Maridaje mágico: Vendimia de Ciudad se lució con un musical redondo y encantador
En más de una oportunidad, los espectáculos de las vendimias departamentales han resultado más innovadores que las encorsetadas propuestas de numerosos actos centrales que vimos en el Frank Romero Day. Maridaje mágico, el redondo y encantador musical que se presentó este viernes en el Parque Cívico en el marco de la Vendimia de Ciudad, se convirtió en un logrado ejemplo de balance entre los ya codificados momentos de rigor, con otros tantos de una impronta más fresca y actual.
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Con dirección, guion y selección musical de la experimentada Laura Fuertes, el show jugó con claridad sus cartas desde los primeros minutos. Un musical narrado en clave de encantadora fábula naif que no traicionó ese espírutu durante su poco más de una hora de duración. En la médula del relato, un puñado de personajes que representan distintos varietales, se organizan una noche cuando termina la jornada en una vinería en la que están exhibidos, para escribir un libro sobre la trascendencia de la espirituosa bebida en la historia de la ciudad de Mendoza.
El malbec será el primero en tomar la pluma de la escritura, para luego ser sucedido por otros como el tempranillo o el cabernet; hasta llegar a llamativas apariciones de un rosé en versión drag queen, y una simpática lata que se ha convertido en el envase más joven desde el que se puede consumir vino prácticamente en cualquier lugar. Con una eficaz labor de los actores y las actrices encargados de llevar adelante la historia, sus intervenciones nunca se extendieron más de la cuenta, y aquí es clave el funcional texto de Fuertes, que prioriza los diálogos como breves puentes de introducción a los cuadros musicales, sin ahondar en ese empalagoso despliegue de metáforas que ha llevado a más de un guion vendimial al naufragio.
Con notable ritmo, criterio estético a la hora de generar climas lumínicos, y una meticulosa prolijidad en las entradas y salidas de escena de los 250 artistas que participaron en esta propuesta, Maridaje mágico se lució también con algunos pasajes en los que dio cátedra de autoconciencia del espectáculo de Vendimia como parte de la quintaesencia del kitsch mendocino. En este sentido, algunas escenas jugaron desde la puesta, el vestuario y las visuales; a dar rienda suelta a una juguetona y bienvenida estridencia.
Mención aparte merece la garra de quienes desplagaron todo tipo de danzas en el escenario, desde folclórica a tanguera, hasta contemporánea y urbana. Aquí además se lució el talento de Laura Fuertes como puestista, tanto en los cuadros en los que el escenario quedó repleto de bailarines, como en el rendidor momento en que cinco chicos birllaron con una secuencia de hip hop.
Por último y no menos importante, el destaque para los músicos y cantantes que aportaron un poderoso 80% de la banda sonora en vivo, y el elogio por una experiencia visual climática y teatral, que optó por evitar el recurso fácil de solucionar todo con pantallas, empleando apenas una en escena, y apostando por la incorporación de objetos orgánicos como decenas de barricas y cientos de botellas integradas al espacio.

