Gonzalo Costa: “Soy género femenino y cuando lo entiendan moriré tranquila”
Su nombre es Gonzalo Costa y es género femenino. “El día que la gente entienda esa parte de mi vida, yo me puedo morir tranquila”, asegura en diálogo con MDZ Online y agrega: “Tienen un mambo con eso. El otro día escuchaba a Camila Sosa Villada, para mí una de las autoras trans más inteligentes que nació en el último siglo, y ella decía: ‘cuánta pregunta heterosexual queriendo entender nuestro mundo’. No lo van a entender nunca porque ni nosotras lo entendemos. No nos lo planteamos. Somos, vivimos, trabajamos, producimos…”.
Le dicen Costi, Costa, la Gonzalo o Constanza, como la bautizó cariñosamente Verónica Lozano, pero jamás La Costa. “No existe. Es la Legrand, la Gimenez, la Casán, la Streisand, la Minelli… Tenés que tener un recorrido muy importante para que te llamen ‘la’”, afirma mientras va camino a los estudios de Telefe ya maquillada y lista para salir al aire.
No descansa un segundo, de la radio a la tele y de la tele al teatro. Trabaja de lunes a lunes pero no se queja. “Freud decía que hay que amar, trabajar y producir. Entonces… amo, trabajo y produzco. No lo vivo como diciendo ‘no doy más’. Eso sí, no doy más y no tengo resto ni para ver a mis amigos. Este verano elegí hacer temporada en Mar del Plata para estar más cerca de ellos, para verlos, para disfrutar algo de la vida. Sino solo es trabajar”, reconoce.
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¿Y en el amor? Está soltera y no es algo que le preocupa. Cree que es “obsoleto” pensar que solamente se está bien si es al lado de alguien. Además, critica a los libros de autoayuda que venden la idea del alma gemela. “Cada uno debe elegir y buscar su camino. Sería hermoso si aparece un hombre que me guste y se enamore de mi. Sino, vamos a seguir viviendo. Nadie ha muerto de amor salvo ‘La niña de Guatemala’”, admite entre risas.
Desde muy chica supo que era una nena en un cuerpo de nene y lo naturalizó. Su papá le decía que “no debía ser un resentido”. En ese entonces, no lo entendía y hoy, lo puede ver bien clarito. La vida de Costa no fue fácil, como la de muchos, pero ella, lejos de quedarse en el papel de víctima, transmutó su dolor en humor. En A toda Costa, el espectáculo que presenta en La Feliz relata parte de su vida y cómo llegó a ser quien es. “Es, con alegría, la historia de esta cenicienta travesti. Cuento cosas espantosas pero riéndome; no son negadas, sino elaboradas, transmutadas, transformadas en armonía. Si no, no sirvió de nada. Si encima de que me fue mal, lo voy a seguir viviendo con dolor… no tiene sentido la vida”, expresa.
- A diferencia de mucha gente que sufrió mucho, vos elegís ver la vida desde el positivismo. ¿Cómo hiciste para pararte en ese lugar?
- Llorando y llorando años en el diván sintiéndome patito feo. Hasta que un día, descubrí que todos somos patitos feos y entendí que o te parís cisne o te parís cisne. Por eso odio las justificaciones. El otro es malo porque es malo, porque sino a cada persona a la que le pasó algo malo debería serlo. Mirá a Estela de Carlotto, debería serlo y es buena gente. O como los que dicen ‘pobre, de chico le pegaban’, a todos nos pasaba y eso no justifica que de grande seas violento. A mi me ayudó mucho leer teatro. En la actuación podés ser la más mala o buena del mundo y te sirve que esas cosas estén dentro tuyo. Todo está en cómo contás las cosas. A ver, podría estarte diciendo lo de mi papá desde el lugar del resentimiento y victimizarme porque me trataba de varón. Y si, él me trataba de varón, no le daba ni la cabeza, ni el corazón para más, y bue… ¿qué le vamos a hacer? Me quedo con lo bueno: me eligió, me dio su nombre, me regaló su amor, la música, la poesía… Sino, es una historia insoportable. No banalizo mis dolores, tuve una vida difícil y muchos otros también.
- Te considerás una mujer triunfadora, ¿cuáles son tus mayores logros?
- Como artista, vivir de lo que me gusta; y en lo personal, haberme podido construir y armar como tenía ganas, hasta con el pelo. Tengo muchas cosas para ser resentida, peleo mucho con esa parte mía y no serlo, es uno de mis mayores triunfos. Lucho contra mis partes oscuras para no caer en la tentación de ser mala. Ser mala gente es muy fácil, en cambio, ser buena gente en el mundo que vivimos, y más en nuestro medio, es más complicado.
- ¿Qué harías si tuvieras más tiempo libre?
- A mi dame un libro, un teatro, un gin tonic, un rico champagne y dejame reír, reír y reír. Soy muy alegre en mi vida. No soy como la historia del cómico que por fuera es muy gracioso y por dentro, en su alma, tiene mucho dolor. El que tengo es como el de cualquier ser humano. Soy muy arriba, me encanta divertirme. Este verano volví a trabajar en una disco y el otro día, al salir, terminé comiendo a las 7.30 de la mañana en una parrillada frente a los lobos marinos. Esa soy yo… Después, debo levantarme a las cinco para poder mantener mi vida, porque alguien tiene que pagar el banquete (risas). Me molesta cuando dicen que yo vivo más o menos bien gracias a los medios de comunicación. Cuando trabajaba en el under vivía regia y mi primer auto me lo compré volanteando en la peatonal de Mar del Plata.

- ¿Qué cambió al trabajar en los medios?
- Mi cabeza. Me sentí más querida, más aceptada. Dejé de ser tan combativa y empecé a serlo en lo que sí debía. Visibilicé palabras que nunca se dijeron. Soy la única persona en los medios de comunicación que está hablando de Tehuel. El 11 de marzo va a cumplirse un año desde que está desaparecido. Es un chico trans que desapareció por la inequidad e ineficacia del Estado, no del Gobierno. Al Estado no le importó encontrarlo, por eso permitieron lo que permitieron con ese nene. Es un desaparecido en democracia y nadie lo nombra. Es importante que se hable de esto. La fama me sirvió para nombrar cosas que nadie nombró, como esto de la identidad, sino las travestis caemos en el binario. Si es nene, es celeste, y si es nena, rosa. También puede ser trava y vestirse de amarillo…
- ¿Qué importancia le das a la mirada del otro?
- Mucha, eso es una cagada. No me condiciona pero, por ejemplo, el otro día en el teatro había un señor que no se río en toda la obra. Me pasé la función pensando en ese hombre que no sonreía y no vi a los otros 200 que sí lo estaban haciendo. Con esos fantasmas hay que luchar. Uno de los errores de mi trabajo es que lo hago para quienes me conocen, no lo hago para la gran masa, Eso es una deuda.
- ¿Qué otra deuda tenés?
- Me gustaría recibirme. Estoy estudiando comunicación y fue difícil todo el año pasado. Solo pude regularizar materias sin rendir finales. Para mí es importante porque sería la primera de la familia, de la estirpe de los Costa, en tener un título. Es una deuda mía, siento que es un título que me avala. ¿A qué? No lo sé, pero siento que lo tengo que hacer y me gustaría tener tiempo para poder estudiar.
Para agendar: últimas funciones
A toda costa
Hasta el martes 1 de marzo, a las 23 horas, en el Teatro Victoria (Rivadavia 2380, Mar del Plata). Las entradas se pueden conseguir en la boletería de la sala.


