Gastón Recondo contó su traumática infancia: "Mi mamá me metió en el Umbanda a los 10 años"
Con aplomo suele opinar de diversas áreas de la vida, más allá de su expertise que es el fútbol. Gastón Recondo suele abordar temáticas de toda índole, así ha sorprendió al relatar una infancia tormentosa, como mínimo movilizante en lo emocional.
El periodista sacó a relucir un aspecto de su vida muy espinoso, que se vincula con la crianza y las dificultades que atravesaba su madre, que sumida en la desesperación se acercó al rito Umbanda y lo metió en ese universo cuando apenas transitaba por sus diez años.
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Esta revelación surgió de la decisión propia de Gastón y en el contexto de un posteo en Instagram para valorar sus años de cobijo en una iglesia del barrio de Flores. Para armar la cadena de hechos que lo convirtieron en feligrés de ese templo, Recondo empezó su publicación: “En mayo de 1983 la Justicia de Familia le dio mi tenencia a mi papá”.
Esa ruptura del matrimonio fue la clave para que su madre se inclinara por ese credo espiritual brasileño: “Ellos estaban separados desde hacía 7 años y yo llevaba más de un año sin verlo. La desesperación de mi mamá por ‘perder’ a su único hijo la llevó a hacer cualquier cosa. Entre ellas, se metió en el Umbanda”.
Respecto a esa participación durante su infancia, Gastón fue tajante al opinar con total sinceridad: “Y me metió a mí también. No tengo nada en contra de lo que cada uno elija como credo personal, simplemente no lo recomiendo para un niño de diez años”.
Envuelto en una honestidad absoluta, Recondo explicó el siguiente paso: “Ya en noviembre de 1984 mi papá decidió devolverle mi tenencia a mi mamá y comenzó un viaje inesperado para mí. Entrar a mi casa en Pasaje Timbó y ver que mi vieja había empeñado todo (cocina, heladera, TODO) salvo las camas, la mesa y las 4 sillas. Era imposible vivir en esas condiciones”.
Gastón Recondo reveló por qué su mamá lo metió en el Umbanda a los 10 años
Para luego especificar el hecho casual que lo entrelazó con la iglesias de Flores: “Volvía caminando a mi casa por Av Rivadavia y al pasar por la parroquia de Lourdes me dio por entrar. Me senté en un banco y me dispuse a rezar. Ni me acuerdo qué pedí, seguramente Paz”.