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Murió el Indio Solari y con él la última esperanza de volver a ver a Los Redondos

Los fanáticos imaginaron el regreso de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota. Las diferencias, el paso del tiempo y una historia marcada por silencios dejaron inconcluso el reencuentro, convertido para siempre en una ilusión colectiva.


Durante años, el rock nacional convivió con una certeza y una esperanza. La certeza era que Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota se había terminado. La esperanza, en cambio, era que algún día sus integrantes dejarían atrás diferencias, silencios y heridas para volver a compartir un escenario. Esa ilusión sobrevivió a los años, a los rumores y a las desmentidas. Sobrevivió incluso a la evidencia. Pero el reencuentro nunca llegó.

La historia de Los Redondos es también la historia de una ausencia. Desde su separación, a fines de 2001, cada declaración del Indio Solari o de Skay Beilinson fue examinada como si escondiera una pista. Cada aniversario importante alimentó especulaciones. Cada recital solista renovó el deseo de miles de seguidores que imaginaban una última función, una despedida definitiva, una noche capaz de reconciliar décadas de historia.

Pero quizás el verdadero final de Los Redondos no fue la separación. Fue la imposibilidad de volver. Y ahora para siempre, tras la muerte de Carlos Alberto Solari a los 77 años.

Porque el grupo trascendió la lógica habitual de las bandas de rock. No era solamente una suma de músicos. Era un fenómeno cultural, una identidad colectiva, una manera de entender la música y la pertenencia. Por eso la expectativa de un regreso nunca desapareció. Para varias generaciones de fanáticos, Los Redondos no podían terminar como cualquier otra banda.

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Sin embargo, el tiempo fue haciendo su trabajo. Los proyectos solistas tomaron caminos propios. Las diferencias personales se volvieron cada vez más profundas. Y la realidad terminó imponiéndose sobre la nostalgia. Lo que parecía una pausa se transformó en una distancia irreversible.

Paradójicamente, esa ausencia contribuyó a agrandar el mito. Nunca hubo una gira de regreso que pudiera decepcionar. Nunca existió una despedida empañada por la comparación con el pasado. Los Redondos quedaron congelados en la memoria colectiva, preservados en el momento exacto en que dejaron de existir.

Skay Beilinson actuará en el Arena Maipú.

Skay Beilinson.

Tal vez por eso el reencuentro que nunca fue generó fascinación. Porque representó una de las últimas grandes historias inconclusas del rock argentino. Una promesa suspendida en el tiempo. Un capítulo que millones imaginaron escrito de distintas maneras, pero que jamás llegó a concretarse.

Y quizás ahí residió su fuerza. Hay bandas que se reúnen para cerrar una historia. Los Redondos, en cambio, se transformaron en leyenda precisamente porque esa historia quedó abierta para siempre. El escenario esperado nunca apareció. Las luces jamás se encendieron. Pero la espera, contra toda lógica, terminó siendo parte fundamental del mito.

El reencuentro será en el cielo... si es que existe.