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Héctor Díaz: “Mi vida es un antes y un después del teatro”

El reconocido artista estrena Ahoradespués, obra ganadora del concurso CONTAR que estimula la presencia de dramaturgias argentinas en el circuito comercial de Buenos Aires. Antes, charló con MDZ.

A Héctor Díaz y Federico Ottone los une su pasión por el Club Atlético Boca Juniors. Por eso, cuando el productor teatral Sebastián Blutrach convocó al primero para dirigir Ahoradespués, él no dudó en llamar al segundo para que la protagonice. “Es una obra que solo la podría hacer un bostero”, reconoce Díaz en diálogo con MDZ.

Y aclara: “No es que la obra vaya de eso, pero hay una especie de contextualización inicial en una situación de cancha de fútbol y está muy reflejada La Bombonera. Los dos somos bastante fanáticos y no es un asunto menor. Cuando la leí pensé en él por esto y porque lo considero un gran actor”.

El espectáculo es la reconstrucción del vínculo de un hijo con su padre y lo escribió Guido Zappacosta. El año pasado, resultó ganador del concurso CONTAR, organizado por AADET (Asociación de Productores Teatrales), AAA (Asociación Argentina de Actores) y Argentores, que tiene como objetivo estimular la presencia de dramaturgias argentinas en el circuito comercial de Buenos Aires. “Es un material súper especial. Una obra muy linda, muy tierna y, también, muy dura. Tiene muchos, muchos componentes de alto voltaje emotivo y lúdico”, cuenta el director.

A Héctor Díaz y Federico Ottone los une su pasión por el Club Atlético Boca Juniors / Foto: Instagram

Pero Boca no es la única pasión de Díaz, también lo es el teatro, que llegó a su vida para cambiarlo todo. “Mi vida es un antes y un después del teatro. Fue una conexión tardía y medio casual con lo teatral. No estaba ni cerca. Estudiaba en la facultad, era bastante cinéfilo pero muy poco vinculado al teatro. Cuando tuve el atrevimiento de encararlo, la verdad que me dio vuelta como una media y me cambió aspectos notables de la vida, en todos los ámbitos… en lo social, en lo popular. Me hizo, siento, una persona mejor, no sé si decirlo así es muy reduccionista, pero, por lo menos, la vida se volvió mucho más colorida. Fue fundamental y fundacional, fue casi un nuevo nacimiento a los 27, 28 años… como si fuera como alguien que cambia la piel y encuentra debajo su verdadera piel”, señala.

- Tus primeros pasos en la actuación fueron con Pompeyo Audivert. ¿Por qué lo elegiste a él?
- Entre casual y no casual. No iba mucho al teatro y un año antes de arrancar con él había ido a ver una obra de teatro, que de hecho fue la primera obra de teatro que dirigió (Ricardo) Bartís, que era Postales Argentinas y la protagonizaba Pompeyo y María José Gabín, en el Teatro Payró, si no me equivoco. Había ido solo, una cosa que todavía me parece extraña. Y cuando al año siguiente resuelvo que tenía que probar esa experiencia y ver qué significaba, vi un anuncio de Pompeyo en Página 12 y por el nombre me acordé que era al que había visto en la obra. Tanto impacto me produjo lo que vi que por algo me quedó grabado… Algo de su impronta, de su presencia. Ese mismo día tuvimos una entrevista, pegamos buena onda y se produjeron unos años enormes para mí. Unos cinco o seis años de laburo con él, no solo en sus talleres sino que rápidamente me sumó a su equipo de trabajo, participé en sus primeras obras como director. Tengo los mejores recuerdos porque fue mi maestro total.

- ¿Actor, director o dramaturgo? ¿En qué rol te sentís más cómodo?
- Me parece que lo que me surge más fácil, que es un poco por el recorrido y casi que diría que por ejercicio gimnástico y repetición, es el trabajo de actor. Es mi territorio y donde me siento más cómodo. Todos tienen sus costados críticos, que eso también es lo interesante. En la actuación me siento dueño de ciertos instrumentos… aprendí a escuchar lo que me dicen los directores, a adaptarme a las diferentes miradas y tengo más entrenamiento. Me encanta dirigir, la verdad me gusta mucho, y me genera, como buen actor, mucha obsesión; quiero estar en cada detalle, porque es como si estuviera del otro lado y, entonces, me cuesta bajar el nivel de exigencia, pero los actores me lo agradecen. A pesar de que ya dirigí varias cosas, lo siento como una actividad en la que todavía tengo que estar muy atento, no tan relajado. Después, la escritura no la tengo tan transitada. Hay una obra mía que, por suerte, le ha ido súper, súper bien, y eso me ha dado ímpetu para seguir escribiendo, pero no he puesto a prueba a esas dos obras que han salido. Es una actividad hermosa. Javier Daulte siempre me ha guiado o acompañado en esos procesos, que son muy críticos. Es como escalar una montaña y, de repente, llegar hasta un lugar, darte cuenta de que habías tomado un mal camino y que tenés que bajar y volver a subir. Es una actividad preciosa, pero que hay que trabajar mucho; toda una vida para generar un cierto estado de confort escribiendo. Eso es emocionante y bastante demandante. Me encanta y me asusta escribir.

Héctor Díaz estrena Ahoradespués el martes 4 de junio en el Teatro Picadero / Foto: Gentileza prensa

- ¿Qué tan exigente sos en el resto de tus actividades?
- Creo que es una matriz mía que viene desde niño, entre un mandato o del lugar que uno viene ocupando, las formas que se van armando del ser. No reniego de eso. A veces, por el nivel de exigencia, puede estar uno en el límite de autoboicotearse; pero en algunos aspectos, puede ser bueno y saludable. Aprendí a amigarme con esa zona mía y pensar que tiene sus claroscuros. Tiene cosas buenas y cosas malas, ya no lo puedo cambiar (se ríe).

- La última, ¿cómo ves hoy al teatro y la concurrencia del público? 
- La verdad es que en estos últimos meses, un poco en las generales de la ley, que estamos sintiendo toda la sociedad y todos los rubros… el teatro participa de lo mismo. Está duro. El público ha bajado, respecto al año pasado, un 40 o 50% en asistencia. Ya el año pasado venía una baja un poco salvada por la venida multitudinaria de uruguayos, que también con la nueva situación económica ha apaciguado. Veo mucha oferta teatral, muchas cosas que son Titanics comerciales, que seguramente también invierten lo suyo. En general, el nivel del teatro en Argentina es alto, tenemos un público muy teatrero y muy exigente. Las propuestas están a una buena altura. Hay un montón de obras que funcionan, o unas pocas que funcionan muy bien, un montón de obras que funcionan bien, y muchas que quedan en el camino, aún siendo buenas propuestas. Con esto de que es una torta reducida y una oferta muy amplia. Estamos luchando, como todos.

Para agendar

Ahoradespués

Estreno. Desde el martes 4 de junio, y por solo ocho únicas funciones, a las 20, en el Teatro Picadero (Pasaje Enrique Santos Discépolo 1857, Buenos Aires). Entradas en Plateanet.