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El trasfondo del fallido “golpe blanco” contra Correa

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Pablo Guerrero es el nombre del ex abogado del coronel Lucio Gutiérrez que lideró a los policías que asaltaron la sede de la televisión pública de Ecuador. Sin embargo, no es el único indicio de que Gutiérrez detrás de la asonada policial que atacó y mantuvo cautivo al presidente Rafael Correa.

Anoche, antes de que se resolviera la situación, MDZ habló con el ex ministro de Energía y Minería, ex presidente del Congreso y de la Asamblea Constituyente de Ecuador, Alberto Acosta. Dijo que si bien no le constaba personalmente, todo el mundo imaginaba que Gutiérrez estaba detrás de la asonada.

Gutiérrez es un ex militar con currículum de golpista: fue el principal protagonista del golpe de Estado contra el ex presidente Abdalá Bucaram. Hoy, sin embargo, cumplió con lo que indica el manual y salió a la prensa a desmentir “categóricamente” su participación en la asonada.

El golpe contra no Correa –según lo indican los analistas ecuatorianos- no nació como tal sino que fue tornándose en boicot a la democracia con el paso del tiempo.

Acosta no se explicaba anoche qué hacía Correa hablándoles a un grupo de policías rebeldes que se quejaban porque les habían quitado un ítem de su sueldo lo que, en apariencia, parecía un reclamo menor.

Es evidente que el mandatario no contaba con información previa de que podría pasarle algo y que su presencia allí se debió a su impulso habitual por mediar en conflictos sociales personalmente, como refuerzo a su personalidad. No por nada las encuestas previas a los salvajes hechos de ayer le daban un 59 por ciento de aprobación en la población.

Una vez en el lugar, Correa los increpó: “¿Quién les ha pagado mejor que este gobierno?”. La respuesta reveladora provino de la muchedumbre: “¡Lucio!”. Fue allí cuando algunos de quienes acompañaban al mandatario y él mismo se dieron cuenta de que la protesta podía tomar otro color. Después, los ataques, las bombas lacrimógenas contra el Presidente y sus pocos acompañantes, el traslado al hospital instalado en medio del regimiento de policía más grande de Ecuador y su secuestro.

El golpe se enancó en la protesta; no fue a la inversa. Pero fue un intento de golpe al fin.

Gutiérrez “viene complotando desde hace rato”, nos dijo Acosta. Hoy el portal especializado Observador Global lo definió en las antípodas de Correa y como un artífice del antibolivarianismo en Latinoamérica. Dijo del ex mandatario golpista: “Sus pactos con empresarios conservadores y su posterior alineamiento con Washington provocaron la pérdida del sostén popular. Además, ante la falta de coordinación de las facciones que lo llevaron al poder, Gutiérrez estableció nuevas alianzas con partidos de derecha y siguió las políticas de ajuste del FMI”.

Ecuador acredita una larga historia de asonadas y desestabilización sólo frenadas en la “Era Correa”. Jamil Mahuad, AbdaláBucaram y hasta el propio Lucio Gutiérrez enfrentaron potentes alzamientos populares, que terminaron en su derrocamiento y hasta en el exilio.

Bucaram, “El loco”, fue derrocado el 5 de febrero de 1997, tras un estallido social.
Mahuad tuvo su turno el 21 de enero del 2000, luego de un movimiento impulsado por la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador con el apoyo de una parte de las Fuerzas Armadas entre quienes se encontraba como respaldo del Ejército a Lucio Gutiérrez. Pero fue precisamente Gutiérrez el último en caer, el 20 de abril del 2005.

“Correa tendrá que revisar su accionar”, se animó a decir en medio del problema su ex ministro clave, Acosta. Y se refería a sus actitudes “prepotentes” frente al Congreso, encuadrando, entre ellas, inclusive, a la decisión de avanzar sobre un ítem en los sueldos de los policías.

La de ayer fue una gran lección para todo el continente: máxima intolerancia a los golpes de Estado, para que no se repita la manía del “golpe blanco” que sacó credenciales en Honduras y que quiso repetirse en Ecuador.

Pero también lo será para la nación atribulada, en la medida en que ya conoce que detrás del más ínfimo tropiezo está la pierna de quien luego de lograr la caída de un gobierno legítimo, querrá pisotear la decisión popular.