Narcos, corrupción y muerte: el "efecto México" en Latinoamérica
El asesinato de 43 estudiantes mexicanos, luego de ser secuestrados por policías y entregados a grupos irregulares del cártel Guerreros Unidos del narcotráfico, por el enojo de un alcalde y su esposa es la síntesis de una situación que viene afectando a México y otros países latinoamericanos, y que permite dimensionar la epidemia de violencia, corrupción y agotamiento de las instancias institucionales que se vive.
Luego de analizar e informar las circunstancias de lo sucedido en ese país y que conmueve al mundo entero, desde MDZ consultamos a expertos y referentes latinoamericanos en torno a la problemática.
La intención fue obtener una reflexión. Nos topamos con el temor a que la situación se expanda, si es que ya no lo ha hecho, por todo el continente.
Los puntos de vista para MDZ, aquí:

Daisy Tourné. Maestra y política uruguaya. Representante nacional por el Frente Amplio. Ex ministra del Interior.
El hecho de la desaparición y ahora asesinato de los 43 estudiantes en México es la trágica y cruel evidencia de la anomia en una sociedad dominada por el narcotráfico. El Estado no solo débil sino perforado por la corrupción en varios de sus estamentos - policías, políticos, etc - ha perdido todo poder. La ciudadanía está indefensa y no tiene en quien confiar, ni dónde demandar y recibir justicia.
Un portavoz de la sociedad civil organizada manifestaba que sólo podían confiar en ellos mismo: los ciudadanos. La mayoría de la población transita por una variedad de estados: la indignación, la desprotección y la conciencia de su vulnerabilidad, el miedo. La impunidad con la que cuentan los asesinos que incluso les permite reconocer su delito dejando a un Estado casi sin respuesta refuerza la vulnerabilidad de los ciudadanos.
Este es la situación ideal para el narcotráfico que hoy emerge absolutamente poderoso. Por supuesto, esto es resultado de un largo proceso de deterioro paulatino del Estado a fuerza de falta de transparencia, de grandes y pequeñas corrupciones, de omisiones y connivencias entre los delincuentes e integrantes del Estado, el desconocimiento de las instituciones, la inexistencia de controles.
El pronótico es incierto y complejo. Una siente que es menester una profunda limpieza y el restablecimiento de instituciones que cumplan y hagan cumplir los grandes consensos sociales. No sé si el sistema político está en condiciones de hacerse cargo de este desafío. Solo sé que el proceso también será largo y que como siempre la peor parte la lleva la gente humilde que trabaja día a día, que solo quiere vivir en paz, criar sus hijos y despertarse todas las mañanas sabiendo que están allí. Así de sencillo y hoy para muchos casi imposible.
Juan José Lima. Abogado boliviano. Presidente del Centro de Justicia y Participación, CEJIP. Miembro de CLAVE, la Coalición Latinoamericana para la Prevención de la Violencia Armada.
Una de las cosas que más me impresionaron de la prensa mexicana cuando conocí ese país fue como las muertes y despariciones no eran noticia, viniendo de un país en el que una muerte aún conmueve y causa revuelo esto era llamativo. Visto desde tan lejos me parece que tenían que morir (o desparecer) 43 jovenes para que la sociedad mexicana recobre su sensibilidad hacia la muerte.
Hemos visto cómo en Bolivia la novedad de los asesinatos en aparentes ajustes de cuentas han pasado a ser casi comunes y por lo tanto casi ignorados por la sociedad que va bajando sus estándares de admiración e indignación ante la muerte, nos mentimos diciendo que los muertos son extranjeros, o que son narcos (como si su vida valiese menos) o que simplemente esas cosas no suceden en nuestras zonas, las vemos lejanas aún.
La muerte de los 43 sorprende, indigna, pero en un continente como el latinoamericano no debería ser visto como un problema lejano. Deberíamos rezar por los 43 desaparecidos y por los periodistas muertos, los asesinados por sicarios, los sicarios asesinados, y tantos otros que mueren a diario en delitos vinculados con el narcotráfico.
Pensar en nuestros problemas locales no es restar importancia a la muerte de los 43 normalistas, debería ser ocasión de homenajearlos pensando en como andan nuestros gobiernos locales, nuestros empresarios o nuestros vecinos en su relación con el narcotráfico.
Luis Pedernera. Coordinador del Instituto de Estudios Legales y Sociales del Uruguay.
La desaparición de 43 estudiantes de Ayotzinapa nos ha golpeado y ha hecho incontenible la necesidad de expresar la solidaridad con el pueblo mexicano y con las familias que día a día viven la violencia tolerada y sostenida por la corrupción e impunidad. A miles de km -en Uruguay- la tragedia de los 43 estudiantes nos ha conmovido y en innumerables eventos que han surgido espontáneamente los uruguayos decimos no a la violencia criminal que vive el pueblo mexicano y exigimos investigar, perseguir y juzgar a los responsables. El dolor de las familias y los hermanos mexicanos es nuestro dolor y su lucha por saber que paso y castigar a los responsables es nuestra lucha.
Carlos Basombrío. Sociólogo, Analista político. Consultor e investigador en temas de seguridad ciudadana, defensa y relaciones civiles militares; así como en temas de derechos humanos y democracia, trabajando con diversas organizaciones en el Perú y el exterior. Ex viceministro del Interior.
Hay demasiados buenos análisis en la prensa internacional y mexicana sobre lo ocurrido con la masacre de los 43 estudiantes de Iguala como para tener algo nuevo que aportar. Creo que hay un consenso de que no es un hecho aislado, sino la manifestación más brutal y conocida hasta hoy de la realidad político, social y delincuencial, marcada por la presencia del narcotráfico, la corrupción de la política, la penetración criminal en el Estado y la cuasi absoluta impunidad.
Iguala nos conmueve a todos por lo monstruoso e irracional. También nos interpela.
Más todavía a países como el mío, el Perú, que sufrió cosas parecidas y que ven su futuro signos ominosos de repetición.
En el Perú ocurrieron muchos Igualas, de igual o mayor monstruosidad. Ocurrieron durante los años de la insurgencia brutal de Sendero Luminoso que perpetró las peores atrocidades, muchas de ellas incluso peores en su singularidad, a la que hoy nos conmueve; pero también, las hubo por la acción de unas Fuerzas Armadas que, en algunos casos, respondieron con métodos igualmente bárbaros. Algo de sanción ha habido, quizás no la suficiente y esos años siguen siendo en parte una herida abierta.
Estoy entre los que ven con inmensa preocupación, el deterioro de la política en el Perú, la penetración criminal en el Estado, nuevas formas impunes de crimen organizado y nos aterra ver en germen un futuro en donde Iguala sea posible de nuevo en nuestro país.
Por eso la búsqueda de la verdad, la sanción, la reparación y la reflexión nacional en México, para que esto no se repita, no sólo está en el interés de nuestros hermanos mexicanos, sino de todos los latinoamericanos.




