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Chávez, más que un Fidel, ¿es un Perón?

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Mi primera vez en Caracas fue con Chávez como presidente y en una misión estrechamente vinculada con su Gobierno. El impacto fue grande. Sentí, en aquel momento, la sensación de que la vida me regalaba la oportunidad de vivir lo que la edad no me había permitido: una remake del 45 argentino.

Extremadamente polarizados a su favor y en su contra, los venezolanos vivían una fiesta de las ideas. Porque podemos quejarnos de las polarizaciones, pero cuando no llegan al punto de enfrentamientos, censuras y persecuciones, sirven para tener en claro qué ideas se tienen sobre las cosas cotidianas.

Caracas era una fiesta e imaginé que lo sería por mucho tiempo, en aquella comparación automática que me sugería que Chávez más que un Fidel, era un Perón.

Pasó el tiempo y se terminó la oportunidad del presidente caribeño ultraplebiscitado de compararse con el caudillo argentino: Perón en mucho menos tiempo y en condiciones similares de poder, recursos económicos y respaldo popular consiguió infinitamente más cosas para sus “descamisados” que Chávez para sus “encamisados rojos”.

El venezolano está por el año número 11 de su mandato y Venezuela, indudablemente, no ha diversificado su industria ni replanteado su campo; mucho menos, dignificar a los trabajadores. Perón lo hizo en menos de 7 años, tal vez en 9. Moviliza, se impone y gana. Pero Perón en mucho menos tiempo le dio la vuelta al país como a una media, estemos o no de acuerdo con él.

Agotados los tiempos que hubiesen permitido parangonarlos, queda en la superficie tan sólo una cuestión de estilos: el líder carismático y poderoso que hace y deshace; que conmueve para bien y también para mal. Amado y temido y, posiblemente, lo primero atado con lo segundo: la historia venezolana también fue cruel con su pueblo, dejándolo aparte de las grandes decisiones.

¿Por qué gana Chávez? Reforma y duplica la apuesta. Suma y resta con rapidez a acólitos y detractores, sin darle tiempo ni espacio suficiente a nadie como para hacerle sombra.
Hoy, cuando se dan los resultados de un nuevo plebiscito a su gestión surgen muchas preguntas. Si fuésemos venezolanos, ¿hubiéramos votado a Chávez? ¿Estaríamos en su contra? ¿Por qué? ¿Qué información manejaríamos de primera mano y cuál desde los medios para evaluar su gestión y decidir?

Indudablemente, las democracias cada vez se miden menos por la asistencia reiterada a las urnas por parte de la ciudadanía, y más por los resultados que ésta es capaz de imprimirle a la vida de los habitantes de un país.

Entonces, de nuevo situados aquí, ¿quién dice cuán bien o qué tan mal está nuestra democracia?