Luisana Lopilato reveló la excéntrica adquisición en el subsuelo de su mansión: "Juegan ahí"
En su paso por OLGA, la actriz habló a fondo sobre la crianza de sus hijos en Canadá y confesó cuál es la mega obra que tienen en su casa.
La actriz contó un "pequeño" lujo de su casa.
Archivo MDZInstalada desde hace varios años en el norte junto a Michael Bublé, Luisana Lopilato supo construir una vida de ensueño, pero nunca pierde la oportunidad de conectar con sus raíces. Durante una distendida entrevista en OLGA, la actriz dio detalles inéditos sobre la dinámica de sus hijos mayores, Noah y Elias. Además, blanqueó una excentricidad arquitectónica.
Mientras repasaban la exigente agenda de actividades de los chicos, que incluye desde fútbol y lacrosse hasta clases de piano, surgió la duda sobre los deportes invernales, típicos de la cultura canadiense. Fue entonces cuando Luisana soltó la bomba con total naturalidad: "Sí, pasa que yo tengo una cancha en mi casa. Entonces juegan al hockey sobre hielo".
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La confesión de Lopilato
Ante la incredulidad de la mesa, que no lograba asimilar el nivel de lujo de la propiedad, la actriz redobló la apuesta y detalló la magnitud de la obra: "El subsuelo es toda la cancha de hockey. Es abajo, y patinan y no sé qué, ya lo hacen ahí, juegan ahí".
Sin embargo, a pesar de codearse con el deporte nacional de Canadá desde la comodidad de su sótano, Lopilato dejó en claro que la identidad rioplatense corre por las venas de sus hijos. Al ser consultada sobre cómo se llevan con la "argentinidad", la ex Rebelde Way no dudó: "Mis hijos son re argentinos. De hecho, toda la gente que los ve, estando en Canadá, me dicen todo el tiempo 'ah, pero son re argentinos'. Y sí, hablan como argentinos, la gesticulación, todo".
Esta fuerte influencia local no solo es mérito de los constantes viajes de Luisana al país, sino de su círculo más íntimo. "Mi familia está muy presente. Mis hermanos, mi mamá, mi papá, viven mucho también en Canadá conmigo, me ayudan un montón", explicó. Y cerró con una anécdota que justifica a la perfección el bilingüismo de los pequeños: "Mi mamá y mi papá no hablan inglés, así que no hay otra manera. Aprenden todo lo bueno, que está buenísimo, y también todo lo malo, que está malísimo".