Triste paradoja: en un año récord de taquilla, el cine argentino atraviesa un durísimo momento

Triste paradoja: en un año récord de taquilla, el cine argentino atraviesa un durísimo momento

Mientras un concentrado puñado de tanques de Hollywood amasa ventas millonarias en Argentina durante un año signado por la crisis y la recesión, las producciones nacionales tienen cada vez mayor dificultad para lograr una buena performance en el circuito de exhibición. El engranaje necesario para reactivar el consumo de nuestras películas que, en contra del latiguillo falaz que algunos se empeñan en repetir, ya ha encontrado la fervorosa adhesión del público.

Que el negocio cinematográfico sea capaz de pasar su momento de mayor esplendor comercial en medio de una coyuntura signada por una aguda crisis económica, es un fenómeno que se ha repetido en la historia de diferentes países. En Estados Unidos, el espectacular crecimiento industrial de Hollywood, acompañado por una abundante cantidad de películas que se transformaron en enormes hitos populares, estuvo superpuesto al famoso crack de la Bolsa en Nueva York en 1929, que generó una situación de colapso que sumergió a la nación en el oscuro período de la Gran Depresión. Casi un siglo después, en un contexto de crisis y recesión, Argentina conquista descomunales ventas de entradas en las salas de cine del país, aunque claro, solo una ínfima porción de los millones de tickets despachados corresponden a producciones nacionales.

Ninguna película argentina en el top 10 de la taquilla anual

En lo que va de 2019, Toy Story 4 lleva vendidas más de seis millones de entradas, y se ha convertido en el film más taquillero en la historia de los cines argentinos. Por otro lado, y también durante esta temporada, Avengers: Endgame merodea los cuatro millones de espectadores. Con estos números, no es descabellado pensar que esta temporada marcará un impactante récord. Sin embargo, hay que escarbar bastante en la tabla de títulos para encontrar alguna película argentina posicionada con un buen número de tickets.

Hasta el momento, la película de Juan José Campanella El cuento de las comadrejas, que en estos días puede verse en Mendoza en la Nave UNCuyo, lleva acumuladas 540.878 entradas desde que se estrenó a mediados del mes de mayo, y es la producción nacional más vista en las salas del país durante el año. Superar la barrera del medio millón de espectadores, dentro del contexto de una cartelera dominada por un concentrado puñado de tanques de Hollywood, es un logro rotundo para estos tiempos. Años atrás, el mismísimo Campanella había conquistado ventas millonarias con películas como Metegol o la ganadora del Oscar El secreto de sus ojos.

Por debajo de las expectativas esperadas, y también fuera del territorio del top 10, el director Mariano Cohn convocó a cerca de 350.000 personas con 4x4, una producción lanzada con una fuerte campaña publicitaria, y que quedó muy lejos de los números anteriormente alcanzados por la sociedad creativa que conforman Cohn y Gastón Duprat, a través de títulos como Mi obra maestra y El ciudadano ilustre.

Otro realizador que protagonizó un notorio desliz en la taquilla es Marcos Carnevale, quien hasta este domingo ha vendido 190.240 entradas con su comedia No soy tu mami, una cifra ínfima comparada con éxitos previos concebidos bajo su dirección como Corazón de león o Elsa y Fred.

¿Y la cuota de pantalla para proteger al cine argentino?

La normativa vigente que establece una cuota de pantalla para el cine argentino, y que tiene entre sus principales objetivos ampliar la oferta cinematográfica, la diversidad cultural y proteger la producción nacional, establece que las salas de cine de nuestro país deben proyectar al menos una película argentina en cada trimestre del año; dedicándole como mínimo la mitad de las funciones diarias durante la primera semana de exhibición.

Argentina cuenta con poco más de 900 pantallas. En la mayoría de los casos, cada sala ofrece más de un título en su grilla diaria. Pero como dato ilustrativo, podemos mencionar que El rey león actualmente está en 516 pantallas, mientras que Toy Story 4 ocupa otras 316. De las películas argentinas que están en el top 10 de esta semana, No soy tu mami, estrenada comercialmente hace un mes, está en el séptimo lugar con escuetas 36 pantallas. Mientras que El cuento de las comadrejas se ubica en el puesto número 9 con proyecciones en 13 salas del país.

Desde el INCAA (Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales) argumentan que el boom de entradas vendidas de tanques de Hollywood durante este año tiene una incidencia positiva en el fomento de producciones nacionales, ya que por ley está establecido que el 10% de lo recaudado se destina a subsidios cuyo objetivo es promover la actividad audiovisual de las diferentes regiones del país.

Más allá de que la cuota de pantalla no demuestra mayor control ni eficacia, y que diversos sectores vinculados con el quehacer cinematográfico han denunciado un recorte en los subsidios, lo que resulta a todas luces evidente en estos últimos quince años es la falta de una estrategia lúcida a nivel institucional para acompañar el posicionamiento de los productos audiovisuales de factoría nacional. Una gran porción de películas argentinas no tienen estreno en salas fuera de los límites de la Ciudad de Buenos Aires, y otras con suerte llegan a proyectarse con acotada difusión en circuitos alternativos o espacios culturales de diferentes puntos del país.

El falso latiguillo de que el público argentino rechaza el cine nacional

Si bien los escuetos números conquistados por el cine argentino durante este 2019 tienen un correlato en los altos costos necesarios para lograr una película de buena factura, y su consiguiente inversión publicitaria para un óptimo rendimiento en la taquilla, cuando el Estado acompaña con un plan que más allá del apadrinamiento dadivoso, tenga que ver con un gancho atractivo para la gran platea; queda en claro que el público adhiere con fervor.

La promoción Mes del cine argentino, que fue lanzada un tanto a las apuradas en agosto del año pasado, tuvo un contundente impacto en la venta de entradas de películas nacionales, que en esa ocasión se ofrecieron a mitad de precio de domingos a jueves desde el 19 de agosto hasta el 19 de septiembre. De esa manera, títulos como El Ángel, Mi obra maestra y El amor menos pensado; que ya venían recaudando muy bien antes de la mencionada promo, potenciaron su convocatoria.

Un gran porcentaje del público que asiste a las salas de cine en nuestro país, está dispuesto a pagar una entrada para ver una película argentina. En un contexto de crisis como el que estamos atravesando, es fundamental el compromiso institucional en medio de un mercado cada vez más descarnado y desigual.

Ni una producción independiente realizada con el esfuerzo de un equipo acotado, ni una propuesta de entretenimiento destinada al consumo masivo, pueden ser lanzadas a las fauces del circuito de exhibición sin amparo alguno. Todo país que se precie de valorar a su cine como un hecho cultural, comprende que es necesario acompañarlo, cuidarlo y protegerlo.

Cuando la alianza entre artistas, empresarios y políticos alcanza su estado de gracia; las butacas se pueblan y el aplauso se expande. Tanto en una coyuntura adversa como en una favorable, esta alquimia se conquista cuando funcionarios públicos asumen que la cultura no es un maxi kiosco, para que así hacedores puedan seguir con su tarea de capitalizar y actualizar los logros que nuestro cine viene conquistando desde hace al menos un par de décadas.

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