Benjamín Vicuña confesó una extraña obsesión por los hipopótamos y el motivo hundió a una expareja: "Peludos, pelados"
El actor se sentó en los sillones de Mario Pergolini y abrió su corazón como nunca antes. Por primera vez, mostró su amor por el animal de agua y contó con lujo de detalles el motivo.
Benjamín Vicuña pasó por "Otro día perdido" y mostró su faceta más humana. En los sillones de Mario Pergolini, y en una exhaustiva investigación, fue sorprendido con un peculiar regalo: un hipopótamo de peluche. Ante el obsequio y un evidente asombro, el actor empezó la entrevista con una confesión algo peculiar: su obsesión por dicho animal.
El sorpresivo regalo desató una ola de risas en el estudio, dando pie a que el actor chileno relatara cómo llegó a atesorar "cientos de hipopótamos" en lo que él mismo definió como un verdadero "imperio". Frente a la incredulidad del equipo, Vicuña reveló que todo comenzó en su adolescencia, entre los 14 y 15 años, motivado por un insólito detalle de su pareja de aquel entonces.
"Tenía como un aire al hipopótamo"
"Tuve una novia que tenía como un aire al hipopótamo", lanzó sin filtros, provocando el estallido de Pergolini. Rápidamente, el galán intentó suavizar la anécdota aclarando que no lo decía de forma despectiva, sino que la joven le despertaba "una ternura" y tenía "una cosita" que le recordaba al animal. "Era mi polola, entonces empecé a coleccionar. Uno, dos, tres... empecé a juntar", recordó sobre los inicios de este particular hobby.
-
Te puede interesar
La serie de poliamor con la China y Vicuña que rompe Disney+
La inocente costumbre escaló a niveles insospechados cuando la popularidad golpeó a su puerta. "Empecé a trabajar en teatro, en televisión, y un periodista lo supo. Entonces me iban a ver al teatro y me llevaban hipopótamos", detalló. La inmensa colección se nutrió tanto de los obsequios de sus fanáticos como de sus propios viajes por el mundo.
El actor relató que viajaba a destinos como Sudáfrica, Tailandia o Egipto y siempre regresaba con ejemplares "chicos, peludos, pelados". De hecho, sobre el animal real, admitió que el encanto se le apagó un poco al visitar Sudáfrica y descubrir que, en su hábitat natural, son una especie "peligrosísima".
Sin embargo, el fin de su colección de peluches no llegó por el peligro de la sabana africana, sino por una contundente escena de celos. "El problema es que esto termina mal, con un exterminio", anticipó el actor. El trágico desenlace para su museo personal ocurrió tiempo después, cuando una novia posterior descubrió la verdadera musa inspiradora detrás de los cientos de muñecos que adornaban su casa.
"Cuando se enteró de que el hipopótamo era de la otra, hubo un exterminio total. Desaparecieron todos", confesó divertido, cerrando la historia con el tierno dato de que, de aquel majestuoso imperio, hoy solo logró rescatar tres sobrevivientes que quedaron en manos de sus hijos.

