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Vivir, matar, morir: por qué y dónde se mata más

¿Qué pasa en el mundo mientras tratamos de pintar nuestra aldea? Lo que dice el nuevo informe de la ONU sobre asesinatos.
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Un factor común entre las víctimas de homicidio es que son mayoritariamente jóvenes. Una tendencia se afirma: quienes matan y quienes muere son jóvenes de entre 15 y 29 años. Le sigue en la lista los que tienen entre 30 y 44 años. Así lo indica el Informe Mundial sobre Homicidios de la ONU, recientemente publicado y que ofrece un sinnúmero de datos duros en torno a dónde se mata y por qué se sostiene la tasa de homicidios.

Cada año matan a cerca de medio millón de personas en el mundo bajo la categoría de “homicidio”, lo que es tomado por el informe como “casos en que una persona tiene la intención de matar a otra/s”. Del total mundial, 36% tienen como escena del crimen a Latinoamérica, el lugar más violento del mundo. Le sigue África, con 31% y Asia con 28%. Europa registra el 5% de los asesinatos y Oceanía el 0,3%.

Dicho de otro modo, la tasa de homicidios promedio en el mundo está en el 6,2 por 100.000 habitantes, pero en el sur de África y América Central se registraron más de cuatro veces ese número  (30 y 26 víctimas por cada 100.000 habitantes, respectivamente), la más alta del mundo.

Argentina con muertes impactantes

Sorpresiva (y en sin dudas, con un dato para la polémica) el informe de la ONU indica que Argentina, Uruguay y Chile tienen cifras de homicidios “similares de los que se registran en Europa”.Más adelante lo veremos en las claves que dio el experto chileno Pablo Bachelet al respecto, pero valga señalar que, aunque “no tantos”, digamos, lo que aquí ocurre es que los asesinatos son impactantes por diversos motivos latentes (y esto ya es análisis del autor de esta nota y no del informe de la ONU):

1-    El miedo. No se percibe una política preventiva en materia de seguridad y, además, se agrega al desorden y la dispersión en el manejo de las áreas específicas.

2-    El círculo vicioso. Se atiende el reclamo del que grita más fuerte y no se trabaja con diagnósticos y estadísticas reales. Se confía en “el olfato policial” y se desprecia el trabajo científico sostenido en el tiempo. En las áreas específicas, se presupuesta a granel, para el impacto “tribunero” o a los requerimientos corporativos y no de acuerdo a las necesidades reales.

3-    Anticiparse a los hechos. Si bien el homicidio es probablemente el delito que menos se pueda prevenir, las autoridades se quedan con el argumento como excusa para evitar la acción preventiva, que se puede y se debe hacer.

4-    Presos o libres. Si los que cometen los delitos no son atrapados, no son abordados por las instancias institucionales correctamente (de modo de que un tecnicismo no los beneficie), no son juzgados ni condenados; y si lo fueran, con tratamientos que los “especializan” en el delito dentro de las prisiones, el resultado será que toda la sociedad es un mercado para su negocio ilegal: el de robar y matar. Los niveles de impunidad generan una mayor proyección mediática de los casos: no se conocen las sentencias, se vive en una permanente discusión en torno a “qué hacer” y la sociedad asiste a un debate permanente al respecto de parte de quienes deberían, precisamente, tener bien en claro ese “qué hacer”. De acuerdo con el informe de referencia, la tasa mundial de condenados por homicidio intencional es de 43 condenas por cada 100 homicidios. Sin embargo, existen disparidades entre las regiones, con una tasa de condenas del 24% en las Américas, el 48% en Asia y 81% en Europa.

La lupa sobre el informe

Quiénes mueren. Si comenzamos a elevarnos para tomar una foto a vuelo de pájaro, miremos los datos de la zona del mundo que ocupamos y veremos que Sudamérica y Centroamérica multiplican por cuatro la tasa promedio global de asesinatos de personas de entre 15 y 29 años. El dato: se acusa a los jóvenes de ser los motores de la inseguridad, pero hay que anotar que también son las víctimas y actuar en consecuencia, en ambos sentidos.

Quiénes matan. Según el informe de la ONU, un 30% de los homicidios que se cometen en Sudamérica están vinculados a la delincuencia organizada. ¿Es poco? ¿Es mucho? La comparación necesaria es con Europa, Asia y Oceanía, en donde la tasa de ese tipo de crímenes es del 1%. El dato: resulta relevante que, al enfocar las políticas de seguridad, hay que saber abordar eficazmente a las bandas dedicadas a delinquir y que, con ese objetivo, matan.

Te conozco y te mato. En el mundo, un 14% de los homicidios se producen entre personas que se conocen. Esto equivale a señalar que personas que se tienen inquina por alguna razón, dentro del hogar o fuera, en los negocios o los vecinos, resuelven su problema matándose. El dato: el trabajo desde mecanismos de resolución alternativa de conflictos, acercando la posibilidad de respuesta a la sociedad y con mayor celeridad que los tiempos procesales de la justicia, es una apuesta que debe probarse. La violencia de género y dentro del hogar, un asunto que tiene que ir más allá de una política de promoción de derechos.

Las siete claves de por qué se mata y se muere

Pablo Bachelet es el “especialista principal en comunicaciones del BID”. Trabajó durante casi 20 años como periodista, enfocándose principalmente en temas corporativos y económicos. Según su biografía aportada por el BID (el Banco Interamericano de Desarrollo, para el que trabaja en la actualidad) escribió para varios medios desde Chile en los años 90, incluyendo el Financial Times y el Times of London, antes de sumarse como corresponsal jefe de Dow Jones Newswires en Santiago. Ahora, en el BID, Bachelet trabaja con temas relacionados con seguridad ciudadana, ciudades sostenibles, salvaguardias ambientales, medios sociales y prensa, entre otros.

Valga la extensa presentación para citar su trabajo en torno al informe de la ONU que permite auscultar en siete claves resumidas, cuáles son las razones de por qué se mata.

Bachelet identificó para América Latina los siguientes puntos principales:

1.     Tasa alta. La región de las Américas tiene la tasa de homicidio más alta del mundo: 16,3 por cada 100.000 habitantes. Esa tasa incluye Estados Unidos y Canadá. Sin estos dos países la tasa sería más alta aún.

2.     Argentina ¿como Europa? Diferencias dentro de América: Dentro de las Américas, hay divergencias importantes en las subregiones. Por ejemplo, en el caso de Sudamérica, las tasas de homicidios en Uruguay, Chile y Argentina “se acercan a las tasas más bajas de Europa”, mientras en el norte de la subregión las tasas se asemejan más a los de Centroamérica. Con pocas excepciones, las ciudades registran mayores tasas de homicidios que las zonas rurales.

3.     Impacto narco. El informe consigna que un 30% de los homicidios de las Américas están relacionadas con bandas o grupos criminales, frente a apenas el 1 por ciento en Asia. “Pero ojo con llegar a la fácil conclusión que eliminando el crimen organizado y el tráfico de drogas nos acerca a niveles de otras regiones del mundo”, dice Bachelet. La triste realidad es que las Américas han sufrido niveles de homicidios de entre 5 y 8 veces mayores que los niveles de violencia de Europa y Asia desde los años ´50, antes de la irrupción del fenómeno del narcotráfico.

4.     Lo dicho: los jóvenes matan y mueren. A nivel global un 79 por ciento de las víctimas y 95 por ciento de los asesinos son hombres. Un 43 por ciento de todas las víctimas corresponden a jóvenes de 15 a 29 años.

5.     Estabilidad en la tasa de homicidios interpersonales. Según el reporte de la ONU, “hay una tendencia regional y de género hacia las víctimas masculinas en homicidios vinculados a la delincuencia organizada y las pandillas, pero el homicidio interpersonal cometido por un compañero íntimo o un familiar está distribuido mucho más equitativamente de región a región y es notable que, en promedio, se encuentre estable a nivel global”.

6.     Con qué se mata. En las Américas, dos de cada tres homicidios son cometidos con armas de fuego, una proporción muy superior a la de cualquier otra región.

7.     Teléfono para la justicia: pocas condenas. En las Américas, por cada 100 homicidios, en 53 existen sospechosos y 24 terminan en condenas. Esto es más bajo que Asia (48 por ciento) y Europa (81 por ciento).

Con cifras, sin prejuicios por ellas y por su difusión, la ONU desde UNODC, su Oficina contra la Droga y el Delito es capaz de construir este mapa global. ¿Para qué sirve? Sencillamente, para actuar. Es un diagnóstico que puede complejizarse y desgranarse, pero fundametalmente, utilizarse como materia prima para iniciar una política de seguridad. Eso falta en las instancias locales: saber qué pasa para saber qué hacer.

Latinoamérica, objeto de análisis

Otro estudio sobre Latinoamérica, fue el realizado por el Programa de la ONU para el Desarrollo, el PNUD. De acuerdo con ese trabajo, se registran unos 100 mil asesinatos en la zona en la que vivimos cada año. Impactó con un dato que llegó a los títulos, sobre fines del año pasado, cuando fue difundido: "Uno de cada tres latinoamericanos han sido víctimas del delito". Pero en su corpus, para una reducción duradera de la inseguridad en la región, el Informe Regional de Desarrollo Humano (IDH) 2013-2014 recomendó "políticas orientadas hacia la mejora de la calidad de vida de la población, con prevención del delito y la violencia por medio de un crecimiento incluyente, instituciones de seguridad y justicia eficaces, además de medidas para estimular la convivencia social".

En este caso, el trabajo se enfocó en todo tipo de delitos y no solamente en los homicidios. Y aportó un elemento relevante que tiene que ver con la tensión entre confianza y desconfianza en quienes deben enfrentar el delito: los policías.

Elaboró un cuadro que demuestra la dimensión de la sospecha, país por país, de que sus uniformados están "del otro lado del mostrador":

Mejor economía, más delitos

El IDH fue titulado “Seguridad Ciudadana con rostro humano: diagnóstico y propuestas para América Latina” y reveló una paradoja: en la última década la región fue escenario de dos grandes expansiones, la económica pero también la delictiva. El dato: Pese a las mejoras sociales, la región sigue siendo la más desigual y la más insegura del mundo. Mientras los índices de homicidio disminuyen en otras regiones, el problema aumentó en América Latina, que registra más de 100 mil asesinatos cada año, llegando a superar un millón de asesinatos entre 2000-2010.

Homicidios "estabilizados. Este trabajo indicó que si bien la tasa de homicidios se estabilizó e incluso disminuyó en algunos países, todavía es alta: en 11 de los 18 países, la tasa es mayor a los 10 asesinatos por cada 100.000 habitantes, nivel considerado epidémico.

Esa "sensación". En todos los países analizados, la percepción de seguridad se ha deteriorado y el robo se triplicó en los últimos 25 años, convirtiéndose en el delito que más afecta a los latinoamericanos.

Tres recomendaciones después de leer el informe

Gema Santamaría es asesora principal del Informe Regional de Desarrollo Humano 2013-2014 del PNUD. Tras el largo proceso de recolección y demostración de los datos, brindó, además, su opinión en torno a qué se debe hacer con esos números en la mano.

Estos son sus tres puntos principales:

  1. Adoptar políticas diferenciadas para atender las distintas amenazas, reconociendo sus entrecruces. El Informe establece, por ejemplo, que mientras el delito callejero demanda el despliegue de vigilancia policial y patrullaje en puntos estratégicos –con base en información recabada previamente que permita identificar dónde se concentran estos delitos-, la delincuencia  organizada demanda un mayor trabajo de investigación e inteligencia, coordinación regional para identificar y controlar posibles redes transnacionales y, en casos de extrema violencia, asegurar la recuperación de territorios en aras de proteger a las víctimas. No obstante, como se dijo ya, estas amenazas pueden estar vinculadas en la práctica. En términos de política pública, esto significa atender de manera estratégica estas amenazas en aras de evitar que ciertos delitos adquieran un carácter más organizado o violento. Por ejemplo, impulsando programas después de la escuela y talleres de capacitación que permitan blindar a los jóvenes frente a la delincuencia organizada, o promoviendo programas de prevención que estén dirigidos a poblaciones en riesgo, tales como niños y niñas víctimas de la violencia intrafamiliar.
  1. Apostar por políticas integrales que fortalezcan las capacidades institucionales de los Estados.  Las políticas más efectivas en materia de seguridad ciudadana son aquellas que combinan estrategias para prevenir y controlar la presencia de estas amenazas en el corto plazo con transformaciones institucionales que permiten fortalecer las capacidades del Estado. Por ejemplo, la evidencia demuestra que mejorar la gestión de información sobre los delitos y adoptar tecnologías de información, como la construcción de bases de datos georreferenciados, permite optimizar la actuación policial. En el caso de delitos de alto impacto en la ciudadanía como las violaciones, los secuestros y las extorsiones es urgente mejorar los datos existentes con el fin de poder formular políticas adecuadas. De igual forma, promover una actuación policial cercana a las comunidades, mediante el modelo de policías comunitarias divididas por cuadrantes o unidades territoriales más pequeñas, resulta indispensable para fortalecer la confianza ciudadana y  asegurar la replicabilidad y sostenibilidad de las políticas de seguridad. En el caso de la violencia de género, la creación de comisarías de la mujer que permitan brindar atención especializada a las mujeres víctimas de la violencia ha arrojado resultados positivos.
  1. Formar alianzas con actores de la sociedad civil y las comunidades afectadas por la violencia.  El Informe establece que la seguridad ciudadana es un bien público y, como tal, su provisión es responsabilidad principal del Estado. No obstante, con base en las experiencias positivas que existen en la región, recomienda trabajar activamente en la formación de alianzas con la sociedad civil organizada y las comunidades locales. Esto promueve, por un lado, la apropiación de las políticas de seguridad por parte de las comunidades y la implementación de medidas que se adecuen a las necesidades y demandas locales. Permite además que las policías y las instituciones de seguridad competentes tengan acceso a información valiosa para detectar y prevenir distintas formas de delito. Finalmente, amplía el alcance de las políticas de seguridad del Estado pues éstas pueden valerse de los recursos institucionales y del conocimiento que poseen las propias comunidades con el fin llegar a un mayor número de personas.

Por qué pasa lo que pasa: las voces

Finalmente, un dossier con el acceso a los análisis formulados para el PNUD por un importante grupo de exprtos en materia de seguridad. Leerlos, comparar datos, análisis y opiniones, no soluciona los problemas pero permite darle profundidad a un debate en el que todavía, a pesar de su importancia y gravedad, seguimos abusando de la superficialidad y el efectismo de las frases hechas.

La política de seguridad ciudadana. Por Lucía Damert.

"La seguridad es un bien público distribuido de forma inequitativa. En un continente marcado por las desigualdades de todo tipo, la inseguridad contribuye a pintar un panorama aún más dramático. Los pobres y más vulnerables tienen mayores niveles de inseguridad en los barrios donde habitan". Clic aquí para leer su texto completo.

Siguiendo la evidencia para encontrar soluciones a la inseguridad. Por Claudia Gazol.

 "Cuando hablamos de evidencia nos referimos en gran parte a indicadores que podemos monitorear y evaluar. Aunque no se trata de cualquier tipo de indicadores, sino de aquellos enfocados en los problemas (impacto) y causas (efectos) de la inseguridad ciudadana". Su opinión, aquí.

Cuadra por cuadra, barrio por barrio: tomemos en cuenta lo micro. Por George Gray Molina.

"El espacio urbano de América Latina es un laboratorio para el mundo. Tenemos el nivel de urbanización más alto de países en vías de desarrollo –cerca del 80%– y sabemos que para el año 2050 alcanzara el 90%. Hoy,cerca de 111 millones de personas de las 590 millones de personas de la región vive en barrios jóvenes/favelas. Nuestros mayores retos de desarrollo se cristalizan en el barrio: la pobreza crónica, la malnutrición temprana, la violencia social y la violencia sexual". Clic para seguir leyendo esta opinión.

La inseguridad ciudadana: ¿Qué nos dicen quienes cometen los delitos? Por Marcelo Bergman. "En los últimos 10-15 años las autoridades en la mayoría de los países respondieron al crecimiento del delito endureciendo las penas, provocando una genuina explosión carcelaria. Los sistemas de Justicia Penal colapsaron sin poder salvaguardar genuinamente las garantías y el debido proceso legal de los ciudadanos, y los programas de rehabilitación en su mayoría fracasaron. Muchas cárceles son virtualmente gobernadas por pandillas donde la violencia y la crueldad son notables. Las consecuencias sociales más importantes de tales políticas tienen serias implicancias en el tejido social, en las familias, en el mundo del trabajo y en las posibilidades de construir un orden social legítimo y vibrante". Seguí leyendo desde aquí.