Espectáculo del Acto Central de la Vendimia: la hora del dislate
A lo largo de su extensa historia, el Acto Central de la Fiesta Nacional de la Vendimia que tradicionalmente se presenta en el Frank Romero Day, ha transitado entre cuatro caminos posibles en relación a la integración entre su dramaturgia y puesta en escena. Cuando la alquimia funciona, el espectáculo logra un equilibrado maridaje entre tales componentes esenciales, mientras que en otras ocasiones lo que sucede en el escenario no le hace justicia al guion, o viceversa, cuando el artista encargado de la dirección logra potenciar escénicamente un relato que resulta escuálido. La cuarta posibilidad, sin dudas la más fatal, irrumpe cuando texto y representación derivan en un irremediable dislate. En esta última vertiente se anota "Guardiana del vino eterno", el show que se presentó este sábado en nuestro legendario Teatro Griego.
-
Te puede interesar
Tribunas vacías: la extraña postal del Frank Romero Day en época de Vendimia
Con un punto de partida original, que pretende darle centralidad a una bodega en el andamiaje de la elaboración del vino, la historia escrita por Paula Rafaela Barbuzza, quien también se desempeña con mayor fortuna como coreógrafa de esta propuesta, presenta un puñado de personajes que no alcanzan a cobrar entidad, evolución ni potencia carismática alguna. Arrinconados por la desatinada puesta de Franco Emmanuel Agüero , los protagonistas de este cuento sin ton ni son, deambulan en medio de una marea de cuadros musicales que desfilan entre el automatismo y el desconcierto.
El relato combina alusiones a personajes emblemáticos como el agrónomo francés Michel Pouget, con otros de fantasía que representan a tres varietales, o bien a la "guardiana" del título del espectáculo. En todo momento, el desarrollo y la interacción entre estos protagonistas es tan errática, que más allá de la poética que se le intenta imprimir a la narración, todo desemboca en la más constante confusión.
-
Te puede interesar
Abel Pintos cerró la última noche de la Vendimia con un espectacular show
Si bien se agradece que este Acto Central no abuse de largas parrafadas de texto, la propuesta tampoco funciona en las arenas de un formato cercano al musical. Más allá de la gran labor de José Darío Maugeri al frente de un ensamble de decenas artistas que ejecutan sus instrumentos con innegable oficio, cada cuadro se diluye en la falta de ideas de puesta de Franco Agüero. Con una banda sonora que tiene el atractivo de un variopinto filmscore que incluye varias canciones, algunas de creación original, cada escena agota sus recursos escénicos en uno o dos minutos, mientras los temas musicales se extienden por el doble de ese tiempo.
Por ejemplo, en el clásico cuadro de la Virgen de la Carrodilla, un gran grupo de bailarines aparece con estructuras circulares, componiendo distintas figuras, pero sin el suficiente criterio plástico para que tal dispositivo se sostenga durante toda la escena. Lo mismo pasa con la insólita representación de la crisis vitivinícola de comienzos del siglo pasado en un festivo cuadro titulado "Hombres tomando vino", momento de jazz en el que un pelotón de artistas hace lo imposible por abarcar los minutos que dura la canción manipulando unos diarios de aquí para allá, y dejando en evidencia que más allá de la corrección coreográfica, si no hay progresión en la dramaturgia y en la puesta; no hay artificio que pueda salvar a la obra en su conjunto.
Además, en este Acto Central, Franco Agüero replica algunas de las falencias que tuvo en su debut de 2023 al frente del espectáculo de la Fiesta Nacional de la Vendimia, relacionadas con la organización del espacio escénico y la tendencia a trazar algunos cuadros en los que sectores del escenario, como la gran pasarela que rodea a las fuentes, lucen llamativamente despoblados de artistas. En contrapunto, hay un logrado trabajo en las imágenes que se proyectan en las pantallas de la puesta, con un atinado criterio del director audiovisual Sergio Sánchez.
Curiosamente, en una propuesta que no se caracteriza por lo disruptivo, Agüero descarta algunos cuadros de probada eficacia como el del tango, o la bocanada de frescura que viene aportando en los últimos años la presencia de un momento urbano, para optar cerca del final del show por un largo pastiche multicultural, con un pie puesto en Bollywood y otro en la más intoxicada escena de la película Xanadu.
Cuando llega la resolución de "Guardiana del vino eterno", el escenario del Frank Romero Day se colma de cientos de bailarines folklóricos que, a pura potencia del consabido "big malambo", aportan su infalible golpe de efecto. Como es sabido, ese arengador "happy end" siempre funciona, lo fallido aquí es que tal instante llega de la nada, a manera de parche que pretende generar la ilusión de que todo lo que vimos antes fue un buen espectáculo.