Presenta:

Pocho Sosa y una significativa coincidencia a metros de la Legislatura, el lugar donde Mendoza despide a su gran cantor

Mientras los mendocinos brindan su adiós a Pocho Sosa, parte de su legado conecta con una era en la que el público local estaba muy cerca de sus artistas.

Pocho Sosa, un artista mendocino que deja un legado esencial. Foto: Instagram @pochososaok.

Pocho Sosa, un artista mendocino que deja un legado esencial. Foto: Instagram @pochososaok.

En medio de la tristeza que invade a nuestra provincia por la muerte de Carlos Alberto "Pocho" Sosa, pilar fundamental en la difusión de la canción cuyana, un dato muy particular une a su legado con el lugar elegido para su despedida, la Honorable Legislatura de Mendoza.

Defensor a ultranza de la tonada y heredero del Movimiento del Nuevo Cancionero, Pocho Sosa no sólo formó una gran alianza creativa en la que como intérprete le dio un brillo particular a icónicas creaciones del letrista Jorge Sosa y el músico Damián Sánchez, sino que también junto a unos amigos fue impulsor de un espacio que resultó clave para la escena cultural mendocina.

Pocho Sosa y parte de su legado, a metros de la Legislatura de Mendoza

Después de todo le que he pasado con mi salud, volver a MI CASA, TEATRO INDEPENDENCIA es Para d
Pocho Sosa, un artista mendocino que deja un legado esencial.

Pocho Sosa, un artista mendocino que deja un legado esencial.

Estamos hablando de café Florentino, un local ubicado justamente frente a la Legislatura de Mendoza, lugar en el que hoy la provincia despide a su inigualable cantor al que también le gustaba autodefinirse como guitarrero.

En el subsuelo del Florentino, se daba una alquimia especial en los espectáculos en los que Pocho Sosa lucía su talento en un tridente que integraba junto a su socio artístico Jorge Sosa y Héctor Fernández Leal, precursor del café concert en Mendoza y talentosísimo artista fallecido en 2001 a los 53 años casi en el olvido y sin recibir los honores que merecía.

Cada noche que había función, más de un centenar de personas colmaba ese recordado subsuelo del café Florentino, con experiencias que se completaban con Cacho Morales y su piano en la planta baja del local fundado en calle Sarmiento, antes de la transformación de esta arteria en peatonal.

En aquellos años '80 y en gran parte de la década siguiente, era habitual que bares y cafés frecuentemente montados a puro motor de sociedades entre artistas e inversores, se convirtieran en refugios de culto en los que el público podía seguir el paso a paso de sus músicos y actores predilectos. En tal sentido, el adiós a Pocho Sosa conecta con una tradición que sería muy saludable recuperar, justo en un momento en que escasean los espacios culturales por fuera de las salas institucionales en nuestra provincia, y mientras un nutrido número de creadores espera con ansias contar con mayor diversidad de escenarios.