Crítica

Heartstopper: Netflix acierta con una amable invitación a salir del clóset

Con una bienvenida atmósfera de ligereza, esta producción focaliza en la diversidad y el despertar del primer amor adolescente. Además de cumplir con un sensible entretenimiento, la serie reflexiona sobre la dignidad de poder mirar a los seres queridos liberando lo no dicho de las sombras.

Laureano Manson
Laureano Manson sábado, 30 de abril de 2022 · 16:17 hs
Heartstopper: Netflix acierta con una amable invitación a salir del clóset
Heartstopper: gran serie de Netflix con foco en la diversidad

El furor que está generando Heartstopper a pocos días de su estreno en Neftlix es absolutamente merecido por más de un motivo. La serie basada en la novela gráfica de Alice Oseman es una de esas producciones "feel good" que se disfrutan de principio a fin, pero también es una amable invitación a salir del clóset, enunciada desde un relato genuino que esquiva sensiblemente los bordes del sermón aleccionador.

En el centro de esta historia tenemos a Charlie, un adolescente que ha asumido su identidad gay y tiene un "crush" con Nick, un compañero de escuela que todavía está explorando su orientación. Pero además, hay otros focos de diversidad igualmente signficativos en la historia de amor entre dos chicas lesbianas, y en el incipiente romance entre una estudiante trans y un amigo hétero. A medida que avanzan los episodios, Hearstopper deja en claro que lo importante no son las etiquetas, sino lograr vivir plenamente, fuera de las culpas y los prejuicios que persisten en una actualidad que tanto se jacta de estar liberada.

A diferencia de otras series de impronta centennial, en donde asumir una identidad parece algo totalmente superado, u otras en las que el mundo queer aparece atravesado por un retorcido halo de drama, aquí sobrevuela una acertada atmósfera de ligereza. Se podrá decir que el componente hormonal está demasiado neutralizado en Heartstopper, dejando prácticamente fuera de la ecuación todo despliegue sexual, pero el verdadero meollo de esta ficción pasa por la cristalina manera con que logra retratar el universo de sensaciones de las historias de "primer amor". La cuidadosa mirada de Oseman como showrunner y la dirección de Euros Lynn (Black mirror, Doctro Who, Sherlock), confluyen en el tono exacto a la hora de plasmar el irrepetible despertar romántico adolescente, que se desliza durante los ocho capítulos de esta primera temporada, envolviendo a la platea entre la felicidad y la nostalgia.

Como plus, esta producción de Netflix cuenta con la presencia de la ganadora del Oscar Olivia Colman, interpretando a la madre de Nick, con discretas apariciones que no sofocan el clima de la serie. En cuanto a los antagonistas, si bien gravita por ahí el clásico rugbier homofóbico, también influye uno con perfil más oblicuo como Ben, el personaje que descarga todo su caudal de represión y negación a través del maltrato al protagonista, con quien mantiene un oculto romance al comienzo de la historia.

Más allá de cumplir con un noble y sensible entretenimiento, Heartstopper ilumina el momento de la salida del clóset, desde una premisa que no pasa por el imperativo del anuncio a la fuerza, sino en la dignidad de poder mirar a familia y amigos, sin la pesada mochila de aquello que se sabe y se calla entre las sombras.

 

 

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