constante represión y coacción social en ellas; maquillando y limpiando la imagen pobreza del país.

- La movilización a la Copa; y no solamente referido a los movimientos sociales dichos anteriormente, sino que también es la crisis del trasporte brasileño, uno de los factores gatillantes en los mismos movimientos sociales. Desde el alza en los transportes, los bajos ingresos de los trabajadores del sector y la calidad de servicio, ha hecho movilizarse a las diferentes ciudades del Brasil en torno a sus propias problemáticas de transporte, ejemplo de ello el paro convocado por los trabajadores del metro en Sao Paulo. También se ha visto perjudicado el transporte en torno a las ciudades y locales donde se desarrolla la copa, donde un radio de “seguridad” de los estadios no deja circular vehículos en un radio de dos kilómetros, aumentando así el tráfico, colapsando estacionamientos y perjudicando el desplazamiento normal de los ciudadanos brasileños. 

- La tristeza de Dilma; ya a esta altura del partido Dilma manifiesta su tristeza por el resultado, pero también es un resultado futbolístico con matices políticos a futuro, ya que este sin duda, se puede reflejar en los resultados electorales de las próximas elecciones, poniendo en debate los problemas profundos de un Brasil, que han sido postergados por la pasión futbolera. 

Lo que viene

Los diarios argentinos se preguntan si Rousseff gritó el gol de Alemania junto a Merkel y el primer ministro, presentes en el Maracaná. Pero el meridiano de la política pasa por otro lado: el humor y las necesidades que se viven en Brasil.

La mandataria que acudirá a elecciones por su reelección, indican, se aferrará a la imagen de Lula y se mostrará como líder en la cumbre de los BRICS, los países en desarrollo que coquetean con el liderazgo de Rusia y mendigan inversiones de China o la India. 

Los diarios brasileños especulan, en tanto, que durante lo que resta de la campaña, propondrá una reforma política para enarbolarse como quien cambió la corrupción imperante y que salpican a decenas de funcionarios de quien, irónicamente, es su mayor soporte: Lula.