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Los tres dueños del socialismo de Chávez

No son dos sino tres quienes sucederán a Hugo Chávez en la lucha por el poder. Chávez bendijo a Maduro, pero el PSUV decidirá.

Nicolás Maduro representa a los militares que se cuadraron ante el liderazgo de Hugo Chávez y la alianza permanente con Cuba; Diosdado Cabello, a la militancia socialista y el nacionalismo venezolano, mientras que Francisco Arias Cárdenas, a los uniformados que iniciaron el movimiento chavista, en la primera aventura revolucionaria y en la fundación de la maquinaria electoral, el PSUV, Partido Socialista Unido de Venezuela.

Sucesores: Arias Cárdenas, Nicolás Maduro y Diosdado Cabello.

No representan lo mismo y la "unidad" que reclaman desde el púlpito no los alcanza: la reclama cada uno para consigo. Son los líderes del chavismo sin Chávez y, como sucedió tras la muerte de Juan Domingo Perón, quienes disputarán todo lo que haya por disputar hasta conseguir la continuidad en el poder.

El escenario inmediato es que el Tribunal Supremo de Justicia avance con lo obvio, lo que dice la Constitución Bolivariana peleada y conseguida (con inconvenientes, pero lograda al fin) por Chávez. Y dice que debe convocarse a nuevas elecciones y que debe producirse un interinato en la presidencia de quien ostenta el cargo político más importante de Venezuela después del Presidente, que no es el vicepresidente Maduro, sino el titular de la Asamblea, Diosdado Cabello.

Allí aparecerá el desplazamiento de Maduro, legal y constitucional, pero que probablemente genere el primer traspié en la sucesión del poder chavista.

Nadie desconoce que Cabello tiene vocación y ambición de poder y que hará todo lo que esté al alcance de su mano para conseguirlo. En este caso, le bastará con que se cumpla con la Carta Magna.

Pero eso no es todo. El tercero en disputa crece desde el pie. Francisco Arias Cárdenas construye poder desde la legitimidad de la historia mientras Maduro lo hace con la burocracia gubernamental de su lado y Cabello, con la gente en la calle.

Hoy murió Perón por segunda vez. Y los excluidos que logró incluir a costa de instaurar un modelo político no aceptado por todos, pero avalado por una gran mayoría no debería correr riesgo, salvo los que surjan desde sus propias contradicciones.