Wanda Nara y la obsesión de una vida pasada por Photoshop

La mediática postea diariamente en sus redes sociales fotos con abundantes retoques digitales. La dicotomía de los cuerpos procesados con exceso de filtros, y el efecto rebote de las reglas del juego.

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Laureano Manson

Wanda Nara

Wanda Nara volvió con fuerza a los portales de noticias de espectáculos por el exceso de retoques digitales en algunas de las fotos que compartió en los últimos días a través de su cuenta en Instagram. Cultora de una especie de realidad paralela, a la mediática le resbalan los comentarios adversos de sus seguidores, quienes sistemáticamente estampan conceptos como "¿Por qué tanto Photoshop? No hay necesidad… ¿Qué querés mostrar? ¿Una persona que no sos? Es mirar la foto, mirarte al espejo y desear estar como la foto, ¡pero tenés 5 hijos flaca! Estás re bien, dejate de joder un poco… Y si querés estar así dejá de comer e internate en un gimnasio y listo… Sé realista, la foto no te va a devolver la misma imagen que vos ves en el espejo".

Recordemos que hace un tiempo, una agencia de fotos captó a la rubia en una serie de tomas "al natural" durante unas vacaciones en Ibiza junto a su marido, el futbolista Mauro Icardi. En esa oportunidad, frente al contundente contraste de la Wanda sin retoques ni filtros, y la que vemos tanto en las revistas como en su perfil de Instagram, varias mujeres de la escena del espectáculo compartieron eufóricos posteos con reflexiones sobre la insalubre obsesión por el cuerpo femenino sin marca o imperfección alguna.

Lo cierto es que a la hora de hacer una tapa de revista, o de compartir instantáneas cotidianas, hay algo que no es del todo espontáneo y natural, ni en el caso de las figuras públicas; ni de casi cualquier habitante del mundo de las redes.

No se trata de un tema generacional ni de género. La rápida búsqueda de algún filtro que tenga por fin dar con una suerte de versión mejorada de ese retrato "casual", corre tanto para mujeres como para hombres de cualquier edad. Todos estamos de alguna manera envueltos en una dicotomía estética. Nos reímos del exceso de Phothoshop de las estrellas, pero también practicamos, con menor o mayor alevosía, el culto al retoque digital.

Con respecto a Wanda Nara específicamente, la imagen mediática que ella se ha encargado de diseñar baraja unas cartas que le han sido eternamente eficaces: narcisismo, frivolidad y ostentación. A esta altura, el debate entre el grado de veracidad de las fotos que ella difunde y la fulminante respuesta de varios de sus seguidores, se ha transformado en el condimento clave de un banquete que por más de que se repita hasta el hartazgo, sigue encontrando una multitud de comensales dispuestos a sumarse a la mesa de un festín que ofrece siempre el mismo menú.

Más allá de la polémica alrededor de la obsesión por la perfección estética, Nara ha labrado a lo largo de más de una década, un juego tan suculento en términos mediáticos como vacío en su nivel de lectura. Son válidas las posturas que cada cual quiera adoptar frente a este entuerto. Pero tanto para beneficio como para reprobación, el mundo Wanda siempre será evaluado desde las reglas del juego que ella misma se ha encargado de trazar.

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En el paraíso 🙌🏻 working

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Buenas Noches 💤🌙 #shooting

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