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Gracias a nota periodística, salvan la vida de una mujer

ElDiario.es publicó la historia de Manar, una mujer quemada por una bomba en Siria a quien España le negaba atención. Revirtieron la decisión.
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"Manar apenas puede moverse. Tiene quemado el 90% de su cuerpo, sufre terribles dolores que no le permiten descansar, ha perdido un párpado, tarda casi dos horas en tragar una miga de pan y la fuerte medicación le está destrozando el sistema digestivo". Así comenzó la nota del portal español ElDiario.es que contó la historia de una mujer siria a quien una bomba la afectó de por vida y que busca asilo en España.

El periodista Jesús Blanco de Avellaneda relató, desde Melilla, en donde la mujer permanecía bloqueada y sin atención de ninguna especie:

Tras ser operada de urgencia en Siria, Manar y su familia al completo huyeron al Líbano para ser tratada por un especialista. Allí volvió a pasar por quirófano, pero recibieron un trato racista y se negaron a atenderles debidamente, lo que propició su salida del país. Después de pasar varios meses en Egipto, donde Manar se sometió a siete operaciones más y su cuñada Samiha a otras cinco, y viendo que el estado de ambas seguía siendo crítico, decidieron intentar llegar a España pasando por la ruta del Magreb. Concretamente, su meta es llegar a Barcelona, donde Mohamed, otro hermano de Manar, vive y trabaja desde hace casi diez años.

Unas horas después de conocerse el caso por vía del mencionado medio digital, Manar recibió una reacción por parte de las autoridades españolas.

El mismo diario se encargó de confirmarlo: "A primera hora de la mañana, la Junta de Andalucía ofrecía su personal sanitario para tratar las dolencias de esta mujer de procedencia siria. La Defensora del Pueblo pedía a mediodía su inmediato traslado a la península. Ya por la tarde, el Ministerio del Interior daba luz verde al asilo político de Manar, según han confirmado a Europa Press fuentes del Gobierno. Su traslado a Barcelona, donde vive su padre, ya está en marcha".

Un caso de periodismo que sirve, sin dudas. Y que da pie, además, para señalar la situación de abandono y desatención que, a diario, sufren cientos sino miles de inmigrantes que llegan a las costas de Europa buscando que se les tienda una mano, muchas veces en vano.