El secreto de Guillermo Francella para transformarse en Enrique El Antiguo
Talentoso, con multiplicidad de talentos y capacidad de transformación. Guillermo Francella se destaca en el universo artístico del país, por toda una carrera increíble, que continúa a pleno y con nuevos desafíos. Pero siempre quedará en el inconsciente colectivo su época de comediante.
Además de la camaleónica virtud que exhibe en el último tiempo, el actor supo brillar en proyectos vinculados con el humor, como el magistral ciclo Poné a Francella, que se emitió en Telefe durante el 2001 y 2002 y que dejó una gama enorme de clásicos.
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Dentro de los personajes, Guillermo provocó una fascinación con Enrique el antiguo, ese hombre que estaba atrapado en el pasado y que lucía en blanco y negro, como imposibilitado de aggionarse a los tiempos que corrían para continuar en los setenta.
La calidad visual generó asombro en esa época y siempre quedó la duda de la maquinaria técnica para conseguir que Francella se moviera en otro color respecto al resto de los actores. Hasta que su hija sacó a la luz la verdad, el método que utilizaban en el programa.
En su visita al streaming de Diego Leuco, Yoyi no escatimó ningún detalles. Todo surgió de la mano del conductor Diego Leuco: “Todavía sigo flasheando sobre cómo hacían a Enrique El Antiguo. Un personaje tremendo, técnicamente”.
Ante esa reflexión, la heredera de Francella sacudió todo al exclamar: “Sí, pero lo pintaban”. Esto provocó una reacción en masa y Leuco no pudo contener su sorpresa mayúscula al gritar totalmente emocionado y como producto de un sacudón: “¡Noooooo! No lo pintaban la cara. Era un efecto”.
Yuyo continuó con la narración del secreto: “Sí. Yo me acuerdo que sí lo pintaban”. Para buscar más indicaciones, más precisiones, la actriz confesó que abrió su celular y le escribió a su familia para tener otro tipo de testimonio: “¿A papá lo pintaban en Enrique, El Antiguo?”.
Así, se reveló el misterio: “No había croma y lo pintaban de azul”. Tras escuchar esa metodología compleja, muy artesanal y de gran factura, Muni Seligmann añadió una reflexión graciosa y con mucho sustento al vociferar: “¡Él era su propio croma! Me muero”.